Para muchos puede resultar sorprendente que se pueda hacer turismo religioso -católico- en Lituania. O en Egipto. O en Brasil. O que existan rutas católicas en Colombia. O que Guatemala acoja una Semana Santa que es patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad. Un lugar tan paradigmático como el santuario de Fátima, que recibe a seis millones de peregrinos al año, ha sido escenario del Seminario Internacional de Turismo Religioso (IWRT, el acrónimo en inglés), en su 13ª edición, una ocasión de conocer destinos turísticos religiosos católicos de todo el planeta. Este tipo de viajes mueve millones de peregrinos cada año en el mundo, con un impacto notable en la economía de los países de destino.
El tema del encuentro ya indicaba la realidad propia del turismo religioso: “Los lugares de fe: memoria, espiritualidad y experiencia del peregrino”. Un rasgo esencial del turismo religioso es que es algo “que no cabe solo en las estadísticas: es la espiritualidad, la memoria y el sentido del viaje”, según manifestaba uno de los participantes, Rui Ventura, de la Agencia de Promoción Turística de Portugal Centro. Los agentes turísticos en Fátima eran conscientes de que, además del negocio, están contribuyendo a colmar unas necesidades de índole espiritual de miles de personas.
Prueba del peso de este rama del turismo son las cifras de esta decimotercera edición del International Workshops on Religious Tourism (IWRT): representantes de 42 países, con 132 agencias y operadores turísticos y 136 empresas o entidades que ofrecen sus servicios. Se realizaron en dos días del encuentro más de 5.200 reuniones uno a uno. Acudieron al Centro Pastoral Pablo VI de Fátima cerca de quinientas personas, lo que incluye, además de los congresistas, público como estudiantes e investigadores.
Seis millones y medio de peregrinos en Fátima
El propio santuario de Fátima es una representación del impacto de estos viajes. En 2025, según datos oficiales, acogió a 6,5 millones de peregrinos. “Fátima sigue afirmándose como un destino global”, subrayó Pedro Mafra, presidente de ACISO (Asociación Empresarial Ourém-Fátima, promotora del encuentro).
El santuario portugués es el más visitado de Europa. “Recibe visitantes de todos los continentes, durante todo el año. Es destino, pero también es puerta de entrada. Puerta de entrada para el Medio Tajo, para el Centro de Portugal, para el interior, para nuestra diversidad cultural y paisajística”, señaló Rui Ventura. En realidad, como manifestaba a OMNES Alexandre Marto, presidente de la principal empresa hotelera de Fátima, no se puede distinguir el turista religioso del gastronómico, o del cultural. “Llega aquí por una motivación espiritual, pero luego extiende su viaje en otros ámbitos”. Según Marto, las autoridades políticas han sabido entender la importancia del turismo religioso, superando los prejuicios que algunos pudieran tener hacia lo espiritual.
Lituania acudió como destino invitado. Allí se ubica La Colina de las Cruces,al norte de la ciudad de Šiauliai, un pequeño monte donde los fieles han colocado cientos de miles de cruces como símbolo de fe y de resistencia frente a la ocupación soviética, y que fue visitada por San Juan Pablo II. También el santuario de Siluva, lugar de las primeras apariciones de la Virgen registradas en Europa, en 1608.
La vicepresidenta de la Comisión Europea de Turismo, y representante del Ministerio de Economía e Innovación de Lituania, Lidija Bajarūnienė, explicó el lema que el país exhibe en su oferta turística: “Tierra de Esperanza, Misericordia y Fe Viva”. Informó además sobre el Congreso Mundial Apostólico sobre la Misericordia, que tendrá lugar este año en la capital, Vilnius, del 7 al 12 de junio, y que recibirá a centenares de participantes. La capital se presenta como “La ciudad de la Misericordia” (www.cityofmercy.lt).
De América
El santuario de Luján, en Argentina, es uno de los cinco más visitados de América. Presentó el primer Foro Iberoamericano de Ciudades Marianas que tendrá lugar en octubre. Este foro agrupa a representantes de ciudades de España, Portugal y otros 19 países americanos, con los centros de religiosidad más conocidos: el Pilar de Zaragoza, Fátima en Portugal, Aparecida en Brasil, Caacupé en Paraguay, Guadalupe… Pretende estudiar la relación entre ciudades y santuarios, y puntos de integración y fraternidad.
En Iberoamérica, Brasil presenta numerosos destinos de turismo religioso, quizá poco conocidos fuera de sus fronteras. En el congreso había varios expositores. La agencia Catedral Viagens presenta propuestas como peregrinaciones al santuario del Padre Eterno, único del mundo con esta dedicación, en la localidad de Trindade (Goiás), conocida como “capital de la fe”; a Aparecida (su santuario mariano recibe doce millones de peregrinos al año); al santuario de Santa Dulce, en Bahía; recorridos por la región de Minas, con gran patrimonio religioso, que incluye el grandioso santuario de Caraça; la basílica de Nuestra Señora de Nazaré, en Belém… Allí también está, al norte del estado de Paraná, el santuario Nova Fátima, a imagen del original portugués; y el de Frei Galvao, primer santo brasileño (canonizado por Benedicto XVI), en Guaratinguetá, que también acoge museo, seminario y casa natal del santo.
En Colombia existe un “Viaje al corazón de la fe”, en la región del Valle del Cauca. Allí, en este mes de marzo, en Guadalajara de Buga se celebrará en ICV Congreso nacional de Turismo Religioso y de Patrimonio.
República Dominicana también tiene presencia en la red internacional de turismo religioso, así como Guatemala. La pequeña nación centroamericana exhibe una Semana Santa de gran riqueza en los pasos procesionales, las alfombras de flores o serrín, la música, los templos. Con más de 500 años de tradición, en 2022, fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
En Guatemala también se ha creado la Ruta Santa del Peregrino al Cristo negro de Esquipulas, la venerada imagen visitada por miles de fieles.
Incluso Egipto tuvo una presencia en Fátima. Allí, el turismo religioso se centra en la ruta de la Sagrada Familia, que supone que recorrieron Jesús, María y José en su huida de la persecución del rey Herodes.
Con todo, una de las mecas del turismo religioso es Tierra Santa, que sigue atrayendo a miles de peregrinos, católicos, cristianos de diversas denominaciones y de otras religiones. Su desafío es seguir atrayendo fieles. Blanca Ramírez, la representante de Saxum, un centro multimedia situado cerca de Jerusalén, promovido por el Opus Dei, que ayuda a los visitantes a profundizar en el conocimiento de Tierra Santa de forma interactiva, comentaba a OMNES: “Somos auténticos representantes de la esperanza. Confiamos en que llegue una paz duradera”. Y es que Saxum ha vivido el COVID, nada más inaugurarse, a lo que se ha sumado después la guerra, la matanza de Hamás del 7 de octubre de 2023. Confían en que regresen los visitantes, pero la guerra con Irán hace temer que no será fácil.
La concejal del municipio portugués de Guarda, Cláudia Guedes, resumía la trasdcendencia del turismo religioso: “Los lugares de fe son puentes entre lo visible y lo invisible. La memoria es el hilo que conecta generaciones. La espiritualidad es la fuerza que impulsa la búsqueda humana de significado. Y la experiencia del peregrino es la expresión concreta de esa búsqueda”.




