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Fra Giulio Cesareo: “Lo que queda de san Francisco da testimonio de un hombre que no se ahorró nada”

Entrevista a Fra Giulio Cesareo, OFMConv, director de la oficina de comunicación del santo convento de san Francisco, en Asís (Italia).

Maria José Atienza·20 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos
san Francisco

©OSV News/Sam Lucero, CNS

Del 22 de febrero al 22 de marzo de 2026 el cuerpo de san Francisco de Asís será trasladado desde su tumba, situada en la cripta de la basílica franciscana, al pie del altar papal en la iglesia baja. Esta exposición pública de los restos del “poverello” de Asís permitirá su veneración por parte de personas de todo el mundo. 

La Cuaresma de 2026 tendrá un especial significado en Asís. Allí, la basílica que alberga los restos de uno de los santos más importantes de la historia de la Iglesia, san Francisco de Asís, vivirá unas jornadas históricas con la exposición pública, para su veneración, de los restos del santo. 

Será la primera vez que los fieles puedan ver los restos mortales del pobre de Asís en 8 siglos ya que, aunque sí ha sido estudiado y visto por especialistas, nunca se habían expuesto sus restos de este modo. 

Con este motivo, Omnes ha podido hablar con el Director de la Oficina de Comunicación del Santo Convento de San Francisco, el fraile Giulio Cesareo, OFMConv, quien destaca la actualidad del santo de Asís y su deseo de que León XIV pueda ser una de las personas que acudan a rezar ante los restos de san Francisco. 

En las próximas semanas, seremos testigos de un momento histórico con la exposición pública y la veneración de los restos de san Francisco de Asís. ¿Por qué han decidido organizar esta veneración pública?

—Hay dos razones fundamentales: la veneración de las reliquias de los santos es una constante en la historia del cristianismo, al menos en el catolicismo romano y el ortodoxo. De hecho, en la teología cristiana, la vida de un santo no es el resultado de un compromiso extraordinario de un héroe del espíritu, sino el fruto de la docilidad al Espíritu Santo que, según la carta a los Romanos del apóstol san Pablo (Rm 5,5), derrama en nosotros el amor del Padre y así nos convierte en hijos suyos en dignidad y conducta de vida. 

En este sentido, la veneración de las reliquias de los santos es veneración del Espíritu Santo, que ha llenado con su gracia y su acción la vida de ese hombre o mujer de Dios. Es decir, el hombre o la mujer santo son un milagro de Dios y no del esfuerzo humano. Venerar esas reliquias, tan pobres y desgastadas, significa reconocer que la verdadera vida es la que se recibe de Dios mismo y que se manifiesta en nuestra vida en el amor recibido y compartido.

En segundo lugar, creemos que esta lógica de veneración de las reliquias también puede ser una contribución cultural en sentido amplio, si se comprende adecuadamente, tanto entre los creyentes como entre aquellos que no comparten nuestra fe. De hecho, lo que queda del cuerpo de san Francisco, unos pocos huesos, da testimonio de la vida de un hombre que no se ahorró nada y se entregó por completo, siguiendo la lógica que mencionaba antes: al acoger el amor de Dios, “nos convertimos en imitadores de su bondad” (dice el antiguo texto patrístico de la Carta a Diogneto). Jesús, en el Evangelio, expresa esta lógica del don de sí mismo en la parábola de la semilla: “Si la semilla que cae en tierra no muere, queda sola; pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12, 24). 

Los 800 años de historia de la vida franciscana después de la muerte de san Francisco son, en nuestra opinión, una señal elocuente de que en él se ha cumplido realmente esta parábola de Cristo: precisamente porque Francisco murió por amor, entregándose y gastándose por completo, vive y da fruto. De hecho, está vivo entre todos nosotros, que lo reconocemos como maestro, amigo, hermano y padre. He aquí la contribución cultural de la que hablaba antes: dado que nos encontramos en un contexto cultural —al menos el occidental— en el que de muchas maneras nos decimos y nos dicen que debemos ahorrarnos, que no debemos amar demasiado porque si no nos consumimos, san Francisco nos da testimonio exactamente de lo contrario: que amando se muere, sí, pero que esta muerte es en realidad la cuna de la verdadera vida,  la de la comunión de quienes realmente dan fruto. 

¿Qué podemos aprender hoy del poverello de Asís?

—Para nosotros, los frailes de Asís, el corazón más sintético y profundo de la experiencia franciscana es esta vida totalmente involucrada en una experiencia de benevolencia -la de Dios, que se manifiesta no de forma abstracta, sino en las relaciones concretas con las personas con las que se encontraba cada día- que le llevó a vivir según la misma dinámica, la del don de sí mismo. Vivir así significa gastarse, consumirse, donarse precisamente. 

La vida de Francisco está resumida por Giotto en cuatro imágenes que se destacan justo encima del altar de la iglesia inferior, y por lo tanto sobre su tumba: Francisco vive en pobreza (comparte con los necesitados), en obediencia (escucha al otro, tanto…) y en castidad (es fiel a las relaciones, no traiciona). Quien vive así, a los ojos de nuestra mentalidad, es un perdedor, es alguien que se priva del gusto por la vida, es un poco iluso; a los ojos de Dios, en cambio, quien vive así, como nos muestra Giotto, está sentado en el trono, reina. Amar, es decir, donarse, no es una derrota, sino nuestra verdadera grandeza. Y creo que a todos, a todos sin excepción, creyentes y no creyentes, frailes y no frailes, franciscanos y no franciscanos, nos viene bien este testimonio de san Francisco.

El amor por los pobres, el cuidado de la creación… en los últimos años estos han sido temas fundamentales en la predicación de la Iglesia. ¿Es san Francisco de Asís un santo siempre actual? ¿De qué manera los frailes franciscanos actualizan este mensaje?

—Francisco es esto —amor por los pobres, cuidado de la creación—, pero también mucho más: me gusta definirlo como una especie de «positiva» caja de Pandora. Lo que quiero decir, sin embargo, es que Francisco no está solo y no comunica solo lo que hoy nos parece urgente y/o actual. 

Francisco es un místico, un hombre de oración, una persona llena de misericordia y paciencia con quienes se equivocan, es un predicador itinerante, es un promotor y mediador de la paz, es un hombre de diálogo con cualquiera, es un artista, un poeta, pero también un gran educador, etc. 

Nosotros, los frailes, sin estar en modo alguno a su altura, tratamos de compartir su testimonio (que, en mi opinión, es mucho más que un simple mensaje), compartiendo ante todo la raíz de su profundidad humana y espiritual, que para nosotros es el vínculo con Cristo, el Amor hecho hombre.

A partir de esto, en cada contexto, en cada fraternidad, en la actuación de cada fraile, se busca compartir su persona, sus intuiciones, para que se conviertan en inspiración para quienes entran en relación con nosotros. Yo, por ejemplo, estoy encargado por la fraternidad de ocuparme principalmente de actividades culturales: de esta manera trato de revelar las implicaciones culturales del carisma de Francisco. 

No en vano, el festival cultural que organizamos cada año en Asís, el Cortile di Francesco, está concebido como la expresión cultural de la fraternidad, la herencia de Francisco: el evento está pensado y orientado como una experiencia de enriquecimiento mutuo en torno a los temas que se abordan o celebran, porque no hay nadie que no tenga algo que aportar a los demás, ni que no tenga algo que aprender de los demás, independientemente de que sea un experto o una persona sencilla. Y mutatis mutandis, existen dinámicas similares en los diversos contextos en los que operan los frailes, para compartir la solidaridad con quienes están en dificultades, para favorecer los derechos de quienes los ven pisoteados y negados, para promover la paz, para invitar a custodiar junto a nosotros la creación, etc.

¿Cómo se preparó esta exposición y veneración del cuerpo de San Francisco? ¿Cómo pueden venerarlo y rezar ante él quienes visitan Asís?

—La veneración de los restos de Francisco se preparó con mucha reflexión, intercambio de opiniones y buscando la experiencia y la competencia de muchas personas, eclesiásticas y no, porque nos damos cuenta de que será un evento realmente especial, único en su género. También se ha reflexionado sobre el significado del legado de Francisco y sobre las intuiciones que desde el principio tuvieron sobre él sus compañeros del primer siglo franciscano. Hay personas que han rezado especialmente por esto, hemos dialogado con las autoridades de la Iglesia local -el obispo de Asís- y con los demás franciscanos de la ciudad, con nuestros superiores, así como con el Santo Padre, primero Francisco y luego León XIV. 

Para participar en la veneración es necesario reservar en la página web www.sanfrancescovive.org o, para las personas de habla hispana, en www.sanfranciscovive.org, aunque los textos de la página web solo están en italiano o en inglés. Es necesario reservar, de forma gratuita, por cuestiones de seguridad y para garantizar la tranquilidad de todos. Hay dos itinerarios posibles: la opción A, dirigida a grupos reducidos y acompañados por un fraile; y la opción B, diseñada para realizar el recorrido de forma autónoma.

Toda la información y aclaraciones en la página web. Desde la página web también se puede contactar con el servicio de atención al cliente por correo electrónico, después de realizar la reserva o para ayudarle en el proceso de reserva.

 El Papa firmó su primera Exhortación Apostólica en la festividad de san Francisco de Asís. ¿Se espera que el Papa León XIV participe en este momento histórico?

—Lo deseamos con todas nuestras fuerzas. Pero, aparte de este deseo, por ahora no puedo decirle nada más. 

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