– Katarzyna Szalajko, OSV News
Mientras los católicos en Francia acaban de celebrar una iniciativa nacional de oración y ayuno el 20 de febrero, en anticipación de la votación final sobre un proyecto de ley que “lleva a nuestro país por el camino de la eutanasia y el suicidio asistido”, y para “pedirle al Señor que ilumine las conciencias sobre la gravedad de los desafíos que plantea esta ley propuesta”, las cifras de procedimientos de eutanasia aumentan en todo el mundo.
La iniciativa de oración y ayuno fue organizada por la Conferencia episcopal francesa, mientras los legisladores se preparan para una votación decisiva sobre la legislación sobre muerte asistida el 24 de febrero, aunque debe volver de nuevo al Senado. Los prelados franceses temen que una vez que se apruebe el proyecto de ley, la eutanasia podría normalizarse cada vez más, como está sucediendo en bastantes países.
España, 426 casos en 2024: un 27,5 % más
En España, según las estadísticas oficiales recién publicadas, 426 personas murieron en 2024 mediante suicidio asistido o eutanasia aprobados por el Estado en 2021. Esto representa un aumento del 27,54% respecto a las 334 muertes registradas en 2023, y casi un 48% más en comparación con 2022, el primer año completo después de la legalización.
Benigno Blanco, ex presidente del Foro de la Familia, dijo que las actitudes sociales están cambiando gradualmente a medida que la eutanasia se vuelve rutinaria en los informes de salud pública.
“La eutanasia ha comenzado a normalizarse socialmente”, declaró Blanco a OSV News. “Las cifras de casos de eutanasia se publican periódicamente como una estadística más que ya no provoca una reacción fuerte. Nos estamos acostumbrando a la eutanasia como un fenómeno social más, y así es como empieza siempre la banalización de lo legalizado. Tras esa banalización en la conciencia colectiva, el número de prácticas aumenta gradualmente”.
Reino Unido, a punto de legalizarse
El Reino Unido también está a punto de legalizar el suicidio asistido, con debates en curso en el Parlamento y legisladores católicos luchando para detener un proyecto de ley “escandaloso” sobre el suicidio asistido.
Australia, aumento de forma constante
Australia, por su parte, ofrece uno de los casos de estudio más claros sobre cómo evolucionan las leyes de muerte asistida una vez introducidas.
La legalización en el estado de Victoria con la Ley de Muerte Asistida Voluntaria se aprobó en 2017 y entró en vigor en 2019. Desde entonces, se ha extendido a nivel nacional y el número de casos de muerte asistida ha aumentado de forma constante, lo que plantea interrogantes sobre cómo estas leyes transforman las expectativas culturales y la identidad moral de la medicina.
En Nueva Gales del Sur, el segundo informe anual de la Junta de Muerte Asistida Voluntaria muestra que 2.295 personas presentaron una primera solicitud para acceder a la VAD, mientras que 1.028 fallecieron por consumo de una sustancia VAD (Voluntary Assisted Dying, muerte asistida voluntaria).
Xavier Symons: la tendencia, hacia la normalización
El destacado bioeticista y autor australiano Xavier Symons dijo que la tendencia refleja una transformación social más profunda.
“Creo que el creciente número de casos de VAD en Australia refleja tanto la creciente conciencia pública de la eutanasia como una opción para los moribundos como la normalización de la elección de esa opción”, dijo a OSV News Xavier Symons, profesor que dirige el Centro Plunkett de Ética en la Universidad Católica Australiana y el Hospital St. Vincent en Sídney.
Sin duda, otros factores han influido en el aumento de las tasas de VAD en los estados, como la disponibilidad de más profesionales para proporcionar VAD y la presión de los grupos de presión pro-eutanasia para que la eutanasia sea accesible en zonas regionales y remotas. Pero es probable que la actitud social también haya cambiado en los últimos años.
Preocupa que se erosione la idea de que la curación es fundamental para la medicina
Symons dijo que el impacto se extiende más allá de las elecciones individuales de los pacientes y está cambiando el modo en que la sociedad ve la medicina en sí.
“Me preocupa que la DVA erosione la idea de que la curación es fundamental para la medicina”, afirmó. “Estamos presenciando una sustitución de la visión hipocrática de la medicina -que incluye la idea de que el médico tiene el deber de buscar el bien del paciente-, por la idea de que un médico es un proveedor de servicios y debe ayudar a los pacientes que desean terminar con su vida”.
“No todos los médicos practican la eutanasia; muchos son objetores de conciencia. Pero el hecho de que la medicina ahora practique la eutanasia afecta a la percepción que la sociedad tiene de la profesión médica”.

Riesgo de expansión más allá de enfermedades terminales
Symons advirtió que los legisladores de otros países que debaten la eutanasia podrían subestimar cómo los criterios de elegibilidad pueden expandirse con el tiempo.
“El mayor riesgo es establecer un ‘derecho a morir’ que podría extenderse mucho más allá de las enfermedades terminales, permitiendo así el acceso a la eutanasia a todo grupo que la desee”, afirmó. “Esto incluye a personas con enfermedades mentales, personas con enfermedades crónicas e incluso personas cansadas de la vida. Si se afirma que algunas personas tienen derecho a la eutanasia, es difícil negar la conclusión de que todas las personas tienen derecho a la eutanasia”.
Eutanasia, legal en varios países
En todo el mundo, las leyes sobre muerte asistida se han expandido de manera constante durante la última década.
La eutanasia -en la que un médico administra directamente medicamentos para acabar con la vida-, ahora es legal bajo criterios definidos en varios países alrededor del mundo, incluidos los Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, España, Canadá, Colombia, Nueva Zelanda y Australia, entre otros.
Realidad compleja
Los proveedores de salud católicos en Australia dicen que están atravesando una nueva realidad compleja, buscando mantener compromisos de larga duración con los cuidados paliativos mientras operan dentro de sistemas donde la muerte asistida es legal.
Adrian Kerr, hablando en nombre de Catholic Health Australia, enfatizó las raíces históricas de la atención católica al final de la vida en el país.
“Fue una orden religiosa católica —las Hermanas de la Caridad— la que fundó el primer servicio de cuidados paliativos de Australia en Sídney en 1890”, declaró a OSV News. “Ese servicio se estableció para brindar atención a quien la necesitara. Forma parte de un largo legado de atención que involucra a los miembros de Catholic Health Australia, del cual nos sentimos inmensamente orgullosos; un reflejo del compromiso del Buen Samaritano, respondiendo a las necesidades, sin importar de quién se trate”.
Kerr dijo que los centros católicos continúan rechazando la participación en la muerte asistida voluntaria aunque siguen comprometidos con el cuidado de todos los pacientes.
Campaña masiva de los obispos franceses: urge centrarse en los cuidados paliativos
Haciéndose eco de una campaña masiva de los obispos franceses, instando a centrar los esfuerzos públicos en los cuidados paliativos en lugar de la muerte asistida, Adrian Kerr dijo que la experiencia demuestra que el acceso a cuidados paliativos de calidad puede influir significativamente en las decisiones de los pacientes.
“Hemos descubierto que es muy poco frecuente que una persona tome una decisión definitiva sobre el DAV”, afirmó. “Algunos lo hacen porque su dolor y síntomas no se controlan bien, o porque experimentan algún tipo de angustia. Podemos, y de hecho lo hacemos, ayudar con estos aspectos mediante cuidados holísticos al final de la vida. Muchos pacientes descubren que esto satisface sus necesidades y optan por morir de forma natural”.
Blanco: la legalización transforma la cultura
Para Blanco, el católico español defensor de la dignidad al final de la vida, es la legalización de la eutanasia lo que transforma la cultura incluso sin una fuerte demanda pública inicial.
“Cuando se aprobó la ley que despenaliza la eutanasia y se reguló como un servicio sanitario más, no había una demanda social significativa y, aún hoy, sigue sin haberla”, afirmó sobre España.
“Pero la normalización social ya ha comenzado, y así empieza la pendiente resbaladiza, que con el tiempo siempre conduce a la banalización progresiva de lo despenalizado”.
También señaló presiones demográficas en las familias más pequeñas, la urbanización y el creciente aislamiento entre los adultos mayores. “En este contexto cultural y social, es previsible que la eutanasia se promueva cada vez más como una solución razonable para todos”, afirmó Blanco. “Son procesos lentos, pero están en marcha”.
Impacto en las familias que se quedaron atrás
Los líderes de la Iglesia dicen que las consecuencias pastorales de la muerte asistida también se están volviendo más visibles, especialmente entre las familias que quedan abandonadas cuando un ser querido elige la eutanasia.
Monica Doumit, canciller de la Arquidiócesis de Sydney, dijo que la legalización ha introducido nuevos desafíos para la atención pastoral. “Uno de los desafíos inesperados que se ha hecho evidente no es el cuidado pastoral de una persona que busca la eutanasia o el suicidio asistido, sino el cuidado de las familias que quedan atrás”, dijo a OSV News.
Angustia: familias que no son informadas
“Algunos de estos familiares, sobre todo si son personas de fe, no estuvieron de acuerdo con la decisión de su ser querido de morir de esa manera, y su muerte provoca no solo dolor, sino también arrepentimiento por no haber podido hacer más e incluso ira”.
Doumit afirmó que las familias a veces se enteran de las decisiones sobre la muerte asistida solo después de que el proceso ha comenzado o finalizado, lo que profundiza el trauma. “Esto puede ser muy angustiante y es uno de los desafíos pastorales que presenta este terrible régimen legislativo”, afirmó.
La Iglesia, proveedora de atención compasiva
Doumit afirmó que la Iglesia considera su papel tanto como testigo moral como proveedora de atención compasiva. “En cada época y ante cada desafío, la Iglesia está llamada a defender la dignidad de la persona humana y a defender a los más vulnerables!, afirmó.
En el caso de la eutanasia, quienes proponen terminar con la vida de las personas la llaman ‘morir con dignidad’. Ante esto, la Iglesia debe siempre declarar que ninguna enfermedad o discapacidad puede jamás arrebatarle la dignidad a una persona, y que, sin importar cuántos cuidados necesite, sigue siendo un miembro valioso de nuestra comunidad.
Añadió que las instituciones católicas pueden ofrecer un testimonio diferente a través del acompañamiento. “Quizás no podamos cambiar la ley en este momento, pero podemos cuidar a las personas de una manera que nunca busquen esta opción”, afirmó.
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Katarzyna Szalajko escribe para OSV News desde Varsovia, Polonia.
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