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Laura Davara. Dando de la sobreabundancia

“Que se hagan católicos por envidia”. Por nuestra alegría. Laura vive convencida de que debemos dar continuamente de lo que recibimos, sin reservarnos nada.

Arsenio Fernández de Mesa·21 de marzo de 2022·Tiempo de lectura: 3 minutos
davara

Salgo a pasear con Laura Davara Fernández de Marcos. 37 años. Estudió Derecho y Ciencias Políticas en ICADE y trabaja como abogada en un despacho familiar que se dedica al derecho informático (protección de datos, comercio electrónico y demás). Está especializada en redes sociales y acaba de publicar un libro: El libro definitivo sobre redes sociales. Al poco de conocerla no olvidaré una anécdota: en un plan parroquial de verano hacíamos parada en Zaragoza. Me llamó cuando yo estaba a las puertas de la Basílica del Pilar. Su coche lleno de gente: “Te conozco de hace quince minutos pero créeme que voy en serio, nos hemos equivocado y vamos camino de Gerona”. Anécdotas aparte, el libro del que hablo está enfocado a padres y profesores. El objetivo es contar tanto lo bueno y lo malo de una forma coloquial, sin frases rebuscadas que no se entiendan. La gente que se lo ha leído bromea: “No parece escrito por una abogada, porque se entiende”. Da muchos trucos prácticos sobre la privacidad y seguridad, cómo detectar una suplantación de identidad y cómo actuar o de qué forma denunciar un caso de ciberacoso. También recomienda pelis y series para ver con los niños y que puedan hablar de estos temas. Recomienda cuentas que merecen la pena: alimentación, aprendizaje de matemáticas, trucos de ciberseguridad, por ejemplo. También ha facilitado unas direcciones para rezar y meditar. 

En las redes

La Iglesia está cada vez más metida en redes. Hay cuentas muy chulas que sirven para crecer en la vida de fe. Hay que formar en valores en la vida digital”, asegura. Laura, que hizo su tesis sobre redes sociales, da abundante formación en colegios. Sus destinatarios, casi todos: adultos, profesores, padres o menores. No te creas que sólo le apasiona eso. Le encantan los juegos de mesa, viajar o salir con sus amigos. Le hace feliz “una buena cena, un buen aperitivo, ir a un teatro, a un musical o a un espectáculo de magia”. Apasionada por estar con su familia y disfrutar de ella, me deja claro la debilidad que tiene por el planazo de acudir al Bernabéu con su padre, que para eso son muy madridistas. 

Laura es de esas que no vive una fe individualista, privada, autorreferencial, sino que quiere dar aquello que ha recibido: “He tenido una experiencia de Iglesia muy fuerte, sobre todo en la parroquia de San Germán, en Madrid. He sido catequista, coordinadora de Confirmación, participé en el grupo de teatro y formé parte del coro”. Fue de misiones a República Dominicana y allí tuvo una experiencia fuerte de Dios durante una Misa, en el momento de la paz, al que siempre había dado poca importancia: “Sentí que Dios me daba la paz con mayúsculas, la paz real, a través de esa gente”. Recuerda cómo en un niño muy enfermo, Enmanuel, vio el rostro de Dios. Hace tres años vivió una experiencia enormemente dolorosa: falleció su hermano, de golpe, de la noche a la mañana. Poco después fue a Lourdes y allí recibió un consuelo que necesitaba: conoció al que ahora es su director espiritual y a Antonio, un chaval de casi 20 años con un síndrome que padecen poquísimas personas en el mundo: “Pasé unos días inolvidables a su lado, acompañándole y escuchando a todas horas canciones de Melendi porque le encantaban”.  

Irradiando fe

Laura no se conforma y desea seguir irradiando su fe. Participa en muchos voluntariados organizados por la Delegación de Jóvenes de Madrid. También en Enfoque, un proyecto para mayores de 30 años que nació con vocación de ofrecer “algo diferente”. Nadie está excluido: católicos más comprometidos o menos, más alejados, conversos, solteros, casados, divorciados. En Navidad salieron a dar regalos a niños y ancianos “para aportar un poco de alegría y esperanza”. Laura también ha ido a hospitales, a cantar a residencias de ancianos, a repartir bocadillos a los más pobres. Pero antes de dar, se nutre: participa en un grupo en el que hacen revisión de vida, formación y oración. De él forman parte grandes amistades que le han sostenido en los momentos difíciles. Laura entiende que podemos conseguir que otros se hagan “católicos por envidia”. Contagiando. No guardando las riquezas que tenemos sino dando de la sobreabundancia que hemos recibido. Parece que lo va consiguiendo.

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