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Teresa Barrera, psicóloga: “Las heridas pueden generar fortalezas”

La demanda de psicólogos y psiquiatras ha crecido en la pandemia, y se ignora a veces cómo ayudar ante las fracturas vitales. La psicóloga y terapeuta Teresa Barrera repasa siete herramientas para el acompañamiento psicológico y espiritual. Habla, por ejemplo, de que “las heridas pueden generar fortalezas”, o de mirar “de forma integrada”.

Rafael Miner·25 de noviembre de 2021·Tiempo de lectura: 5 minutos
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Teresa Barrera en su intervención en la Universidad de Navarra

¿Qué significa mirar a las personas de manera integrada? “Tener en cuenta sus tres dimensiones: psicológica, biológica y espiritual”. Todos tenemos nuestras fracturas a lo largo de nuestra historia, “es algo que debemos asumir y que también genera en nosotros fortalezas”. Así lo asegura la psicóloga Teresa Barrera, especialista colaboradora de la Consulta Dr. Carlos Chiclana.

“Vivir de forma integrada permite a las personas ser felices y conocer aquello para lo que han sido llamadas”, ha afirmado Teresa Barrera en la Jornada Psicología y vida espiritual, en unasesión titulada Abordaje de las fracturas en la coherencia de vida del sujeto cristiano, que impartió a más de 300 personas en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.

El tema de la salud mental, y más en estos tiempos de pandemia, preocupa cada vez más a algunos especialistas, que advertían ya en 2020 que en torno a la pandemia del Covid-19 vendrían los problemas de la mente. Para un buen acompañamiento, Barrera considera importante conocer qué hace la persona, cómo lo hace, por qué y para quién: “Así comprenderemos las causas de la ruptura, para poder reordenar su conducta y que la persona viva en libertad. Muchas veces no es una cuestión de actitud y al paciente esto le desculpabiliza mucho”. 

Respecto al origen de la incoherencia, distinguió dos casos: cuando tiene una raíz psiquiátrica, como los casos de Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) o el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH); o cuando la incoherencia tiene una raíz psicológica, en cuyo caso es de gran ayuda conocer la historia personal.

Estas son algunas cuestiones sobre las que la psicóloga Teresa Barrera ha conversado con Omnes, al hilo de su intervención en la Universidad de Navarra.

La Asociación Americana de Psicología (APA) alertó a finales de verano del año pasado de que aumentaban las consultas de psicólogos y psiquiatras en la pandemia. Algunos manifestaron entonces que bastante gente iba a quedar afectada, tocada, por todo esto.  ¿Ha continuado creciendo esta demanda?

Sí, es evidente. Hay cosas que ya estaban en las personas, ya estaban adaptadas, y las situaciones que hemos vivido de incertidumbre les han desestabilizado, y se han hecho más presentes, y por eso han pedido ayuda. Y luego hay muchos duelos que vivir. No solamente duelos de personas, sino cosas que hemos perdido en la relación con los demás, el tiempo que hemos estado alejados de los demás, proyectos que han tenido que cerrarse…, Eso son duelos que también hay que vivir. Han sido muchas variables. Ha habido personas que se han desestabilizado por la inestabilidad del momento, y por las situaciones que han tenido que afrontar.

¿A qué tipo de fracturas se refiere? Porque puede haber fracturas de diversa índole. La vida es dura y pueden pasar muchas cosas.

No tienen por qué ser grandes fracturas. Para un cristiano, una dificultad en la comunicación; en el matrimonio, una falta de intimidad es una fractura en la coherencia. No tenemos por qué hablar sólo de adicciones, o de infidelidades, de cosas graves. Y eso puede tener origen, desde un punto de vista psiquiátrico, o desde un punto de vista psicológico.

Por ejemplo, la pereza puede ser síntoma de una depresión, y es una fractura en la coherencia, pero tiene un origen, tiene una explicación. El exceso de trabajo, por ejemplo. Personas que viven más para el trabajo que para su familia.

Usted ha hablado de las fracturas en la coherencia de vida del sujeto cristiano, pero se supone que las herramientas psicológicas que propone valen también para las personas no cristianas.

El título de la ponencia hablaba de la fractura en la coherencia. Es decir, cuando una persona actúa de forma incoherente. A eso nos referíamos. Dónde está la explicación de la incoherencia, que puede tener un origen psiquiátrico o un origen psicológico. Una persona que es dependiente de otra. Puede tener un origen psicológico en la relación familiar primera, y se generan dependencias emocionales. Por eso es una fractura en la coherencia. A lo mejor se trata de una persona que hace lo que sea para que la otra persona le quiera.

Y la fractura no es en la herida, sino en la coherencia, en este caso. Aunque mi ponencia tenía el título de fracturas del sujeto cristiano, son cosas que valen también, lógicamente, para personas no cristianas. Es la fractura en la coherencia. Aunque aquí estamos hablando de los valores cristianos.

Vamos con las herramientas psicológicas para realizar un buen acompañamiento de la persona. Usted ha hablado de siete, y ha comenzado por ésta: ‘La relación que sana’

La relación terapéutica en sí misma es sanadora, por tanto, en el acompañamiento espiritual también es fundamental. Esa relación terapéutica genera una relación estable y segura, donde se permite la expresión emocional, que la persona pueda mostrarse tal como es, sin ser juzgada.

Segunda, encuadre del acompañamiento espiritual. ¿Puede sintetizarlo?

Hace falta un encuadre que ayude al acompañado a entender lo que es el acompañamiento espiritual y los límites del mismo: qué aspectos se van a tratar, ámbitos de la vida de los que se va a hablar, tiempos, lugar, periodicidad y modo de comunicarse.

Tercera. ¿Qué significa ‘hacer una línea de vida, que después uniremos al trabajo de fortalezas y emociones’? Son sus palabras.

Ordenar la vida es clave para conocerse y permite alinear los acontecimientos vitales. Puede hacerse de diferentes modos, por años, por crisis…

Cuarta. Las fortalezas.

Nuestras heridas pueden generar fortalezas. Es importante reflejarlo, porque si sólo mostramos dónde están los problemas, la persona al final se frustra. Si reforzamos los intentos de solución y las cosas que ha aprendido en ese camino, la persona se capacita.

Quinta. Conciencia y regulación emocional.

Consiste en ayudar a detectar qué emociones tiene la persona en los momentos importantes, para que los integre en la vida y aprenda a regularlas. Poner nombre a las emociones, definirlas y expresarlas permite conocerse.

Sexta. Preguntas capacitadoras y reflexivas.

Podemos utilizar preguntas que ayuden a la persona a reflexionar acerca de sí misma, de las consecuencias de sus actos, de lo que siente y llegar a vislumbrar las fortalezas señaladas en el apartado anterior.

Y séptima. El yo ideal versus yo actual.

Permitir a la persona que, a través del mapa de su historia donde están las carencias y fortalezas, conozca su originalidad y se quiera, para saber hacia dónde quiere dirigir su vida en libertad. Podemos traducirlo por rrabajar el ideal contando con la realidad. La idea es trabajar a la persona desde cómo es, no sólo desde el ideal; trabajar el ideal basado en la realidad.

Hablemos un momento del ‘hacer lo que sea’ para llamar la atención, como ha comentado antes. Suele pasar a veces que ante una ruptura, por ejemplo, se puede llegar a pensar en cualquier locura…

Cuando se llega a esos extremos, hace falta un acompañamiento terapéutico. Porque lo que uno siente y lo que hace no es proporcionado al hecho vital. En esos casos, cuando la persona no tolera la ansiedad, el malestar o el dolor de la separación, hace falta un acompañamiento terapéutico, porque no es proporcionado. Cuando las emociones son desproporcionadas, están queriendo decir que hay algo que no está funcionando bien. Otra cosa es que una persona esté triste, y llore, o se enfade por las circunstancias, pero que pueda continuar con su vida.

Concluimos la conversación. Por si es de su interés, la Jornada académica contó también con la participación del doctor Jorge Iriarte, médico, sacerdote y profesor de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra; de Montserrat Lafuente, psiquiatra y psicoterapeuta, profesora en la Universidad Abat Oliva-CEU y en el seminario de Barcelona; del profesor Wenceslao Vial, profesor de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (Roma); y de los profesores de la universidad, José María Pardo y Martiño Rodríguez-González, que moderaron las ponencias.

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