Evangelio

9 de mayo. Domingo VI de Pascua

Andrea Mardegan·5 de mayo de 2021·Tiempo de lectura: 2 minutos

Pedro reacciona ante Cornelio, que se postra a sus pies, haciéndolo ponerse en pie y diciéndole: “También yo soy un hombre”. Pedro es consciente de su pequeñez. También el hecho que lo ha llevado a Cornelio es elocuente. Dios ha organizado todo. Reconoce con humildad que está entendiendo que “Dios no hace distinción de personas”: Dios está abierto a todos, ha venido por todos, ama a todos. 

El gran problema de la apertura del cristianismo a los paganos se resuelve con hechos que proceden de la iniciativa de Dios. Mientras Pedro habla, el Espíritu Santo se difunde sobre los paganos que, junto a Cornelio, lo escuchan. Todavía no han recibido el Bautismo ni la Confirmación. Está claro que Dios puede donar su gracia también sin los sacramentos. Esto requiere humildad de Pedro, Dios podía no necesitarle, aunque prefiere dejarse siempre ayudar por los cristianos, porque nos ha pedido que nos amemos como él nos ha amado. El amor entre nosotros es el camino para que viva en nosotros el amor de Dios. 

En la casa de Cornelio está el amor de Pedro, que se ha puesto en camino y que no ha tenido miedo de entrar en la casa de un pagano, ha aceptado la visión de los alimentos, que son todos puros, se ha dejado cambiar la mente por el Espíritu Santo. Se convierte en el medio por el que llega el Espíritu Santo. También los cristianos que proceden del judaísmo notan que el Espíritu Santo ha bajado sobre los paganos. Los escuchan hablar en idiomas distintos y glorificar a Dios. Su convicción de ser los únicos en ser amados por Dios queda derrotada por los gestos mismos de Dios. Pedro obedece a Dios y ordena que sean bautizados. Así, los primeros cristianos provenientes de judaísmo conocen la potencia del amor del Espíritu Santo. 

Juan en su primera carta, nos revela otros aspectos del amor de Dios. Dios mismo es amor, y el amor significa amar primero, como ha hecho Dios con nosotros, y amar no sólo con las palabras sino con el hecho de donar al Hijo, a sí mismo, para darnos la vida y expiar nuestros pecados. Por tanto, si hemos recibido el amor de Dios, podemos amarnos los unos a los otros; y si amamos, significa que hemos sido generados por Dios y que hemos conocido a Dios. 

Jesús declara que nos ama como el Padre lo ama a Él, y nos pide que permanezcamos en su amor. Nos pide que observemos sus mandamientos para permanecer en su amor, como él ha observado los mandamientos del Padre y permanece en su amor. En realidad, el mandamiento del Padre a Jesús es uno sólo: el de venir entre nosotros y donar su vida por nosotros, por amor. Y el mandamiento de Jesús a sus discípulos es uno sólo: el mandamiento nuevo, amarnos como Él nos ha amado, dando la vida los unos por los otros. 

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