Vocaciones

Melwin Thurackal Jaison: “La India sigue necesitando sacerdotes y religiosos dispuestos a sacrificarse”

Tuvo que elegir entre el voleibol profesional o “jugar los partidos con Cristo”. Escogió lo segundo, aunque continúa practicando su deporte favorito. Natural de Kerala, Melwin Thurackal Jaison estudia Teología en Roma gracias a una beca de Fundación CARF.

Espacio patrocinado·3 de octubre de 2023·Tiempo de lectura: 3 minutos
melwin carf

Foto: Melwin Thurackal Jaison

Melwin Thurackal Jaison es natural de Thalassery, una de las diócesis de la zona de Kerala (India). Nació en una familia católica, en la que la oración en común era algo natural y en la que su vocación supuso una alegría. 

Este joven indio recuerda las tardes en las que su madre animaba a Melwin y a sus cuatro hermanos a rezar el Rosario en familia. 

Kerala es una de las zonas donde más católicos hay en la India, una realidad que el propio Melwin subraya: “Gracias a los misioneros católicos que dedicaron toda su vida, la región donde vivo, Kerala, es más católica que cualquier otro estado de la India”. 

Ahora se encuentra en Roma, estudiando para ser sacerdote, gracias a una beca de Fundación CARF.

¿Cómo descubrió su vocación sacerdotal?

—Creo que la llamada al sacerdocio es siempre una invitación a “estar juntos”. 

Mi familia, los amigos y todos los que me rodeaban me ayudaron de un modo u otro a discernir mi llamada. 

Para concretar esta expresión que digo de “estar juntos”, me gusta pensar en los días de colegio, cuando jugaba en el equipo de voleibol del colegio. Era un buen jugador y solíamos organizar partidos como clubes. 

Después de terminar mis estudios secundarios superiores me enfrenté a la decisión de escoger entre el voleibol como carrera o el hermoso deseo, silencioso pero ardiente, de ser sacerdote católico. 

El momento de silencio y reflexión y el testimonio inspirador de la vida de los sacerdotes que llegué a conocer personalmente iluminaron el camino que debía recorrer. 

Ahora sigo jugando al voleibol con mis amigos de aquí. Con todo mi corazón, puedo afirmar que seguir a Jesús no niega la belleza de la vida.

Usted nació en una familia católica. ¿Cómo acogieron su vocación?

—Mi familia era tradicionalmente católica. Cuando les dije, por primera vez, que me encantaría ser sacerdote, a mis padres les entusiasmó. Su fe sencilla les hizo alegrarse. 

Mis hermanos estaban un poco tristes al principio, aunque más tarde también acogieron con satisfacción mi decisión.

¿Cómo ve su futuro en un país con un pluralismo religioso tan grande cono es la India?

—El pluralismo cultural ha sido siempre la característica principal de la India. 

En el futuro, la esperanza de la Iglesia en la India es el modelo que trajo la santa Madre Teresa de Calcuta. 

La India sigue necesitando sacerdotes y religiosos dispuestos a sacrificarse. Su vida y el servicio desinteresado que prestó al pueblo de la India dieron frutos eternos, de acuerdo con el mensaje de Cristo, es decir, la misericordia. 

Santa Teresa de Calcuta siempre me ha inspirado, como exclama san Pablo: “No es que ya lo haya conseguido o que ya sea perfecto: yo lo persigo, a ver si lo alcanzo como yo he sido alcanzado por Cristo” (Flp 3, 12).

¿Cuáles cree que son los principales aspectos de su formación para el sacerdocio?

—El sacerdote es, en primer lugar, un ser humano. La primera formación necesaria en esta época es una formación humana. Y como afirma el Papa Francisco, prepararnos para “ser el rostro de la misericordia”

Pienso también que un sacerdote debe estar abierto a todo, a las sugerencias del otro, a los avances de la ciencia y de la cultura. Sin olvidar la formación espiritual y pastoral.

¿En qué aspectos se enriquece un joven como usted al poder estudiar en Roma, en un ambiente universal?

—Estar en el corazón de la Iglesia para estudiar Teología me exige al mismo tiempo un sentido de responsabilidad y de agradecimiento. 

Estoy aquí gracias a las oraciones y al servicio que numerosos benefactores han prestado a la Iglesia y a mí. Siempre es emocionante estar aquí, en una comunidad internacional. 

Recuerdo las palabras de un cariñoso sacerdote que, el día que partía hacia Roma, me dijo: “Estoy muy contento de que puedas pasar los mejores días de tu vida en el mejor lugar del mundo”. 

Todo lo que gane aquí se reflejará en mi ministerio como sacerdote. 

También estoy agradecido a Fundación CARF por su servicio de apoyo a mí y a otros seminaristas de todo el mundo. n

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