El placer estético no se agota en la simple contemplación desinteresada, sino que actúa como un umbral que aviva en el ser humano el deseo de una plenitud mayor. A diferencia de las formas finitas del arte o la naturaleza, este dinamismo encuentra su sentido último al transformarse en el encuentro con una Belleza viva que trasciende la efímera satisfacción del instante.
Rafael Ramonet











