Vaticano

Encuentro del Papa con los artistas

El día 23 de junio de 2023 por la mañana, el Papa Francisco ha tenido una audiencia con artistas de diferentes partes del mundo. El encuentro se ha realizado con ocasión del 50 aniversario de la inauguración de la Colección de Arte Moderno y Contemporáneo de los Museos Vaticanos.

Loreto Rios·23 de junio de 2023·Tiempo de lectura: 5 minutos

Capilla Sixtina ©CC

La audiencia ha tenido lugar en la Capilla Sixtina, que ha albergado a unos 200 artistas: pintores, escultores, arquitectos, escritores, poetas, músicos, directores y actores. Entre ellos, se encontraban los escritores Javier Cercas (Premio Planeta 2019) y Cristina Morales, el artista Gonzalo Borondo y el guitarrista Amigo Girol.

La Iglesia y el arte

“Vuestra presencia me alegra, porque la Iglesia siempre ha tenido una relación con los artistas que puede describirse como natural y especial. Es una amistad natural, porque el artista se toma en serio la profundidad inagotable de la existencia, de la vida y del mundo, incluso en sus contradicciones y en sus lados trágicos. Esta profundidad corre el riesgo de volverse invisible a la mirada de muchos saberes especializados, que responden a necesidades inmediatas, pero que luchan por ver la vida como una realidad polifacética.

El artista nos recuerda a todos que la dimensión en la que nos movemos, aunque no seamos conscientes de ello, es la del Espíritu. Vuestro arte es como una vela que se llena del Espíritu y nos mantiene en movimiento. La amistad de la Iglesia con el arte es, por tanto, algo natural. Pero es también una amistad especial, sobre todo si pensamos en los muchos tramos de historia recorridos juntos, que pertenecen al patrimonio de todos, creyentes o no creyentes”, ha indicado el Papa en su discurso.

Francisco también ha señalado que esa relación que siempre ha habido entre la Iglesia y el arte tiene que existir también ahora en nuestro tiempo.

La creatividad del artista

“El artista es un niño -esto no debe sonar a insulto-; significa que se mueve ante todo en el espacio de la invención, de la novedad, de la creación, de traer al mundo algo que nunca se ha visto antes. Al hacerlo, desmiente la idea de que el hombre es un ser para la muerte. Es cierto que el hombre debe aceptar su mortalidad, pero no es un ser para la muerte, sino para la vida. Una gran pensadora como Hannah Arendt afirma que lo propio del ser humano es vivir para aportar novedad al mundo. Esta es la dimensión de fecundidad del hombre. Aportar novedad. Incluso en la fecundidad natural, cada hijo es una novedad”.

Esa misma creatividad natural también la viven los artistas, aportando su propia “originalidad”: “En vuestras obras siempre os introducís como seres irrepetibles que todos somos, pero con la intención de crear aún más. (…) sacáis a la luz lo inédito, enriquecéis el mundo con una nueva realidad. (…) La creatividad del artista parece así participar de la pasión generadora de Dios. Esa pasión con la que Dios creó. ¡Sois aliados del sueño de Dios! Sois ojos que miran y sueñan. No basta con mirar, también hay que soñar. (…) Los seres humanos anhelamos un mundo nuevo que no veremos plenamente con nuestros propios ojos. Pero lo anhelamos, lo buscamos, soñamos con él. Los artistas, pues, tenéis la capacidad de soñar nuevas versiones del mundo”.

Entre la realidad y el sueño

En este sentido, citando a Guardini, el Papa ha señalado que los artistas son un poco “profetas”. El arte va más allá de las apariencias y de la belleza falsa, de “maquillaje”, ya que actúa “como una conciencia crítica de la sociedad”. De este modo, “nos hace pensar”, “nos pone alerta”, revelando la realidad con “sus contradicciones, en sus aspectos que es más cómodo o conveniente mantener ocultos”. El arte, ha comentado el Papa, tiene la capacidad de confrontarnos con cosas que “a veces molestan, criticando los falsos mitos de hoy, los nuevos ídolos, los discursos triviales, las trampas del consumo, las artimañas del poder”. Por ello, los artistas tienen “la capacidad de ir más allá, en tensión entre la realidad y el sueño”.

Más adelante, el Papa ha establecido una relación entre el arte y la fe: “Una de las cosas que acercan el arte a la fe es que perturba un poco. El arte y la fe no pueden dejar las cosas como están: las cambian, las transforman, las conmueven. El arte nunca puede ser un anestésico; da paz, pero no duerme las conciencias, las mantiene despiertas. A menudo ustedes, los artistas, también intentan sondear los bajos fondos de la condición humana, los abismos, las partes oscuras. No somos solo luz, y vosotros nos lo recordáis; pero es necesario arrojar la luz de la esperanza en las tinieblas del ser humano, del individualismo y la indiferencia”.

El arte y la belleza

En este sentido, el Papa ha pedido a los artistas que nos ayuden a “vislumbrar la luz, la belleza que salva”.

Porque, como ha indicado Francisco, “el arte siempre ha estado ligado a la experiencia de la belleza. Simone Weil escribió: ‘La belleza seduce a la carne para obtener el permiso de pasar al alma’ (L’ombra e la grazia, Bolonia 2021, 193). El arte toca los sentidos para animar el espíritu y lo hace a través de la belleza, que es el reflejo de las cosas cuando son buenas, correctas, verdaderas. Es la señal de que algo tiene plenitud: es entonces cuando decimos espontáneamente: ‘¡Qué bello!’. La belleza nos hace sentir que la vida se orienta hacia la plenitud. En la verdadera belleza comenzamos así a sentir el anhelo de Dios. Muchos esperan que el arte vuelva más a la belleza”.

El Papa ha recordado que es cierto que hay un tipo de belleza que es falsa y artificial. “La verdadera belleza, de hecho, es un reflejo de la armonía. En teología -es interesante- los teólogos describen la paternidad de Dios, la filiación de Jesucristo, pero cuando se trata de describir al Espíritu Santo: el Espíritu es la armonía. Ipse harmonia est. El Espíritu es quien hace la armonía”.

La armonía del Espíritu

Francisco ha continuado diciendo que el artista también posee algo de ese Espíritu para crear armonía. “Armonía es cuando hay varias partes, diferentes entre sí, pero que componen una unidad, diferente de cada una de las partes y diferente de la suma de las partes. Es algo difícil, que solo el Espíritu puede hacer posible: que las diferencias no se conviertan en conflictos, sino en diversidades que se integran; y al mismo tiempo que la unidad no sea uniformidad, sino que acoja lo múltiple. La armonía obra estos milagros, como en Pentecostés”.

Esta armonía nace a veces, paradójicamente, de una conmoción: “Siempre me llama la atención pensar en el Espíritu Santo como el que permite que se produzcan las mayores perturbaciones -pensemos en la mañana de Pentecostés- y luego hace la armonía. Que no es equilibrio, no, para hacer armonía se necesita primero desequilibrio; la armonía es una cosa diferente del equilibrio”. Este mensaje, ha continuado el Papa, es muy actual, ya que ha indicado que vivimos en una “globalización uniformizadora”, que es el “peligro de nuestro tiempo”. El Papa ha advertido que esta uniformización “puede operar bajo una falsa pretensión de unidad”.

La misión de los artistas

En este contexto, el papel del arte es fundamental: “Los artistas podéis ayudarnos a hacer sitio al Espíritu. Cuando vemos la obra del Espíritu, que es crear armonía de las diferencias, no aniquilarlas, no uniformarlas, sino armonizarlas, entonces comprendemos lo que es la belleza”.

El Papa ha animado a los artistas a seguir impulsando su creatividad y a que “recorran este camino”. Antes de despedirse, el Santo Padre les ha pedido que no olviden a los pobres, que también necesitan arte y belleza, incluso más que otros, debido a circunstancias muy duras de sus vidas. “Normalmente no tienen voz para hacerse oír. Vosotros podéis ser los intérpretes de su grito silencioso”. Ha expresado también su deseo de que sus obras de arte “den gloria a Dios, que es Padre de todos, y a quien todos buscan, incluso a través del arte”.

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