Evangelio

“Toda mujer que reza o profetiza con la cabeza descubierta” (1Co 11, 2-16)

Juan Luis Caballero·21 de septiembre de 2021·Tiempo de lectura: 4 minutos

En la primera Carta a los Corintios, Pablo introduce el tema de cómo han de rezar y profetizar hombres y mujeres en las asambleas litúrgicas (1Co 11, 2). Las palabras con las que comienza dejan entrever que, a pesar de una inicial alabanza, algo debe ser corregido (1Co 11, 3.16). Sin embargo, la afirmación que sigue es enigmática: “Os alabo porque en todo os acordáis de mí, y mantenéis las tradiciones como os las transmití. Quiero que sepáis que la cabeza de ‘todo hombre’ [= ser humano] es Cristo, la cabeza de la mujer es el hombre [= varón], y la cabeza de Cristo es Dios” (1Co 11, 2-3). 

¿Qué entiende Pablo por “cabeza”, y por qué saca este tema? A lo largo de los vv. 4-16, el Apóstol abordará esa cuestión desde diferentes puntos de vista, y esto permitirá que unas partes de la argumentación iluminen otras. 

Indicaciones generales sobre 1Co 11, 2-16

a) El texto contiene expresiones de difícil interpretación debido a su polisemia (cabeza; hombre; imagen; gloria; autoridad).

b) La temática hace referencia a algo de fondo, pero que se manifiesta en algo externo: la forma de llevar el cabello. Pablo apunta a lo primero. 

c) El Apóstol habla de hombres y mujeres, pero el desarrollo de la argumentación deja claro que quiere centrarse en “algunas mujeres”.

Honra y deshonra en las asambleas de Corinto (vv. 4-6)

“Todo hombre [varón] que reza o profetiza ‘con la cabeza cubierta’ [= cabello largo; cfr. v. 14] deshonra [kataischyno] su cabeza [= a sí mismo; a su persona],y toda mujer que reza o profetiza con la cabeza descubierta [= cabello corto] deshonra [kataischyno] su cabeza [= a sí mismo; a su persona], pues es lo mismo que si se rapara. Por tanto, si no se quiere cubrir [= cabello largo], que se rape al cero [ironía de Pablo]. Si es vergonzoso para la mujer cortarse el pelo o raparse, que se cubra [= cabello largo].

Expresiones sobre las que hay que discernir son: “cabeza” (kephalé), que puede tener tanto un sentido físico como metafórico (aquí, sentido de “origen/procedencia” más que de “autoridad”), aunque el texto da pistas, porque en algunos momentos no es posible uno de esos dos sentidos; aner (varón), cuyo sentido a veces se intercambia con el de anthropos (ser humano); las referencias a la cabeza cubierta o descubierta: se está hablando del peinado o corte de cabello (cfr. vv. 13-15).

Pruebas bíblicas y de sentido común (vv. 7-15)

En estos versículos, Pablo aporta las razones que apoyan sus indicaciones. Se trata de argumentos bíblicos, de experiencia y de razón.

“El hombre, en efecto, no debe cubrirse la cabeza, puesto que es imagen [eikon] y gloria [doxa] de Dios; la mujer, en cambio, es gloria [doxa] del hombre; porque no procede el hombre de la mujer, sino la mujer del hombre, ni fue creado el hombre por razón de la mujer, sino la mujer por razón del hombre. Por tanto, la mujer debe tener autoridad [exousía] sobre su cabeza [= que lleve el cabello de modo que haga visible su irrenunciable identidad] por razón de los ángeles [= los que velan por el orden divino de la creación] (vv. 7-10).

Pablo tiene en el pensamiento que, según Gn 2, 7.21-23, varón y mujer han venido a la existencia a través de actos creadores diversos (del polvo de la tierra y de la costilla de Adán), lo que no significa mayor o menor dignidad, sino un estatuto teológico y antropológico diferenciado. La mujer es gloria del varón en cuanto que el varón descubre en ella a alguien que es como él, y no como el resto de los seres creados (cfr. Gn 2, 20): Dios se enorgullece del hombre; el varón se enorgullece de la mujer. La mujer debe cubrirse (= cabello largo) al profetizar u orar para manifestar la modalidad del acto creador de Dios, no por menor dignidad o por sometimiento.

“Por lo demás, ni la mujer sin el hombre [varón], ni el hombre [varón] sin la mujer, en el Señor. Porque si la mujer procede del hombre [varón], así el hombre nace de la mujer; y todo de Dios” (vv. 11-12). 

Los siguientes argumentos equilibran la posible impresión de que Pablo considere a la mujer inferior al hombre. Ambos son necesarios el uno para el otro: la mujer salió de la costilla del varón, pero todos nacemos de una mujer y, todo ello, dentro del plan de Dios: “en el Señor”.

“Juzgad por vosotros mismos: ¿es conveniente que la mujer rece a Dios con la cabeza descubiertwa [= cabello corto]? ¿Acaso la misma naturaleza [= diferencia sexual] no os enseña que es afrenta [atimia] para el hombre llevar larga cabellera, mientras que la mujer se honra [doxa] dejándola crecer? Porque la cabellera le ha sido dada como ‘velo’ [peribolaion] (vv. 13-15). 

Pablo se remite, por último, al sentido común, apelando a lo que todos pueden ver y juzgar, afirmando que para la mujer es motivo de honra dejarse crecer el cabello y que los corintios mismos juzgan inconveniente que las mujeres oren ante Dios con la cabeza descubierta.

En conclusión. En Corinto había mujeres (quizá “entusiastas emancipadas”) que habían entendido mal las consecuencias del acto redentor de Cristo. Pablo reafirma la misma dignidad de hombres y mujeres, pero dice que para los bautizados no desaparecen las diferencias sexuales (cfr. Ga 3, 28), porque estas pertenecen al diseño creador de Dios. Que una mujer ore pareciendo un varón (= imitando su forma de llevar el cabello), es manifestación de rechazo del plan creador. Pablo, lejos de ir contra la mujer, está hablando en su favor: su dignidad radica también en su diferenciación respecto al varón.

El autor

Juan Luis Caballero

Profesor de Nuevo Testamento, Universidad de Navarra.

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