El proceso de beatificación y canonización del matrimonio formado por Tomás Alvira (1906–1992) y Paquita Domínguez (1912–1994), tuvo lugar en la archidiócesis de Madrid y obtuvo el decreto de validez en el Dicasterio en el 2016. Se trata de una de las causas de canonización más extendidas en su devoción en el mundo entero. Ambos buscaron la santidad en la vida cotidiana y el amor conyugal y familiar dentro de la Iglesia católica contemporánea. Ambos, aragoneses de origen, dedicaron su vida a la docencia y a su numerosa familia (tuvieron nueve hijos), siendo además de los primeros supernumerarios del Opus Dei, Tomás se incorporó en 1947 y Paquita en 1952.
Recientemente (en julio de 2026), se ha entregado en el Vaticano la Positio de su causa de canonización, lo que los sitúa un paso más cerca de ser declarados venerables. José Carlos Martín de la Hoz fue el postulador diocesano de la Causa, actualmente en su fase romana, conoce de cerca la vida del matrimonio y nos da algunas claves de su vida.
Con la reciente entrega de la Positio en Roma, ¿cuáles son los siguientes pasos jurídicos y teológicos en el Dicasterio de las Causas de los Santos para que puedan ser declarados beatos?
–La noticia de la entrega de la Positio en el Dicasterio, es decir, la elaboración de la síntesis de la vida, virtudes y fama de santidad y de favores de cada uno de los dos (la santidad es personal) para su estudio por los consultores historiadores, teólogos, canonistas y obispos y cardenales, significa que la voz del pueblo de Dios que es el proceso diocesano, va a ser estudiada por el Dicasterio y llegará, cuando Dios quiera. La voz de la Iglesia que, si es positiva, señalará a este matrimonio como modelos e intercesores del pueblo de Dios y se les denominará Venerables Siervos de Dios.
Para que haya una beatificación se requiere un milagro atribuido a su intercesión. ¿Qué tipo de favores o gracias suelen pedir y reportar las personas que se encomiendan hoy en día al matrimonio Alvira?
–Efectivamente, en una Causa de beatificación y canonización hace falta escuchar la voz del Pueblo de Dios; tanto la recogida de sus escritos y los documentos, como las aportaciones de los testigos que conocieron y trataron a los Siervos de Dios. El estudio de esa documentación por parte del Dicasterio expresaría de manera patente la voz de la Iglesia con el nombramiento de Venerables Siervos de Dios. Pero aún faltaría la última voz: la voz de Dios.
El milagro es la voz de Dios, que señalaría que esa persona podría ser beatificada y daría comienzo al culto público restringido a una diócesis o una familia eclesial, un ambiente, etc. Un segundo milagro indicaría la canonización y extensión mundial del culto público.
Lógicamente, la aparición de un milagro sería la culminación de años de extensión de la devoción privada, en este caso, a un matrimonio cristiano, que estarían obteniendo favores de Dios como intercesores para el pueblo cristiano y, a la vez, estarían siendo modelos y amigos de muchos cristianos del mundo entero que confiaron en ellos como amigos de Dios e intercesores.
¿Qué anécdota del matrimonio Alvira le parece que ilustra bien su santidad?
–El hecho de que los dos, marido y mujer, estén en proceso de beatificación y canonización implica que estamos ante una causa de matrimonio, es decir, que los dos presumiblemente han llegado a vivir, con la ayuda del Espíritu Santo la plenitud de la vida cristiana y han practicado las virtudes en grado heroico a través del amor entre los esposos. Por tanto, pueden ser propuestos como modelos al Pueblo de Dios
Esta sería la gran anécdota que vivieron estos esposos: enamorarse cada día más y más, de modo que ese inmenso amor que se tenían se iba contagiando a los hijos, familiares, amigos y compañeros de trabajo. De ese modo, como decía el Papa Francisco en “Fratelli Tutti”, contribuyeron a la revolución de amor que es el cristianismo.
San Josemaría Escrivá solía decir que debían hacer de su casa un «hogar luminoso y alegre». En la práctica diaria, con las estrecheces económicas que vivieron al principio, ¿cómo lograban mantener ese ambiente positivo en casa?
–Tomás y Paquita eran conscientes de que el único camino para amarse cada día más era sencillamente buscar amar a Dios sobre todas las cosas. De ese modo cimentando sus vidas en el amor a Dios supieron amarse entre ellos y trascender ese amor, por contagio a quienes les rodeaban.
Los hijos les veían rezar muchas veces a lo largo del día, acudir a la Santa Misa, rezar el rosario en familia, mirar a una imagen de la Virgen que estaba colgada en la pared o rezar al levantarse y al irse a descansar. Siempre les veían sonrientes y confiados en el amor de Dios que sustenta todos los amores de la tierra y, sobre todo, les veían mirarse enamoradamente y mirarles a ellos con infinita ternura.
Uno de los pilares de la educación de los Alvira era el respeto a la libertad de sus hijos. ¿Cómo equilibrar la disciplina y la transmisión de valores cristianos con el fomento de la autonomía personal de cada hijo?
–El secreto de la educación de los hijos estaba en el inmenso cariño y confianza con que les trataban. Iban dándoles poco a poco más libertad hasta confiar plenamente más en su palabra que si cien notarios afirmaran lo contrario.
Ciertamente, debían corregirles como todos los padres deben hacerlo, pero ellos siempre sabían esperar a corregir a estar desenfadados, de modo que corregían las cosas una a una, dando siempre aliento y esperanza pues aquel asunto era claro que lo iban a superar con la gracia de Dios y el amor y la confianza con la que se lo estaban proponiendo.
Tomás Alvira no fue un profesor convencional; introdujo conceptos revolucionarios para su época en el Instituto Ramiro de Maeztu y en el Colegio de Huérfanos de la Guardia Civil. ¿En qué consistía su método de «Aula viva» y por qué se le considera un pionero de la pedagogía activa?
–Recuerdo que Tomás Alvira fue mi profesor de Ciencias Naturales en 5º de bachillerato en el Instituto Ramiro de Maeztu. Era muy amigo de mi padre y me trataba con mucho cariño como si fuera hijo suyo. Un día me dijo mientras observaba en un microscopio una roca de olivino: “Si hemos de alabar a Dios por la belleza macroscópica de la Naturaleza, aún más hemos de alabar a Dios por la belleza microscópica”. Un día caí en la cuenta de que lo mismo hacía con los demás alumnos: el secreto de la pedagogía de Tomás y de Paquita era querer a las almas y abrirles horizontes en la vida.
Mientras Tomás destacaba en ámbitos académicos públicos, Paquita realizaba una labor social y formativa enorme, especialmente con empleadas del hogar y mujeres de su entorno. ¿Cómo era este apostolado y qué impacto tuvo en esas mujeres?
–Paquita había sido maestra en unos pueblos de Huesca antes de casarse y dedicarse por entero a sacar adelante una familia numerosa, prácticamente sin ayuda durante muchos años de su vida. De la misma manera que puso amor y dedicación a aquellos niños y niñas y sus familias en Bureau, lo ponía con las empleadas del hogar o con las personas más jóvenes que tenía a su lado. Con Paquita se aprende una realidad muy sencilla: una maestra no deja de serlo nunca.
Al final de sus vidas, ambos pasaron por procesos patológicos muy duros (Tomás un cáncer y Paquita una enfermedad cerebral). ¿Cómo vivieron esta última etapa de dolor físico y qué testimonios dejaron a quienes los cuidaban.
–Cuando se ama mucho y se crea una familia tan bonita y unida como ellos lograron, entonces, esa escuela de amor sirve para aprender todas las lecciones de la vida: las aparentemente agradables, como las aparentemente desagradables: los golpes de la vida, lo que hacen es hacernos madurar en el amor.
La escuela del dolor, de la santificación de las limitaciones físicas, la fatiga, la sordera, el no valernos por nosotros mismos, nos hacen más humildes, obedientes y sencillos: la santidad es un don de Dios que se expresa en el regalo de las virtudes donde Dios se vuelca con el poco esfuerzo que ponemos que es la libertad.
¿Qué singularidad teológica y pastoral aporta el hecho de que la Iglesia estudie la santidad de Tomás y Paquita de manera conjunta, como matrimonio, en lugar de individualmente?
–Dios desea enseñarnos que el fin del matrimonio es esencialmente el amor entre los esposos. Un amor de tal categoría que cuando llega el día de la boda y se recibe el sacramento del matrimonio ese amor natural se convierte, con la gracia de Dios, en amor sobrenatural que dura eternamente.
La santidad es un don de Dios como lo es el amor que Dios alcanza en cada uno de nosotros y en los esposos cristianos. Descubrir la fecundidad de ese amor es la clave de la felicidad. El santo Padre Benedicto XVI lo expresó muy bien en su primera Encíclica “Deus caritas est”.





