Vaticano

Lo que África recordará de la visita del Papa León XIV

El Pontífice visitó África del 13 al 23 de abril, en un periplo que le llevó por Argelia, Camerún, Angola y, finalmente, Guinea Ecuatorial.

Francis Nyatundo·15 de junio de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos
África León XIV

Anta Misa en Malabo, Guinea Ecuatorial, el 23 de abril de 2026. ©OSV News/Matteo Pernaselci, Vatican Media

Ya en mayo de 2025, el mes de su elección, León XIV pensó en realizar su primer viaje papal a África. No pudo llegar a materializarse, pues finalmente realizó su primer viaje a Turquía y al Líbano. Pero más vale tarde que nunca: del 13 al 23 de abril, el Papa estadounidense visitó África, comenzando por la cuna de San Agustín, la actual Annaba, en Argelia.  Desde Argelia, en el norte, visitó Camerún, en el centro de África; luego, Angola, hacia el sur; y, finalmente, hacia el oeste, Guinea Ecuatorial.

Sus hijos e hijas de todo el continente, no solo de los cuatro países, siguieron su visita con gran entusiasmo. Estaban ansiosos por escuchar su voz y dispuestos a prestarle atención. He aquí cinco mensajes del Papa que los católicos de África recordarán de la visita apostólica.

Un llamamiento a la paz

El tema de la paz está siempre presente en la enseñanza del Papa León XIV. Se ha comentado que el tema de la paz definirá su pontificado. Al visitar el continente africano, devastado como está por los conflictos armados, el Papa exhortó a los fieles y también a las autoridades civiles sobre la necesidad de trabajar por la paz. La paz, dijo en Yaundé (Camerún), «no se puede decretar: hay que abrazarla y vivirla».

La verdadera paz es «desarmada» y «desarmante». Es desarmada porque «no se basa en el miedo, las amenazas o las armas».  Es desarmante «porque es capaz de resolver conflictos, abrir los corazones y generar confianza, empatía y esperanza». No debe reducirse a un mero eslogan, sino que «debe encarnarse en un modo de vida que renuncie a toda forma de violencia, tanto personal como institucional».

En Argel (Argelia), el Papa propuso el diálogo intercultural e interreligioso como un camino enriquecedor hacia la paz y la unidad. Destacando la identidad especial de Argelia como «puente entre el Norte y el Sur, y entre Oriente y Occidente», nos exhortó a fomentar «el enriquecimiento mutuo entre los pueblos y las culturas» y, de este modo, «multiplicar los oasis de paz».

El liderazgo significa servicio

El Papa se pronunció con claridad sobre el grave deber que los políticos y las autoridades civiles tienen para con aquellos a quienes gobiernan. En Yaundé, el Papa instó a romper las «cadenas de la corrupción» que «desfiguran la autoridad y la despojan de su credibilidad». En Argel, el León León XIV pidió a los líderes que fueran protagonistas de la paz y la justicia, salvaguardando la dignidad de todos y abriéndose «a dejarse conmover por el dolor de los demás, en lugar de multiplicar los malentendidos y los conflictos». Están llamados a liderar fomentando la cooperación en pro del bien común, sin buscar dominar. El liderazgo consiste en el servicio a los demás, «dedicarse, con mente clara y conciencia recta, al bien común de todo el pueblo de la nación». 

En Luanda (Angola), el Papa aconsejó a los gobernantes que no temieran el desacuerdo. No deben «reprimir las ideas de los jóvenes ni los sueños de los mayores, sino saber gestionar los conflictos transformándolos en caminos de renovación».

Con especial énfasis, el papa León advirtió contra una «sed idolátrica de lucro» y una «lógica del extractivismo» que deja a muchos desposeídos. En su lugar, abogó por el «verdadero lucro», que es el resultado del «desarrollo humano integral».

Cristo sacia nuestra hambre y sed de justicia

El Papa León XIV reconoció el gran hambre y sed de justicia que se observa en todo el mundo. «Vivimos, de hecho, en una época en la que la desesperanza es rampante y una sensación de impotencia tiende a paralizar la renovación tan profundamente deseada por los pueblos. ¡Hay tal hambre y sed de justicia! ¡Una sed de implicación, de visión, de opciones valientes y de paz!». 

Todo corazón humano anhela ser liberado. En una homilía en Suarimo (Angola), el Papa proclamó que «no hemos nacido para ser esclavos ni de la corrupción de la carne ni de la del alma: toda forma de opresión, violencia, explotación y deshonestidad niega la resurrección de Cristo, el don supremo de nuestra libertad». 

En Cristo, este hambre se sacia definitivamente: «A través de la Pascua de Jesús, el éxodo definitivo, todos los pueblos son liberados de la esclavitud del mal. Al celebrar este misterio salvífico, el Señor nos llama a hacer una elección decisiva: “Quien cree tiene vida eterna”» (Homilía en Malabo, Guinea Ecuatorial).

Los jóvenes llenos de esperanza son tesoros inestimables

El Papa se dirigió con gran entusiasmo a los jóvenes que salieron a recibirlo. En Yaundé, se refirió a ellos como «la esperanza del país y de la Iglesia», y señaló que «su energía y creatividad son tesoros inestimables». Los jóvenes son indispensables en la búsqueda de la paz. «Cuando persisten el desempleo y la exclusión social, la frustración puede conducir a la violencia. Invertir en la educación, la formación y el espíritu emprendedor de los jóvenes es, por lo tanto, una elección estratégica para la paz. Es la única manera de frenar la fuga de talentos maravillosos hacia otras partes del mundo. Es también la única manera de combatir los flagelos de las drogas, la prostitución y la apatía, que están devastando demasiadas vidas jóvenes de una manera cada vez más dramática».

El Papa apeló al espíritu alegre y esperanzado de la juventud africana, refiriéndose a ellos como el «depósito de esperanza y alegría» del mundo porque «siguen soñando y esperando. No se conforman con lo que ya existe; se esfuerzan por superarse, por prepararse para grandes responsabilidades y por participar activamente en la configuración de su propio futuro». (Discurso en Luanda)

Su sed de esperanza, dijo el Papa León XIV a los jóvenes, es saciada por Cristo, que promete un «futuro de esperanza». No un «futuro desconocido que debemos esperar pasivamente, sino uno que nosotros mismos estamos llamados a construir con la gracia de Dios». (Homilía en Mongomo, Guinea Ecuatorial)

El Papa invitó a los jóvenes a acoger la llamada vocacional para ser «sacerdotes, religiosas, religiosos o catequistas» o personas casadas en santo matrimonio. «Estad preparados», exhortó, «para acoger esta vocación como un camino de amor verdadero que crece en la libertad; como un camino de esperanza, nacido de la certeza de que Dios nunca os abandonará; y como un camino de santidad, en el que buscáis siempre el bien y la felicidad de los demás» (Discurso en Bata, Guinea Ecuatorial).

La misión de la universidad

En la Universidad Católica de Yaundé, el Papa esbozó la misión de la universidad «en un momento en que muchos en el mundo parecen estar perdiendo sus puntos de referencia espirituales y éticos». En estos tiempos, «la universidad se destaca como un lugar privilegiado de amistad, cooperación y, al mismo tiempo, de interioridad y reflexión. Desde sus mismos orígenes en la Edad Media, sus fundadores fijaron la Verdad como su meta».

El aprendizaje y la investigación en la universidad, instó el Papa, deben estar abiertos a la «luz benévola» de la fe. Es necesario «pensar en la fe en el marco de los contextos culturales contemporáneos y los retos actuales». 

Las universidades deben ser lugares donde se permita la crítica constructiva de las «cosas nuevas». Las universidades de África están llamadas a «formar pioneros de un nuevo humanismo en el contexto de la revolución digital». El Papa señaló los peligros asociados a las tecnologías emergentes, haciendo hincapié en la necesidad de una auténtica interacción humana. 

El autorFrancis Nyatundo

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