El cardenal Robert Sarah, prefecto emérito de la Congregación para el Culto Divino, pronunció el 15 de julio en la Sala SPAAK del Parlamento Europeo una «Lectio magistralis» sobre las relaciones entre Europa y África, por invitación del grupo ECR (Conservadores y Reformistas Europeos), junto con Sos Chrétiens d’Orient y Pro Vita e Famiglia.
En un discurso de fuerte carga teológica y política, el purpurado guineano planteó una pregunta que, dijo, es «decisiva para el futuro de nuestros dos continentes»: «¿podemos aún entendernos?».
Una crisis del lenguaje y de la razón
El eje central de la intervención fue la denuncia de una progresiva vaciedad del vocabulario compartido entre Europa y África. Sarah se preguntó si palabras como «derechos humanos», «dignidad», «desarrollo», «libertad», «salud», «género» o «familia» «significan aún la misma cosa para quienes las pronuncian en Bruselas, en Estrasburgo, en Kampala o en Conakry».
El cardenal tomó como clave de lectura una frase pronunciada por el Papa León XIV en enero, ante el Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede: «Necesitamos que las palabras vuelvan a expresar de modo inequívoco realidades ciertas. Solo así puede reanudarse un diálogo auténtico y sin malentendidos». A partir de esta cita, Sarah sostuvo que la crisis actual —geopolítica, de los derechos, del multilateralismo— es «en su raíz, más allá del lenguaje: una crisis del logos, de la razón».
Según el purpurado, el dossier preparado para el encuentro muestra «con documentada claridad» cómo, en la relación entre la Unión Europea y África, «las palabras son hoy usadas no para revelar la realidad, sino para ocultarla o incluso para invertirla». Puso varios ejemplos: se habla de «salud sexual y reproductiva» y se entiende, dijo, «el acceso al aborto»; se habla de «igualdad de género» y se entiende «la deconstrucción de la diferencia sexual entre hombre y mujer inscrita en el cuerpo del ser humano»; se habla de «derechos humanos» para los países africanos y se entiende «la imposición de categorías jurídicas ajenas a nuestra historia, a nuestra fe, a nuestra cultura, a nuestra visión antropológica».
Para Sarah esto no es «un problema de semántica académica», sino «un problema político, un problema de verdad, de honestidad en las relaciones humanas». Un vocabulario ambiguo en tratados y resoluciones, afirmó, se convierte en «instrumentos de perversión y de poder silencioso, de neocolonialismo cultural y económico», ya que «quien controla el significado de las palabras controla, de hecho, el resultado de la negociación, sin que la otra parte se dé cuenta». El cardenal anunció que intentaría «iluminar» este fenómeno «a la luz del Evangelio y de la razón».
El magisterio de Benedicto XVI sobre el logos
Sarah recordó tres discursos de Benedicto XVI —Ratisbona (2006), el Collège des Bernardins de París (2008) y el Bundestag alemán (2011)— como diagnóstico previo de esta crisis. En Ratisbona, Benedicto XVI subrayó que Dios actúa «con logos», es decir con razón y palabra a la vez, y advirtió que una razón «sorda» a lo divino «se vuelve incapaz de insertarse en el diálogo de las culturas». En París, propuso el camino del quaerere Deum y alertó de que «una cultura meramente positivista […] sería la capitulación de la razón». En el Bundestag preguntó: «¿Cómo puede la razón reencontrar su grandeza sin resbalar en lo irracional?».
Colonización ideológica, aborto, género y autodeterminación de los pueblos
En el resto de la intervención, el cardenal desarrolló estas ideas en varios frentes concretos:
- La «colonización ideológica». Citando al Papa Francisco —quien acuñó la expresión en Manila en 2015 («Estemos atentos a las nuevas colonizaciones ideológicas […] entran en un pueblo con una idea que no tiene nada que ver con el pueblo»)—, Sarah sostuvo que categorías como SOGI (Sexual Orientation and Gender Identity) o CSRHE (educación sexual y reproductiva comprensiva), se repiten sistemáticamente en tratados y planes de acción europeos hasta constituir «un verdadero y propio sistema».
- Aborto y derechos reproductivos. El cardenal criticó las resoluciones del Parlamento Europeo de 2022 que piden «dar prioridad al acceso universal al aborto seguro y legal», y contrapuso las constituciones de Kenia y Uganda, que protegen la vida desde la concepción, como ejemplo de «autodeterminación de los pueblos».
- Género y educación. Denunció el Acuerdo de Samoa y el «Gender Action Plan III» de la UE por imponer, según dijo, una «educación sexual y reproductiva comprensiva» y un enfoque «gender-transformative» sin «una consulta real de los pueblos interesados».
- El sistema de condicionalidad europea. Sarah describió un mecanismo «de tres niveles» —normativo, jurídico-convencional y financiero-comercial— que, a su juicio, elude el principio de autodeterminación, poniendo como ejemplo la presión ejercida sobre Uganda en 2023 a raíz de su legislación penal.
- Voces africanas. Citó testimonios de funcionarios africanos que hablan de un «hecho consumado» en las negociaciones («Si no firmas, hay consecuencias») y recordó las palabras del presidente ugandés Museveni en la conferencia de Entebbe (mayo de 2025): «tendremos que retirarnos de aquella absurdidad, y decir a la Unión Europea que no podemos formar parte de aquella iniquidad».
- Balance y llamamiento final. El cardenal insistió en que su intención no es rechazar la cooperación con África, sino pedir que «la cultura de la potencia» se transforme en «civilización del amor». Recordó también su ya célebre imagen, formulada en el Sínodo de 2015, de la ideología de género y el fundamentalismo islámico como dos «bestias apocalípticas». Concluyó pidiendo al Parlamento Europeo «un acto de razón»: verificar si las palabras que pronuncia «honran verdaderamente a la persona humana, a la familia, a la libertad de los pueblos», advirtiendo de que, si no lo hace, «ningún tratado, por bien escrito que esté, podrá colmar la distancia que las ‘palabras traicionadas’ habrán cavado» entre Europa y África.





