Lecturas del domingo

«Médicos y profetas en el nombre de Jesús». Domingo IV del Tiempo Ordinario

Andrea Mardegan comenta las lecturas del IV domingo del tiempo ordinario y Luis Herrera ofrece una breve homilía en vídeo. 

Andrea Mardegan / Luis Herrera·26 de enero de 2022·Tiempo de lectura: 2 minutos
jeremías

©Jeremías

Comentario a las lecturas del domingo IV

Jeremías es llamado por Dios para hablar en su nombre a pesar de que es joven y no sabe hablar. Dios le dice que lo conoció antes de formarlo en el vientre materno y que lo eligió antes de que naciera, para ser profeta de las naciones. Le pide que diga lo que le ordenará, y que no tenga miedo: “Te pongo hoy como ciudad fortificada, columna de hierro y muralla de bronce frente a todo el país… Te harán la guerra, pero no te vencerán, porque yo estoy contigo para librarte”. Pero su vida, a pesar de la protección de Dios, estará llena de dificultades: perseguido por sus compatriotas, denunciado por familiares y amigos, odiado, golpeado, torturado. Su vida es una anticipación de la de Jesús.

En la sinagoga de Nazaret, Jesús ha dicho que la profecía de Isaías se estaba cumpliendo en él. En un principio hay una reacción positiva. Se dan cuenta de sus palabras de gracia. Están asombrados, pero en sus corazones surge la duda: ¿cómo es posible que uno de ellos, con manos curtidas por el trabajo, pueda tener el espíritu de Dios y hablar como un profeta, ser aquel de quien hablan las escrituras antiguas? Dudan que pueda cumplirse la profecía en su pequeño país fronterizo, ignorado por las escrituras: “¿No es éste el hijo de José?”.

Jesús lee sus corazones y revela sus expectativas. Querían ver allí los milagros que había hecho en Cafarnaún y en otros lugares. Se sentían defraudados por su conciudadano. Jesús les cita dos proverbios. Con el primero, “Médico, cúrate a ti mismo”, expresa el deseo de los nazarenos de ser curados por Él. Lo consideran un taumaturgo. Con el segundo, “Ningún profeta es aceptado en su pueblo”, les explica que no lo están aceptando como profeta, solo querrían aprovechar sus poderes curativos para vivir mejor. Pero Jesús es un profeta: cuando sana, lo hace mirando a la fe del enfermo y para abrir los corazones a la palabra de Dios. Les habla de la viuda de Sarepta de Sidón y de Naamán el sirio. Esos dos extranjeros recibieron los milagros de Dios, no los israelitas duros de corazón. Los nazarenos podrían haberse arrepentido empezando a creer en Jesús. En cambio, lo llevan hasta el precipicio del monte para arrojarlo. No soportan su verdad. Jesús, se les escapa, con un milagro que no ha hecho en ningún otro sitio: no ha llegado su hora. Abre camino para donarnos desde la cruz, con el bautismo, la potestad de ser todos médicos que curan en su lugar de vida, y de ser profetas acogidos en su casa, en su ambiente. Así serán los primeros cristianos que difundirán la fe en sus pueblos y en sus familias. Pero también con ese Evangelio estaban preparados a no considerarse “del maestro” cuando llegara la incomprensión y la persecución. 

La homilía sobre las lecturas del domingo XXI

El sacerdote Luis Herrera Campo ofrece su nanomilía, una pequeña reflexión de un minutos para estas lecturas.

El autorAndrea Mardegan / Luis Herrera

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