En el Perú la piedad popular está extendida por todo el territorio nacional. Existen ciento de devociones con sus respectivas fiestas y procesiones. Se podría decir que cada pueblo tiene su patrón y el día de su fiesta se celebra por todo lo alto. Cuando miramos hoy la Iglesia en el Perú vemos numerosas diócesis, prelaturas y vicariatos apostólicos extendidos por todo el territorio peruano. En cada sitio la religiosidad popular es bastante contundente. El Papa Francisco decía que el Perú era una tierra ensantada. En cada ciudad y en cada pueblo hay alguna devoción y el día de fiesta se celebra por todo lo alto.
En Lima la procesión del Señor de los Milagros congrega a millones en el mes de Octubre, en Puno la fiesta de la Virgen de la Candelaria, en Cuzco la procesión del Corpus Christi, en Arequipa la Virgen de Chapi, en Ayacucho, la semana santa, en Piura el Señor del Cautivo, en Chiclayo el Divino Niño de Eten, en Ica el Señor de Luren y así en muchas otras provincias del territorio nacional hay algún santo patrón o alguna devoción bien arraigada.
Además, en las distintas circunscripciones eclesiásticas se enseña el catecismo, se prepara a los fieles para que reciban los sacramentos y se les ayuda a ser buenos cristianos.
Separación Iglesia-Estado y colaboración mutua
En cambio, en el Estado las autoridades quieren resaltar el carácter laico de sus instituciones, que lógicamente no corresponden a un gobierno teocrático. No se ha llegado al extremo de prohibir los crucifijos y quitar de los organismos estatales cualquier signo cristiano. En esas instituciones podemos encontrar imágenes o cuadros de la Virgen o de algún santo peruano. Ahora también se han multiplicado las fotografías del Papa León XIV, solo por el hecho de ser peruano.
En lo jurídico existe una clara y saludable separación entre la Iglesia y el Estado, pero existe también un convenio por el cual el Estado peruano reconoce y valora a la Iglesia católica. El artículo primero del convenio dice así: “La Iglesia Católica en el Perú goza de plena independencia y autonomía. Además, en reconocimiento a la importante función ejercida en la formación histórica, cultural y moral del país, la misma Iglesia recibe del Estado la colaboración conveniente para la mejor realización of su servicio a la comunidad nacional”.
Las relaciones siempre han sido muy buenas y cordiales con todos los poderes del Estado. Cuando hay una fiesta importante nunca falta el apoyo de las autoridades. Todo lo organizativo está muy bien, pueden darse las fiestas, las procesiones, con las Misas correspondientes, que están incluidas en los calendarios. La vida religiosa se nota en el país.
Una preocupación y un permiso eclesial
El Padre Ángel Ortega, ya curtido en años, con mucha experiencia, fue de la primera promoción de los ordenados en Yauyos y pasó hace unos años a la diócesis de Lima.
En su nuevo encargo vio que los organismos estatales no tenían capellán. Con esa preocupación buscó al obispo de Lima para que le diera permiso de atender a los magistrados del poder judicial, que era, lo que en ese momento podía tener más a mano. El obispo le dio el permiso y cuando llegó al Palacio de justicia los magistrados se pusieron contentos y le dijeron que desde hacía años tenían la ilusión de tener una capilla, porque en ese lugar circulaba mucha gente que sufría con problemas serios, por los casos que se estaban tratando a nivel judicial, y una capilla podría ayudarles a recibir el consuelo de Dios o de la Virgen María que necesitaban con urgencia.
El nacimiento de la capilla judicial
El Padre Ángel empezó a moverse para instalar la capilla. Primero encontró el lugar ideal, al lado del pasillo de entrada por donde pasaba mucha gente y podían ver que hay una capilla para entrar y rezar. Enseguida le pidió ayuda a un sacerdote arquitecto que le hizo el diseño del retablo y le ayudó a encontrar todo lo necesario para tener un lugar digno y elegante, con Sagrario, para que el Señor esté siempre presente. Los funcionarios de ese poder del Estado colaboraron con el proyecto. Hasta que se pudo instalar la por fin capilla, con la alegría de todos.
Estuvieron en la inauguración el Cardenal de Lima y el presidente de la Corte Suprema. El Cardenal Juan Luis Cipriani consagró la capilla. Las autoridades habían firmado antes un acta de reconocimiento y autorización.

Extensión de la iniciativa a las provincias
Ahora en la Capilla hay Misa diaria y a lo largo del día entran muchas personas a rezar. El Padre Ángel tiene un horario de atenciones que se extiende a matrimonios, defunciones y visitas de enfermos. La capilla del Palacio de Justicia de Lima es ahora un lugar importante que ha ayudado mucho a la piedad de la gente y de bastantes autoridades judiciales.
El Padre Ángel es un hombre de gestión y acción, sabe encontrar los medios para los proyectos que se propone. Decidió hacer extensiva esta iniciativa a los palacios de justicia que existen en las provincias del Perú. Con esa ilusión empezó a viajar. Y ahora ha logrado construir varias capillas en esas instituciones estatales con la ayuda y el reconocimiento de las autoridades.
El Padre Ángel sabe que, en el Perú, cuando un sacerdote se propone sacar un proyecto que sea para la gloria de Dios y en bien de las almas, ese proyecto sale adelante. Por eso el Padre no se quedó corto y acudió al Ministerio público y al Congreso de la República y allí también pudo construir capillas, que ahora están en pleno funcionamiento. El Padre Ángel Ortega se ha ganado el prestigio y la fama frente a magistrados y congresistas y ahora se le conoce como el ángel de los jueces y los gobernantes.
Sacerdote peruano





