Evangelio

«La luz del Niño los envolvió». Solemnidad de la Natividad del Señor

Comentario a las lecturas de la Solemnidad de la Natividad del Señor (C).

Andrea Mardegan·22 de diciembre de 2021·Tiempo de lectura: 2 minutos
comentario lecturas navidad

María y José se preguntaron si, al igual que la concepción, el nacimiento de Jesús también tendría un carácter milagroso. El “con dolor darás a luz” del Génesis fue una consecuencia del pecado original. Sin embargo, ¡Él es el Hijo de Dios! Pero también es hijo de Adán y Eva… Un aspecto preocupaba a María: las parteras de Nazaret intervendrían en el parto. Podrían robarle su secreto. Ella era virgen: no había tenido relaciones sexuales con un hombre. Podrían llegar a conocer de antemano el origen divino del Niño. Pero sin la capacidad de entenderlo, sin ser llamadas a aquello por Dios. Ella se hubiera sentido violentada en su intimidad.

Las parteras ya se proponían intervenir para dar a luz a ese Niño del que todos hablaban, con la intención de ser las primeras en investigar las semejanzas y disimilitudes con José, y quizás encontrar las semejanzas con alguien más de quien sospechaban. “Esperemos. Oremos”, sugirió José, “Dios nos ayudará, como lo ha hecho hasta ahora”.

Y llegó la noticia del empadronamiento del imperio. Una mujer próxima al parto no estaba obligada a realizar un viaje de doscientos kilómetros para registrarse. Hubiera podido ir más tarde, o incluso renunciar. Pero hablando y orando, María y José entendieron que el censo era la respuesta de Dios: les daba la oportunidad de alejarse de Nazaret: “¡Vamos!”. Lo decidieron juntos. Para María, valía la pena el esfuerzo en juego. Recordaron la profecía de Miqueas: ¡el Mesías nacería en Belén! Se conmovieron: Belén era la tierra de David, del cual Jesús era descendiente. “¡Todo vuelve!”. José se mostró confiado: “Es mi tierra natal, hay muchos familiares de mi padre. Nos ayudarán”.

Hicieron las cuentas sin el anfitrión. Los nazarenos renovaron sus críticas, diciendo que era peligroso hacer un viaje largo antes de dar a luz, y que correr ese riesgo para obedecer a los romanos estaba fuera de lugar; además, a la tierra de David, que fue castigado por Dios por hacer un censo.

Hicieron las cuentas incluso sin los betlemitas. La llegada de una mujer a punto de dar a luz les pareció extraña. No querían complicaciones con la sangre, que los volvía inmundos. Y les había llegado alguna murmuración de Nazaret. José y María se vieron rechazados. Nadie los ayudó, inicialmente.

Sólo al final José encontró ese alojamiento para los animales. Estaban felices, porque estaban solos. Pero con muchos inconvenientes. Se apoyaron mutuamente. No se intercambiaron culpas. La luz del Niño los envolvió. Advertidos por los ángeles vinieron los pastores, considerados por todos como pecadores, pues era su culpa por lo que el Mesías aún no había venido. Comprendían que su Hijo había querido nacer entre los excluidos, los impuros.

La Homilía en un minuto

El sacerdote Luis Herrera Campo ofrece su nanomilía, una pequeña reflexión de un minutos para estas lecturas.

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