Vaticano

León XIV escribe a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X: «Con el corazón afligido siento el deber de pediros que desistáis de vuestro propósito»

El Papa León ha dirigido una carta a la Fraternidad San Pio X tendiendo un puente al diálogo y rogando que desistan del acto cismático de esta institución.

Maria José Atienza·30 de junio de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos
peregrinación organizada por la Sociedad de San Pío X

Foto: Peregrinación jubilar de la Sociedad de San Pío X en Roma en agosto de 2025 ©OSV

El Pontífice ha dirigido una carta a Davide Pagliarani, Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, en la que, «con el corazón afligido, pero aún lleno de esperanza», pide a los obispos, sacerdotes, seminaristas y fieles vinculados a esta Fraternidad, reconsiderar el «acto cismático» que esta institución haría realidad con las consagraciones episcopales sin mandato pontificio anunciadas por la Fraternidad.

El Papa destaca en esta carta, fechada en la solemnidad de los apóstoles Pedro y Pablo, que «la Iglesia reconoce el apego a la vida litúrgica, el compromiso con la formación sacerdotal, el celo apostólico y el deseo de fidelidad a la Tradición que caracterizan a muchas personas y comunidades vinculadas a dicha Fraternidad».

Una valoración y aprecio que «ha motivado la actitud de atención y benevolencia que mis predecesores os han manifestado constantemente».

Un camino de diálogo y entendimiento

El Papa, quien ha destacado desde el inicio de su pontificado el valor y la importancia de la unidad de la Iglesia, teniendo en cuenta la diversidad de sus carismas, pide en esta misiva con fuerza a los integrantes de la Fraternidad una reconsideración de este «pulso» lanzado a Roma, teniendo en cuenta «el bien espiritual de los fieles, pues el acto cismático que cometeríais les privaría de la recepción lícita y, en algunos casos, incluso válida, de los sacramentos que aman y buscan para su santificación».

León XIV «con el corazón afligido, pero aún lleno de esperanza, siento el deber de pediros que desistáis de vuestro propósito», ha realizado este último gesto de acercamiento apenas unas horas antes de la consumación de este cisma.

El Papa ha mostrado la disposición de la Iglesia a «emprender un camino de diálogo y entendimiento que el Espíritu Santo pueda hacer posible y fecundo», con el objetivo de evitar un acto que supondría, además de la herida eclesial, un retroceso en las conversaciones y unión con Roma de esta institución.

Una historia compleja: La FSSPX y la Santa Sede

Las relaciones de la Fraternidad Sacerdotal de San Pio X con la Santa Sede han estado marcadas por la complejidad prácticamente desde sus inicios.

Nacida en el seno de la Iglesia católica, fundada por Marcel Lefebvre, la Fraternidad Sacerdotal San Pio X (FSSPX) fue erigida canónicamente en 1970 en la diócesis de Friburgo.

Poco tiempo después, su fundador manifestaba su rechazo a puntos clave del Concilio Vaticano II, no sólo en materias de liturgia sino en otros aspectos como la concepción de la libertad religiosa y el ecumenismo o la colegialidad como forma de gobierno en la Iglesia.

En 1975, la Santa Sede retiró la aprobación de la Fraternidad (la tenía temporal, por 6 años) y ordenó a Lefebvre cerrar el seminario que tenía la Fraternidad. Lefebvre no cerró el seminario sino que incluso ordenó, sin autorización, a un grupo de sacerdotes, lo que acarreó una suspensión «a divinis» de Marcel Lefebvre.

Relación con Juan Pablo II

Bajo el pontificado de Juan Pablo II, las idas y venidas con la Fraternidad continuaron. En 1984, la congregación para el Culto Divino publica Quattuor Abhinc Annus a través de la que permitió la celebración de la misa en rito tridentino, siempre y cuando «conste sin ambigüedades que tales sacerdotes y fieles no tienen parte con los que dudan de la legitimidad y rectitud doctrinal del Misal Romano promulgado por el Romano Pontífice Pablo VI en 1970” (es decir, acepten la legitimidad de la Misa Novus Ordo) y siempre con la aprobación del Obispo diocesano.

Lefébvre criticó esta instrucción aunque, en los años sucesivos, mantuvo varias reuniones y acercamientos con la Santa Sede.

De hecho, en 1988, las conversaciones parecían haber llegado a un punto de entendimiento pero, sorpresivamente, un día antes de la firma que hubiera supuesto la vuelta de la Fraternidad a la Iglesia, su fundador se echó atrás y aumentó la tensión anunciando la ordenación episcopal, sin mandato apostólico, a cuatro de sus seguidores.

Marcel Lefebvre murió en 1991 sin manifestar su adhesión con la Santa Sede a pesar de los intentos de San Juan Pablo II.

La comisión Ecclesia Dei

Ese mismo año, 1988, la Santa Sede creó la comisión pontificia Ecclesia Dei, “con la tarea de colaborar con los obispos, con los dicasterios de la Curia Romana y con los ambientes interesados, para facilitar la plena comunión eclesial de los sacerdotes, seminaristas, comunidades, religiosos o religiosas, que hasta ahora estaban ligados de distintas formas a la Fraternidad fundada por el arzobispo Lefebvre y que deseen permanecer unidos al Sucesor de Pedro en la Iglesia católica”.

A través de esta figura, diversos grupos lefebvrianos entraron en comunión con la Iglesia católica como la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro, el Instituto del Buen Pastor o la Unión Sacerdotal San Juan María Vianney.

Benedicto XVI, en 2009, levantó la excomunión a estos cuatro obispos de la Fraternidad con el deseo de «consolidar las relaciones recíprocas de confianza, así como intensificar y hacer estables las relaciones de la Fraternidad San Pío X con la Sede apostólica». El Papa, que había liderado las infructuosas conversaciones con el fundador hasta 1988 animaba, con este paso a «la plena comunión de toda la Fraternidad San Pío X con la Iglesia».

En una clarificadora carta dirigida a los obispos, explicando esta decisión, Benedicto XVI recordaba además que «la excomunión afecta a las personas, no a las instituciones. Una ordenación episcopal sin el mandato pontificio significa el peligro de un cisma, porque cuestiona la unidad del colegio episcopal con el Papa». Además el Papa explicaba que hasta que «la Fraternidad no tenga una posición canónica en la Iglesia, tampoco sus ministros ejercen ministerios legítimos en la Iglesia. 

Aunque en este tiempo se fueron dando diferentes acercamientos, la actitud negativa de la FSSPX a reconocer el Catecismo de la Iglesia Católica, el Magisterio del Concilio Vaticano II y la legitimidad de la Misa Novus Ordo han continuado a lo largo de estos años.

Estancamiento y aumento de las tensiones

Bajo en pontificado de Francisco, el Papa admitió la validez de algunos sacramentos otorgados por sacerdotes de la Fraternidad (como confesiones y bodas), por el bien del alma de los fieles. Sin embargo, no hubo ningún tipo de avance, más bien al contrario, en la aceptación del Concilio Vaticano II por parte de la FSSPX.

En 2019, la comisión Ecclesia Dei fue absorbida por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, por lo que el cardenal Víctor Manuel Fernández asumía la dirección de las conversaciones con el grupo tradicionalista.

El último desencuentro y el peligro de cisma

Los últimos años han sido especialmente turbulentos en lo que se refiere a la relación de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X

El 12 de febrero de 2026, tras una reunión con el Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Mons Víctor Manuel Fernández, propuso «un proceso de diálogo específicamente teológico, con una metodología bien definida, sobre temas que aún no han sido suficientemente precisados, como: la diferencia entre el acto de fe y el ‘respeto religioso de la mente y la voluntad’, o los distintos grados de adhesión que exigen los diversos textos del Concilio Ecuménico Vaticano II y su interpretación».

El prefecto pedía, además, a la Fraternidad suspender las ordenaciones episcopales anunciadas el 2 de febrero anterior, ya que ello «implicaría una ruptura decisiva de la comunión eclesial (cisma) con graves consecuencias para la Fraternidad en su conjunto».

Pagliarani respondió con una negativa, alegando «que no podemos llegar a un acuerdo sobre la doctrina» y mantenía la ordenación episcopal ilícita. Una situación que ha llegado hasta el día de hoy, en el que el Papa ha tendido, «in extremis» la mano para evitar una situación que supondría la ruptura de facto de la comunión eclesial.

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