Evangelización

Anderson Monsalve y la fe sin filtros 

Anderson Monsalve promueve una evangelización digital basada en la autenticidad y el humor, demostrando que la fe se vive desde la cotidianidad y la alegría del encuentro personal con Dios.

Juan Carlos Vasconez·16 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

En un mundo digital saturado de rostros perfectamente editados y mensajes prefabricados, Anderson Monsalve ha encontrado un nicho que pocos se atreven a explorar con honestidad: el de la fe con sentido del humor. 

Este joven, que se define a sí mismo ante todo como “un hijo de Dios que tiene la bendición de estar casado con la mujer más maravillosa del mundo”, está rompiendo esquemas en las redes sociales. A las puertas de estrenar su papel más importante —el de padre de una niña que viene en camino—, Anderson demuestra que la evangelización en el siglo XXI no requiere de un púlpito sino de una conexión real y cercana. 

La infancia de Anderson fue un auténtico laboratorio ecuménico. Su madre era católica por cultura; su padre, Testigo de Jehová, y sus amigos del barrio, evangélicos pentecostales. Este entorno, lejos de confundirlo, le dio una sensibilidad especial para entender las distintas formas en que el ser humano busca lo trascendente. 

Sin embargo, el punto de inflexión llegó en su juventud. No fue un sesudo tratado de Teología lo que lo cautivó, sino una experiencia de comunidad. Durante una “Pascua Juvenil” organizada por la Renovación Carismática Católica, “fue la primera vez que me sentí realmente amado por Él”, confiesa Anderson al recordar aquel encuentro. Ese impacto emocional no se quedó en un sentimiento pasajero; se transformó en un motor de vida: “Salí de ese encuentro con una decisión clara: querer agradar a Dios y buscar hacer su voluntad”

Evangelizar a través del humor 

Hoy, esa voluntad se traduce en una presencia en las plataformas digitales. Anderson es un convencido de que la Iglesia debe hablar el lenguaje de la gente de hoy. Por eso, junto a su esposa Cindy, ha lanzado un pódcast donde la naturalidad es la norma. No pretenden dar lecciones magistrales, sino compartir la vida. “En este espacio hablamos de temas de la Iglesia desde nuestra experiencia personal”, explica. 

Su objetivo es la fidelidad al Magisterio, pero con un ingrediente que considera indispensable, “ese toque de humor que tanto nos caracteriza”. Su espiritualidad se nutre de lo cotidiano. No tiene un método infalible, pero sí una actitud: la gratitud. “Busco encontrarme con Él en lo cotidiano: en la oración personal y comunitaria, rezando el Rosario, orando frente al Santísimo Sacramento o incluso en el silencio de mi cuarto”, afirma. 

Uno de los momentos más potentes de su testimonio es cuando habla del perdón, un tema que suele sonar a teoría hasta que la vida te pone a prueba. Anderson recuerda el día en que comprendió que el amor de Dios no era solo una idea bonita, sino una fuerza transformadora. “Comprender que Dios me ama tanto que lo dio todo por perdonarme cambió mi forma de ver mi vida”, relata con emoción. 

Pero el reto no terminó ahí. La verdadera madurez espiritual llegó cuando entendió que ese perdón recibido debía fluir hacia los demás. “Fue aún más impactante entender que yo también estaba llamado a perdonar a los demás como Jesús lo hizo conmigo. Ese momento rompió mi corazón de piedra y me llevó a perdonar a la persona que más me había lastimado”. Este testimonio de reconciliación es, quizá, la “red” más grande que Anderson ha lanzado en el mar digital. 

Un legado de autenticidad 

Anderson Monsalve tiene claro qué quiere dejar tras de sí. En un tiempo donde muchos jóvenes asocian la religión con la rigidez o el aburrimiento, él se levanta como un testigo de lo contrario. 

Su mensaje es una invitación a la libertad de ser quienes somos ante Dios. Me gustaría que las personas entiendan que vivir la fe y acercarse a Jesús nunca significa renunciar a la alegría, al humor o a las experiencias de felicidad”, asegura. 

Su filosofía de vida es un soplo de aire fresco para quienes sienten que no “encajan” en los moldes tradicionales: “Seguir a Jesús implica renunciar al pecado, pero no a nuestra personalidad. Cada uno de nosotros es único, y Dios nos ha creado de manera especial”

Con esa convicción, Anderson sigue navegando las redes sociales, recordándonos que se puede ser fiel a la Iglesia siendo, al mismo tiempo, la versión más alegre y auténtica de uno mismo.

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