Cultura

Los Misterios de la Navidad: Tríptico de la vida de la Virgen, de Dirk Bouts

Este tríptico de Dirk Bouts reúne, en cuatro escenas minuciosamente construidas, los principales episodios que anuncian el nacimiento de Cristo, combinando la precisión flamenca en el detalle con una sofisticada narración visual al servicio de la devoción.

Eva Sierra y Antonio de la Torre·16 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

COMENTARIO ARTÍSTICO

Esta obra presenta los principales episodios que preceden a la Navidad, desde la Anunciación hasta la Epifanía o Adoración de los Magos. La primera escena, a la izquierda, representa el momento de la Anunciación: el ángel Gabriel irrumpe mientras María reza, arrodillada en el suelo. El suceso tiene lugar en un interior doméstico, de acuerdo con la convención de la pintura flamenca del siglo XV. Pueden apreciarse una multitud de detalles en la estancia, desde las baldosas del pavimento hasta el libro de oraciones abierto o la puerta entreabierta. Las vestiduras del ángel son ricas y minuciosamente pintadas; las plumas de sus alas muestran una gradación de color de los tonos fríos a los cálidos. Gabriel alza la mano derecha en un gesto que indica que está comunicando su mensaje a María. La modelación de los rostros, el brillante despliegue de orfebrería sobre el aparador, y la lámpara colgada del techo ponen de relieve el dominio de la técnica al óleo por parte del artista, aunque la representación del espacio físico carece de una profundidad plenamente convincente. La habitación se enmarca en un arco de medio punto cuyas arquivoltas albergan pequeñas escenas bíblicas. Bouts toma de Van der Weyden ciertos recursos compositivos, como la arquitectura pintada que simula un pórtico con arquivolta esculpida, que este último había producido pocos años antes para el Tríptico de Miraflores (Museo Gemäldegalerie, Berlín).

Escenas laterales

El panel central incluye otras dos escenas: la Visitación y la Natividad o Adoración de los ángeles, situadas en un escenario distinto. La Visitación se desarrolla ante un paisaje característico, con el horizonte lejano diluido en tonos azulados (perspectiva atmosférica) y caminos sinuosos que conducen la mirada hacia el fondo. La representación de santa Isabel es muy precisa: sus manos y su rostro reflejan claramente que se trataba de una mujer de edad avanzada cuando concibió a san Juan Bautista. Lleva un tocado tradicional, siguiendo de nuevo la estela de Jan van Eyck y Rogier van der Weyden.

La Natividad y la Adoración de los Magos se sitúan en el mismo espacio. El Niño Jesús aparece tumbado en el centro del primer término, como era habitual en las escenas de Natividad del siglo XV en los Países Bajos. Resulta especialmente interesante comparar las figuras de María y José: visten las mismas prendas en ambas escenas, pero en el episodio final se muestran con la cabeza cubierta y adoptan una actitud más contenida. Este hecho, junto con otros detalles menores, sugiere la intervención de al menos otra mano, lo que justifica en parte que la obra se considere un producto del taller de Bouts (Museo del Prado).

La estructura original del tríptico

Aunque esta obra de Dirk Bouts parece un políptico compuesto por cuatro tablas, una por cada escena, se trata en realidad de un tríptico formado por tres paneles. En la actualidad, estos tres paneles se presentan unidos en un único marco moderno, lo que ha alterado su funcionalidad original y oculta el reverso; en origen era un tríptico con alas abatibles. Un tríptico es un objeto plegable que suele mostrar tres o cuatro escenas cuando está abierto; al cerrarse puede presentar un motivo distinto, como otras escenas relacionadas (como en el Jardín de las Delicias de El Bosco) o una decoración que imita el mármol, e incluso figuras en grisalla de donantes, santos patronos, etc. En función de su tamaño, los trípticos se utilizaban tanto para la devoción privada como, en el caso de ejemplares de mayor formato como este, en capillas laterales u otros espacios  destinados a la oración.

De origen desconocido, la primera noticia que se tiene de este tríptico data de la segunda mitad del siglo XVI, cuando ya formaba parte de la colección de Felipe II. El monarca lo envió al monasterio de El Escorial en 1584.

COMENTARIO CATEQUÉTICO

Cuando usamos la palabra misterio nos referimos casi siempre a una realidad escondida y elevada, cuyo significado y sentido está más allá del conocimiento inmediato, y que muchas veces resulta inaccesible. 

Los diversos episodios que componen la vida de Jesucristo no son simplemente sucesos humanos, comprensibles casi a primera vista para cualquiera que tenga un mínimo conocimiento de lo que es la vida. Jesús es perfecto hombre y perfecto Dios, y realiza además su vida, desde su Encarnación, como cumplimiento de un plan eterno y escondido (un misterio) trazado por Dios en su inaccesible sabiduría.

Por eso los episodios de la vida de Jesucristo no son sucesos, sino misterios. 

Detrás de la historia, o de la narración de las distintas etapas de la vida de Jesús hay siempre una realidad divina, inaccesible al mero conocimiento racional, que sólo se puede alcanzar con la contemplación iluminada por la fe, como recomendaba san Pablo. El arte cristiano siempre ha plasmado los episodios de la vida de Jesús con este sentido mistérico, como se observa en la actitud serena y orante de todas las figuras del tríptico de Dirk Bouts, que nos invitan a mirar estas escenas no como crónicas humanas sino como misterios que, en lo visible de Jesucristo, nos están revelando lo invisible de Dios y el alcance de su plan.

La Anunciación y la Visitación

Los primeros misterios son los del nacimiento, pero antes de ellos aparecen estos dos, profundamente vinculados a la figura de la Madre de Jesús. El rico y variado colorido de las alas de san Gabriel en la pintura de la Anunciación ya nos está indicando su elevado rango en la jerarquía angélica y, por tanto, nos advierte de que el mensaje que trae es el misterio más importante que Dios ha dispuesto: la Encarnación de su Hijo en el seno de María Virgen. Así quedó expuesto en una reciente entrega de estos artículos, dedicada a la Encarnación.

El paisaje abierto y luminoso, lleno de horizontes y de detalles optimistas, nos evoca que en la Visitación de María a Isabel se está preparando el amanecer de la salvación. San Juan Bautista, en el seno de Isabel, recibe de Jesús el Espíritu Santo, que inspira a Isabel su alabanza y mueve a María a cantar su Magnificat. La alegría de las madres y el salto de gozo que da Juan Bautista en el seno de su madre nos está haciendo meditar que la venida de Jesucristo es un misterio de alegría para el mundo entero.

Nacimiento y Adoración

Esta alegría es precisamente la que anunciaron los ángeles a los pastores que aparecen en la tercera escena del tríptico: el nacimiento del Salvador será una gran alegría para el mundo entero. Y ese inmenso gozo nace en la humildad y pobreza que vemos en la austera representación del portal. Con ello se nos enseña que estas dos virtudes son el camino para la verdadera alegría, junto con la obediencia. Todos los personajes de la escena están obedeciendo la voluntad de Dios. El Hijo de Dios, que ha aceptado encarnarse y nacer en Belén. María, que ha entregado su vida entera a servir a Dios en una obediencia llena de amor como sierva. José obedece a los planes de Dios que le va revelando el Ángel. Y los pastores, que se asoman por la ventana junto a los ángeles orantes, han obedecido al anuncio del Ángel, quien les dice que vayan a Belén a encontrar al Salvador, a quien reconocerán por el signo de estar envuelto en pañales y recostado en el pesebre.

Así, la cuidadosa composición de Bouts nos ayuda a contemplar que, desde su origen, la vida de Jesucristo es un misterio de pobreza, humildad y obediencia. Y por ello, nos enseña que este es también el camino del cristiano que quiera seguir de verdad los pasos de Jesucristo y así adquirir en la vida la única felicidad que nada ni nadie le podrá jamás quitar. El hecho de que el Niño Jesús aparezca tumbado en el centro del primer término expresa también que estamos ante el misterio de lo pequeño. Sólo haciéndose niño, naciendo de lo alto, viviendo con amor las pequeñas cosas de cada día, el cristiano podrá vivir de tal forma que Cristo tome forma en él.

Esta posibilidad de que Cristo tome forma en el creyente se fundamenta en que el Hijo de Dios, existiendo en forma de Dios, ha querido empezar a vivir en forma de siervo para que el ser humano pueda recibir la naturaleza divina. Los ángeles, habitantes del mundo divino, nos recuerdan en el cuadro que Dios está en forma humana en Belén para que el hombre pueda dejar que Cristo tome forma en él, y así ser divinizado con Él. El misterio de Navidad, por tanto, significa también un admirable intercambio (el admirabile commercium del que habla la liturgia) según el cual Dios y el hombre intercambian sus naturalezas respectivas. Así lo expresaba san Juan de la Cruz contemplando el misterio del Nacimiento: “el llanto del hombre en Dios, y en el hombre la alegría”.

El misterio de la Epifanía nos hace descubrir que ese Niño es el Rey de Israel, que se manifiesta a todos los pueblos, cuya primicia son los magos de Oriente. Ellos, obedeciendo a la voz de Dios que descubren en la estrella, se ponen en camino, como primicia de tantos millones de personas de todos los pueblos del mundo, Oriente y Occidente, que respondiendo a la fe hacen de su vida una adoración a Jesucristo. La estrella indica que ha nacido el rey, los magos, por especial inspiración de Dios, saben contemplar en el misterio del nacimiento a quien es rey, Dios, y víctima por la humanidad entera, por lo cual le ofrecen el oro, el incienso y la mirra, respectivamente.

El misterio del dolor redentor en la vida de Cristo se hace presente a quien sepa contemplar la escena de la Epifanía en toda su profundidad. De hecho, esta escena será seguida por el dolor del sacrificio de los Santos Inocentes y de la huida a Egipto. Es el misterio de la oposición de las tinieblas a la luz, que marca toda la vida de Cristo y que se hace presente ya desde sus primeros momentos. Misterios que nos revelan cómo es Dios y, por tanto, cómo ha de ser la vida de cada persona.

El autorEva Sierra y Antonio de la Torre

Historiadora del arte y doctor en Teología

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