El profesor Ángel Cordovilla Pérez (Salamanca, 1968), profesor ordinario de teología dogmática de la Universidad Pontificia de Comillas ha escogido a un grupo de profesores de dicha universidad para seleccionar y redactar la vida y descubrimientos de once grandes teólogos del siglo XX, de modo que pueda enunciarse lo que podrían ser las grandes líneas de fuerza de lo que será, sin duda, la historia de la teología del siglo XXI.
¿Por qué estos teólogos?
En primer lugar, debemos destacar que ni son todos los que están, ni están todos los que son, pues a cualquiera de nosotros se nos hubiera ocurrido otros nombres de grandes teólogos y también, por supuesto, habremos coincidido en alguno de los autores seleccionados.
Asimismo, deberían haber sido seleccionados más autores distribuyéndolos por áreas de investigación pues, es lógico pensar, que algún historiador, cardenal o canonista debiera haber sido seleccionado pues también desde esos ambientes se ha hecho historia de la teología y de la buena: bastaría pensar, por ejemplo, en la inolvidable figura de san Juan Pablo II.
Conviene recordar, de acuerdo con nuestro autor, que vamos a descubrir muchas cuestiones interesantes, a lo largo de estas páginas, puesto que: “Es probable que el siglo XXI no será de gran renovación teológica comparado con el anterior, es decir, punto de llegada de movimientos e ideas previas que piden una maduración y emergencia en un contorno eclesial y cultural nuevo” (2-3).
En cualquier caso, en nuestra selección de la selección, hemos obviado a algunos autores seleccionados por Cordovilla por la sencilla razón de que no cabe en estas breves líneas hablar de todo ni de todos los que aparecen en el libro, sino sintetizar algo que anime al lector a comprar y a disfrutar de tantas ideas y personas interesantes.
En efecto, no hemos recogido nada en nuestro resumen de los autores protestantes o de los ortodoxos, sencillamente porque sus ideas no brotan de la fuente primigenia de la revelación cristiana entregada al magisterio de la Iglesia para que nos la entregue y podamos profundizar tanto de la Tradición oral como de la escrita, pues si algo ha caracterizado la teología del siglo XX ha sido la vuelta a las fuentes y especialmente a la Escritura y la Tradición como resaltó repetidamente la Constitución “Dei Verbum” del Concilio Vaticano II.
Romano Guardini
Es llamativo que lo que se subraya en este volumen acerca de Romano Guardini (1885-1968), a mí parecer, es incompleto, pues la obra magna de Guardini, “El Señor”, tiene un tratamiento muy somero, seguramente por considerar que dogmáticamente tiene menos valor que otras obras, cuando en la práctica es la obra más editada junto con el “Espíritu de la liturgia”.
Indudablemente, Guardini aportó mucho a la teología de su tiempo y, a través de Ratzinger, del nuestro. Conviene regresar como enseñó y enriqueció la teología exegética de su tiempo al contemplar la vida de Jesús de modo que vuelve cristocéntrico al movimiento “¿Qué significa ser cristiano?”. Es decir, frente a la teología secularizada e insignificante del momento propondrá la “contemplación católica del mundo”, es decir, “mirar al que traspasaron” (40).
Erik Peterson
Precisamente Erik Peterson (1890-1960) será representante de la importancia de la teología como futo del conocer histórico y de la teología como resultado del estudio renovado de la Escritura y ña Tradición: “me di cuenta de que, si nos quedamos abandonados únicamente con la historia humana nos enfrentamos a un acertijo sinsentido” (114).
A la vez, según un texto autobiográfico, recordará la importancia que tuvo Kierkegaard en su conversión al catolicismo debido a la intensa búsqueda de la experiencia de la oración personal, sobre todo, a través de los padres de la Iglesia (115).
Indudablemente el método teológico de Peterson está lleno de intuiciones muy interesantes, pero en un marco teológico poco sistemático, lo cual le permitirá una gran creatividad y la escasez de discípulos (128).
Henri de Lubac, Yves Congar y Hans Urs von Balthasar
Uno de los capítulos más sugerentes de este libro es el dedicado al jesuita Henri de Lubac (1896-1991) uno de los fundadores de “Sources chrétiennes” y de la “Nouvelle théologie” con una fuerte carga patrística (149). En 1960 fue nombrado miembro de la Comisión teológica preparatoria del Concilio (151).
Es muy importante su cristocentrismo que llenará, como el quicio, su quehacer teológico: “Dios es amor, y en un gran gesto de Amor viene a tomar al hombre pecador y miserable. El hombre y Dios se abrazan en Cristo. Fecundidad intelectual única de este gesto: está lleno precisamente de toda la dogmática cristiana” (159).
Enseguida, se presentará la inmensa figura del dominico Yves Congar (1904-1995), quien también habría sido nombrado de la Comisión preparatoria del Concilio y quien destacará precisamente en sus trabajos alrededor de la figura teológica de la Iglesia y, por tanto, de la Constitución dogmática “Lumen Gentium· del Concilio Vaticano II,, su tema de investigación (195).
Asimismo, no podía faltar una amplia referencia a Hans Urs Von Balthasar (1905-1988) y en especial al importante método teológico circular que impuso en su tiempo y a través de sus discípulos y colegas hasta nuestros días (255). No podemos dejar esta cuestión sin hacer una breve reflexión sobre la importancia cristológica de su teología de la historia (269).
Josef Ratzinger y Adolphe Gesché
Indudablemente en este libro emerge con una gran fuerza la figura de Josep Ratzinger-Benedicto XVI (1927-2022), y sus obras fundamentales que marcaron la teología de su tiempo y siguen fecundando a muchos teólogos actuales. A ello hay que sumar la aportación fundamental a la teología como prefecto del Dicasterio de Doctrina de la Fe durante años y, finalmente, desde su magisterio papal.
Deseo terminar esta breve reseña con una referencia a un teólogo menos conocido por el gran público pero muy valorado por los teólogos, el belga Adolphe Gesché (1928-2003), profesor de la Facultad de Teología Católica de Lovaina y miembro de la Comisión Teológica Internacional del 1992 al 2002. Es muy importante su estudio acerca de la naturaleza de la teología: “el servició intelectual dela fe” (229).
La teología del siglo XX




