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La Cuaresma, transfiguración del corazón

"La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de la Gran Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto" (Catecismo de la Iglesia Católica, 540). El miércoles de ceniza empieza este tiempo litúrgico penitencial que tiene como objetivo purificar el corazón para la celebración de la Pascua.

Paloma López Campos·22 de febrero de 2023·Tiempo de lectura: 3 minutos
Cuaresma

La Cuaresma comienza con el miércoles de ceniza, con la imposición de esta a los fieles (Unsplash / Thays Orrico)

“El camino ascético cuaresmal (…) tiene como meta una transfiguración personal y eclesial. Una transformación que, en ambos casos, halla su modelo en la de Jesús y se realiza mediante la gracia de su misterio pascual”. Las palabras del Papa en su mensaje para la Cuaresma 2023 resumen el misterio de este tiempo litúrgico.

La repetición cíclica no puede llevarnos a ver esta época como una simple celebración más. San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, escribió en “Es Cristo que pasa”: “Este momento es único; es una ayuda divina que hay que acoger. Jesús pasa a nuestro lado y espera de nosotros —hoy, ahora— una gran mudanza”.

El miércoles de ceniza

Hay indicios de que ya en el siglo II los fieles seguían unas prácticas para preparar las fiestas de Pascua, sin embargo, por lo que parece, esos preparativos se observaban tan solo el viernes y el sábado santo, a través del ayuno y la abstinencia. Poco a poco, estas costumbres se fueron alargando en el tiempo hasta alcanzar el periodo de cuarenta días que vivimos hoy. Ese número, 40, no es casual, pues recuerda tanto el peregrinar de Israel por el desierto como el retiro de Cristo antes de empezar su vida pública.

A partir del siglo IV la estructura de la Cuaresma comienza a establecerse y formarse hasta llegar a la forma actual. La entrada en este tiempo litúrgico la marca el miércoles de ceniza, día en el que la ceniza se impone a los fieles al tiempo que se les recuerda: “polvo eres y en polvo te has de convertir».

Con las palmas del domingo de ramos del año anterior, la imposición de la ceniza ayuda a los fieles a entrar en un tiempo litúrgico cuya sobriedad permite centrar la mirada en Cristo y en su misterio salvífico.

La Cuaresma, tiempo de penitencia

La Iglesia en occidente pide a los católicos que crezca su espíritu de penitencia durante la Cuaresma y, como guía, establece dos mortificaciones obligatorias: por un lado, el ayuno tanto el miércoles de ceniza como el viernes santo; por otro, la abstinencia de carne dicho miércoles y todos los viernes de este tiempo litúrgico.

En oriente, sin embargo, la tradición es un poco distinta. Es llamativo, por ejemplo, que durante el tiempo cuaresmal no se celebra la Santa Misa más que los sábados y domingos. Además, la abstinencia de carne no se reduce únicamente a los viernes, sino que los cristianos de oriente no toman carne ni lácteos ningún día de este periodo.

¿Qué ha dicho el Papa?

El Papa Francisco redactó el 25 de enero su mensaje para la Cuaresma 2023. En él habló de que “la ascesis cuaresmal es un compromiso, animado siempre por la gracia, para superar nuestras faltas de fe y nuestras resistencias a seguir a Jesús en el camino de la cruz”. Francisco puso el pasaje de la transfiguración como imagen clara de este tiempo litúrgico. Este episodio nos enseña que “debemos dejarnos conducir por Él a un lugar desierto y elevado, distanciándonos de las mediocridades y de las vanidades”.

Por su parte, el Papa Benedicto XVI, en el primer mensaje de Cuaresma que publicó, afirmaba que este “es el tiempo privilegiado de la peregrinación interior hacia Aquél que es la fuente de la misericordia. Es una peregrinación en la que Él mismo nos acompaña a través del desierto de nuestra pobreza, sosteniéndonos en el camino hacia la alegría intensa de la Pascua”.

Y san Juan Pablo II quiso remover los corazones de todos los fieles en 1987 lanzando unas preguntas muy directas que sirven como examen tanto al inicio como al final de este camino de penitencia: “¿Saldremos de esta Cuaresma con el corazón engreído, llenos de nosotros mismos, pero con las manos vacías para los demás? ¿O bien llegaremos a la Pascua, guiados por la Virgen del Magníficat, con un alma pobre, hambrienta de Dios, y con las manos llenas de todos los dones de Dios para distribuirlos al mundo que lo necesita tanto?”

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