En los primeros meses de su pontificado, León XIV ha empezado a delinear un estilo propio: continuidad con Francisco en las prioridades sociales y pastorales, pero con un modo de gobernar más colegial y una voluntad explícita de diálogo. Para comprender mejor el perfil del nuevo Papa -sus raíces, su mirada global y su capacidad de “construir puentes”- Omnes conversa con la periodista Elise Ann Allen, una de las vaticanistas estadounidenses en Roma y quien realizó la primera entrevista a Robert Prevost tras su elección.
Su trayectoria ofrece, además, una perspectiva particularmente valiosa: al conocimiento del Vaticano suma una familiaridad directa con el Perú, un país decisivo en la biografía del Papa León XIV. En esta entrevista, Allen repasa gestos, prioridades y desafíos: desde la sinodalidad y la misión hasta la paz, la inteligencia artificial, la comunicación y el delicado capítulo de los abusos.
Usted fue la primera en entrevistar a León XIV tras su elección y en dedicarle un libro. ¿Cuándo se dio cuenta de que ya no estaba simplemente narrando una vida, sino que estaba empezando a perfilarse un pontificado?
—Durante la entrevista, cuando empezamos a hablar del periodo que pasó y de su trabajo en Perú, quedó claro hasta qué punto esa experiencia fue decisiva para toda su visión pastoral. Lo moldeó como persona, pero sobre todo como sacerdote, superior y obispo. Su trabajo con los pobres, los numerosos proyectos sociales en los que estuvo implicado, el modo en que los agustinos estructuran sus parroquias, su manera de relacionarse con el liderazgo político local y nacional, y su perspectiva sobre el Concilio Vaticano II y la teología de la liberación son claves que ofrecen una mirada única a su mentalidad y a su instinto.
Usted es estadounidense y corresponsal vaticanista en Roma desde hace años. ¿Qué aporta su experiencia para entender a León XIV mejor que otros analistas?
—Me permite comprenderlo. Como el Papa León XIV, yo también soy estadounidense y conozco el Vaticano, pero además conozco el Perú por experiencia personal, anterior a mi trabajo como vaticanista. Por eso conozco los tres mundos de Robert Prevost, hoy León XIV, y creo que eso me da una perspectiva privilegiada para interpretar lo que dirá y hará.
¿Qué elementos de las raíces de Prevost –su familia en Chicago, la doble ciudadanía estadounidense y peruana, su sensibilidad multicultural y los recientes hallazgos sobre sus orígenes afroamericanos– ayudan a comprender su modo de ser Papa hoy?
—Todos. No se puede tomar un solo elemento y pretender conocer y comprender a León XIV. Es una persona profundamente abierta: de mente, abierta a nuevas ideas y perspectivas, pero también a nuevas experiencias y a las personas que le rodean, incluidas aquellas nuevas que va encontrando. Ha sido –y sigue siendo– moldeado por las personas y las culturas que ha conocido a lo largo de su vida, incluidas las experiencias de racismo vividas en la infancia. Por eso, para comprenderlo, es esencial conocer su trasfondo y esa apertura fundamental.
En el retrato que emerge de su libro, León XIV es descrito a menudo como un “constructor de puentes” y un “ciudadano del mundo”. ¿Qué gestos –incluso pequeños pero significativos– le parecen revelar mejor esa actitud?
—Creo que su primera aparición en el balcón de San Pedro y sus primeras palabras fueron las señales más elocuentes. Incluso su modo de vestir es, en cierto modo, un “puente”, porque combina la sencillez de Francisco y, al mismo tiempo, recupera algunos elementos de la indumentaria tradicional del Papa, que muchos asocian al ministerio petrino y que lamentaron haber visto desaparecer. También ha querido encontrarse con figuras percibidas como muy distintas entre sí: por ejemplo, con el padre James Martin, considerado por algunos como “progresista” y cercano a la comunidad LGBTQ+, y también con el cardenal Raymond Burke, visto como “conservador” y favorable a la eliminación de restricciones sobre la Misa tradicional en latín. Quiere hablar con todas las partes.
Pienso, además, que su encuentro con el rey Carlos III y la oración juntos en la Capilla Sixtina fueron gestos especialmente significativos para construir puentes ecuménicos, al igual que sus viajes a Turquía y al Líbano.
El Año Santo recién concluido y la muerte del Papa Francisco enmarcan el inicio del nuevo pontificado. ¿Dónde ve las principales continuidades y dónde, en cambio, algún acento nuevo?
—La mayor parte de las prioridades de León XIV están en plena continuidad con las de Francisco: atención a los pobres, cuidado pastoral de migrantes y refugiados, clima y crítica a las desigualdades. En nuestra conversación habló incluso del creciente desequilibrio salarial entre empleadores y empleados, que creo que seguirá siendo una de sus banderas. La novedad estará sobre todo en el estilo: Francisco gobernaba de forma muy directa; León XIV, en cambio, prefiere trabajar en equipo y colaborar estrechamente con los cardenales y con la curia.
Además, emergerán nuevos temas, como la atención a la inteligencia artificial y un nuevo enfoque sobre las finanzas vaticanas. Está también muy preocupado por la familia y por la polarización: quiere sanar divisiones y hará de la unidad un rasgo distintivo de su pontificado.
«La mayor parte de las prioridades de León XIV están en plena continuidad con las de Francisco: atención a los pobres, cuidado pastoral de migrantes y refugiados, clima y crítica a las desigualdades…»
Elise Ann Allen
Ya se ha celebrado un primer consistorio de León XIV. ¿Qué lectura hace de ese encuentro y de los temas que se pusieron sobre la mesa?
—Era un consistorio pensado para profundizar en varios temas: Evangelii gaudium, la reforma de la Curia, el camino sinodal y también la liturgia. Sin embargo, el Papa dejó que los propios cardenales eligieran dos, y optaron por Evangelii gaudium y por el camino sinodal.
Para mí dice mucho que quisieran dar prioridad a la identidad misionera de la Iglesia y a una manera de ser Iglesia más colaborativa, más capaz de escuchar y menos clerical. También muestra la distancia entre la agenda mediática y lo que realmente preocupa al pueblo católico.
Y este consistorio muestra igualmente el estilo de León XIV: no es común iniciar un pontificado tomando como hilo conductor el magisterio del predecesor. León XIV ha visto en Francisco a un gran visionario y quiere continuar ese trabajo. Muchos lo presentan como un “Francisco II”, pero no es así: tiene su propio estilo, aunque su agenda está en plena continuidad con Francisco.
En su libro aborda sin rodeos el capítulo de los abusos y el caso de la diócesis de Chiclayo. ¿Qué revelan las palabras del Papa –el sufrimiento por la lentitud de la justicia y el deseo de reforma– sobre su modo de ejercer la autoridad y de pedir perdón?
—Sus palabras muestran una amplia experiencia en cargos de autoridad y en el afrontamiento de la crisis de los abusos. Ha tratado este tipo de casos durante casi toda su carrera: como juez, como superior y como obispo, y más tarde en Roma como cardenal y prefecto, también en situaciones delicadas que implicaban a obispos por abusos o encubrimientos.
León XIV ha escuchado a muchas víctimas y comprende bien lo que les duele en estos procesos. Por eso insiste en la importancia no solo de escuchar, sino de creer a las víctimas. Al mismo tiempo, como canonista y juez, sabe que un sistema judicial debe ser objetivo y proteger los derechos de todas las partes: es un equilibrio difícil y lento.
Además, por experiencia, también ha visto casos de falsas acusaciones. Por eso afronta el problema con una mirada integral, como juez, canonista, pastor y administrador. Ya se ha reunido con víctimas de abusos y con defensores de los supervivientes durante la audiencia con la organización Ending Clergy Abuse en octubre de 2025, lo cual muestra que este tema es una prioridad para él y que ya está tratando de construir puentes también en este ámbito.
Ucrania, Gaza, relaciones con Rusia e Israel, diálogo con el mundo islámico, ecumenismo, aniversario de Nicea: ¿cuál es, a su juicio, el “sello” de León XIV en el ámbito de la paz y del diálogo, en comparación con sus predecesores?
—Podemos decir que el “sello” de León XIV, en este campo, es precisamente construir puentes y facilitar el diálogo. No es algo nuevo, pero él lo llevará adelante con toda la fuerza y la energía de las que dispone. No es un hombre de polémicas: quiere rebajar la agresividad y aportar un sentido de calma, tanto en la retórica política como en el terreno de las armas.
En cuanto a Gaza y Ucrania, ya hemos visto que su postura es quizá algo más clara que la de Francisco. Ya en nuestra entrevista dijo públicamente –sin expresarlo de manera directa– que lo sucedido en Gaza era un genocidio. Y se está reuniendo con frecuencia con las autoridades ucranianas: se ha encontrado tres veces con el presidente Zelenski desde su elección. Por tanto, está muy implicado y buscará siempre vías de salida que respeten el derecho internacional y eviten una mayor escalada.
«León XIV es un comunicador muy cercano. Sabe hablar el lenguaje de hoy con los medios de hoy… Se expresa de manera directa y clara, y ofrece respuestas prudentes pero honestas»
Elise Ann Allen
El Papa ha vinculado su nombre a León XIII y a Rerum novarum, citando explícitamente la revolución de la inteligencia artificial y el futuro del trabajo. ¿Qué visión de la IA emerge de su lenguaje y de sus prioridades, y qué aportación puede ofrecer este pontificado a la doctrina social de la Iglesia?
—La aportación que León XIV puede ofrecer es, sobre todo, una búsqueda de equilibrio. Ya en sus palabras –tanto en lo que me dijo a mí, como en sus discursos públicos de estos meses– ha hablado de la creatividad humana y de todas las posibilidades que existen para hacer el bien y ayudar a la humanidad mediante la inteligencia artificial, pero también de los numerosos riesgos. Entre ellos está el riesgo de olvidar nuestra propia humanidad: aquello que distingue al ser humano de otras criaturas. Pero también el riesgo de perder de vista la verdad. Vivimos en una época de “fakes”: fake news, imágenes falsas, contenidos falsos y difíciles de verificar. Y está, además, todo el componente económico: hay miles de millones detrás de esta tecnología, que enriquecen a algunos mientras un número cada vez mayor de personas vive en la pobreza, con la tierra y el propio trabajo explotados por grandes empresas dominadas por el “1 %”, por decirlo así.
León XIV es un hombre que quiere fomentar la creatividad humana, también en el ámbito tecnológico, pero de un modo justo, que respete la dignidad humana y en el que las personas –sobre todo los pobres– no sean olvidadas.
Usted recuerda que León XIV, incluso antes de la elección, ya utilizaba las redes sociales, incluido WhatsApp. ¿Qué tipo de comunicador le parece y hasta qué punto ese estilo influye en su manera de ejercer el ministerio petrino?
—Es un comunicador muy cercano. Sabe hablar el lenguaje de hoy con los medios de hoy, incluso con un uso muy competente de los emojis en las aplicaciones móviles. Se expresa de manera directa y clara, y ofrece respuestas prudentes pero honestas. Es una persona muy capaz, muy atenta a lo que ocurre en el mundo, y alguien que dialoga y sabe cómo dialogar con el mundo.
Sabe dónde está la gente y sabe cómo estar presente ahí, con ellos. Quiere seguir promoviendo ese diálogo y, de hecho, está especialmente preparado para hacerlo.
Si tuviera que señalar a los lectores de Omnes una sola escena de su libro que “cuente” mejor quién es León XIV, ¿cuál elegiría y por qué?
—Elegiría el momento en que León XIV relata su llegada a Perú por primera vez, en 1985. Ahí está, para mí, la clave para entenderlo. Habla del choque cultural de pasar de Roma a Chulucanas en aquellos años, de la pobreza y del terrorismo, de haber enfermado de tifus y de tener que conducir tres horas para llegar a la clínica más cercana. Fue en esas condiciones –enfermo y sufriendo, en medio de la nada y de una pobreza extrema– cuando comprendió con claridad la llamada de Dios y decidió aceptarla sin mirar atrás. Después del “sí” al sacerdocio, aquel fue su primer “sí” a la misión: a una llamada de Dios que lo llevaría al mundo entero y, finalmente, a la sede de Pedro.




