Evangelio

Mirar hacia delante con Dios. Natividad de san Juan Bautista

Joseph Evans comenta las lecturas de la natividad de san Juan Bautista

Joseph Evans·21 de junio de 2024·Tiempo de lectura: 2 minutos

Los nombres en la Biblia tienen un gran significado. A menudo indican la misión a la que ha sido llamada esa persona.

Así, a San José se le dice que debe llamar al hijo de María “Jesús”, “porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1, 21). El nombre “Jesús” significa precisamente “Yahvé salva”. 

Pero, al menos en la época de Nuestro Señor, ya era habitual que un niño se llamara como su padre. El significado del nombre importaba menos; lo que importaba era la continuación del linaje. 

Así, en el Evangelio de hoy, en la fiesta de San Juan Bautista, nos enteramos de que, cuando llegó el momento de circuncidar al niño, “querían llamarlo Zacarías, como su padre”.

Había un problema: el ángel Gabriel ya había dicho a Zacarías que llamara Juan al niño (Lc 1, 13).

La diferencia es significativa: Zacarías significa “Dios se acuerda”, Juan significa “Dios es misericordioso”. Así pues, el nombre de Zacarías sugiere mirar atrás, recordar todos los grandes hechos de Dios en favor de Israel. Por lo general, esto es bueno, pero no cuando Dios introduce una novedad radical. 

Cuando Dios hace esto, es el momento de mirar hacia adelante, no hacia atrás. Dios estaba a punto de ser misericordioso con la humanidad, de darnos a su propio Hijo como Emmanuel, Dios con nosotros, Dios hecho hombre.

Dios estaba a punto de encarnarse como Jesucristo “lleno de gracia y de verdad” (Jn 1, 14) y Juan iba a ser el gran profeta que preparara su venida.

Es evidente que en algún momento Zacarías había informado a Isabel de este nombre, sin duda por escrito, ya que él no podía hablar. Así que ella valientemente habló para insistir: “¡No! Se va a llamar Juan”.

Los amigos y la familia, que no se fiaban de ella por ser mujer, preguntaron a Zacarías y éste pidió una tablilla en la que escribió: “Juan es su nombre”. Se le soltó la lengua, habló y alabó a Dios. De hecho, su oración, conocida como el Benedictus -que sacerdotes, religiosos y otras personas rezan cada mañana en el Oficio Divino- es una reflexión particularmente hermosa, ya que mira hacia atrás para mirar hacia delante. 

Zacarías recuerda todo lo que Dios ha hecho por Israel, pero comprende, con esos meses de recogimiento que le concede el silencio impuesto, que Dios realmente puede hacer cosas radicalmente nuevas.

Antes había dudado de ello al preguntarse cómo podía Dios darles a él y a su esposa, ambos ya ancianos, un hijo después de tantos años sin tenerlo.

Dios estaba siendo misericordioso y su hijo Juan “iría delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación”.

Zacarías ha aprendido que Dios, en Jesús, iba a realizar algo realmente nuevo y lleno de gracia, incluyendo, no lo olvidemos, una comunidad que valoraba a las mujeres y su obra de salvación y luego, en su apogeo, como los primeros testigos de la Resurrección, la obra más llena de gracia de Dios.

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