Vocaciones

La vida consagrada hoy: Caminar juntos siendo luz para otros

Maria José Tuñón, directora de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada reflexiona sobre esta XXVI Jornada de la Vida Consagrada, que la Iglesia vive inmersa en el proceso del sínodo.

Mª José Tuñón, ACI·2 de febrero de 2022·Tiempo de lectura: 5 minutos
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Foto: Rafael Pires / Pexels

El pasado Domingo de la Palabra, el Papa Francisco invitaba a todos los cristianos a celebrar y compartir en torno a la Palabra de Dios, que siempre es luz para nuestros pasos, como dice el salmista.

¡Qué bueno es que también nosotros, la vida consagrada, en la celebración de la XXVI Jornada de la Vida Consagrada, tengamos esta convicción! Para que, impulsados por el Espíritu, y a la guía de su Palabra, sigamos “caminando juntos”, como reza nuestro lema en este momento eclesial tan importante y a la vez desafiante.

Caminar juntos, impulsados por su Palabra, siempre nos reta a más: a más compromiso, más humilde profecía en medio del mundo, más dialogo sin prejuicios. A ser más sal y luz, para que el mundo guste de la ternura y la misericordia, que se nos revela en Jesucristo. El Hijo de Dios encarnado, hecho uno de tantos, al que los consagrados y consagradas buscamos en nuestras vidas cotidianas, desde los diversos carismas, para que en definitiva otros y otras tengan ¡vida!

Él mismo nos ha llamado y convocado a los consagrados y consagradas, como discípulos suyos, a la comunión, a la escucha, a proclamar que “hoy … el año de gracia” (Lc.4,14-21). De este modo, confiados en su Espíritu y en su Palabra revelada desde antiguo, sigamos proclamando que “hoy” se cumplen en Él las promesas de alianza y salvación para la vida del mundo. ¡Todo un camino de servicio gratuito, que se hace al andar, generando procesos, como pueblo querido y amado! ¡Esto es sinodalidad! Tema fundante en este kairos al que el Papa Francisco ha invitado a toda la Iglesia.

Estamos invitados pues a mirarle, “todos en la sinagoga tenían fijos los ojos en Él”, para transformar nuestra mirada y hacernos cargo para caminar y soñar juntos una nueva fraternidad. Gestar un mundo nuevo: “Ya hemos tenido mucho tiempo de degradación moral, burlándonos de la ética, de la bondad, de la fe, de la honestidad, y llegó la hora de advertir que esa alegre superficialidad nos ha servido de poco”  Cf,FT.cáp.III ).

Dirá también el papa Francisco, especialmente a los consagrados “El Señor no nos llama a ser solistas, no, no nos llama a ser solistas, sino a formar parte de un coro, que a veces desafina… necesitamos la paciencia valiente para caminar, para explorar nuevos caminos, para buscar lo que el Espíritu Santo nos sugiere. Y esto se hace con humildad, con sencillez, sin gran propaganda, sin gran publicidad (homilía 2.02.21)

El mundo de hoy y sus gritos no pueden ser enfrentados sin una esperanzada sinergia de todos y cada uno, si no “caminamos juntos”, si no hacemos nuestro el dolor del mundo, cada vez más fragmentado. La vida consagrada, como buscadores de Dios sabe, con la sabiduría del corazón, que a Dios solo se le encuentra caminando, porque Él es el Camino. Siempre sale a los caminos, como compañero y Señor, que hace palpitar el corazón como a los de Emaús, y los devuelve –nos devuelve- a la comunidad, a remar juntos y a sentirnos en la misma barca para recalar juntos, a devolver esperanza, limpiar heridas, reparar brechas.

Como recogen nuestros Pastores de la Comisión Episcopal para Vida Consagrada en la presentación de esta Jornada, caminar juntos “es un ejercicio de necesidad y una experiencia de belleza”. La necesidad nace de la exigencia de la Iglesia de fortalecer las sinergias en todos los ámbitos de misión. La belleza brota al contemplar el testimonio de quienes son llamados por la misma vocación a vivir en fraternidad y dar la vida por el reino al servicio de los hermanos.

Caminar juntos es una propuesta siempre nueva, abierta, que nos invita a ir más lejos de nuestras miradas planas e individualistas, a ensanchar los espacios de nuestras tiendas y apostar por el nosotros que hace surgir lo mejor de cada uno.

Todo ello, si perdemos los miedos y nos liberamos de las inercias del siempre lo hemos hecho así, de las ataduras de la rigidez y nos hacemos un. Un cuerpo el que, con nuestra participación y escucha vulnerable, brotan las alas que nos llevan a la misión. No a las tareas regladas, sino al sueño de la nueva fraternidad, ¡a la viña de Jesús!, donde los jornaleros son llamados amigos del Señor y no siervos. Amigos que, junto a Él, extienden el mantel universal de su mesa, comparten su pan y vino, con la desmesura de quien se sabe que nos ha amado primero hasta el extremo, y nos ha convidado a hacer lo mismo.

La propuesta de caminar juntos, desde este horizonte, se transforma en un plus de amor. Es dejar que se realice la salvación que se nos regala en un Niño frágil. No en vano esta Jornada de la Vida Consagrada se celebra en la fiesta litúrgica de la Presentación de Jesús en el Templo. Quienes le reconocen son un hombre anciano, Simeón, y Ana, una mujer viuda, estéril…

¡Qué contraste para nuestras agendas, planificaciones, sentimientos de que la vida consagrada ha perdido relevancia social!

¡Cuánto nos cuesta aceptar que Dios se revela a los pequeños, a los que como “buscadores de Dios”, otean y esperan en la Palabra dada por el Dios fiel, que se ha comprometido con su Pueblo! Lo  nuestro es caminar a su lado, practicando la ternura y misericordia. Reconocerle con mirada limpia.

Simeón y Ana han sabido descubrir el consuelo de Israel y ya no pueden dejar de hablar del Niño y alabar a Dios. ¡Ojalá nosotros –toda la Vida Consagrada- hoy, al celebrar esta fiesta, y renovar nuestros votos, no perdamos la oportunidad de manifestar y proclamar en sinfonía profética, que nuestro Dios, es el Dios de la vida!

Apostar por las cunetas y las periferias de tantos ámbitos de nuestra sociedad. Que nuestro sí sea un sí de amor confiado y comprometido con los gritos de la casa común y los pobres. Que sólo desde respuestas fermentadas en el dialogo, en la oración, en el discernimiento en común, “caminando juntos”, daremos los pasos necesarios, para otro mundo alternativo, donde se hacen posible, otros gestos, acciones que ponen en el centro a la persona, el bien común.

Somos llamados y convocados con otros y otras para, humildemente, cooperar como “artesanos de comunión” con nuestras vidas personales e institucionales para que el mundo crea.

La celebración de la Jornada de la Vida Consagrada implica a recibir de nuevo, en este momento eclesial tan importante, como todo el Pueblo de Dios, la llamada a la sinodalidad –a caminar juntos–. No como una moda sino para recuperar el talante esencial de la Iglesia y de nuestras propias estructuras congregacionales y como Iglesia, con creatividad, acoger el plan de Dios, para nuestro hoy concreto que pide un nuevo impulso apostólico.

Una vida consagrada humus de la “tierra nueva y los cielos nuevos”. Una vida consagrada apasionada por Jesucristo y su proyecto de salvación, que no deja de preguntarse y de buscar, a pesar de su envejecimiento o falta de vocaciones. Una vida consagrada cuyo centro es el espíritu del Resucitado que sigue hablando e inspirando, como a nuestros fundadores y fundadoras, a remar mar adentro. Hacernos uno de tantos que “caminando juntos” como hijos y hermanos, se dejan guiar “por la certeza humilde y feliz de quien ha sido encontrado, alcanzado y transformado por el Camino, Verdad y Vida, que es Cristo, y no puede dejar de proclamar”.

¡Feliz día de la Vida Consagrada para todos! 

El autorMª José Tuñón, ACI

Directora de la Comisión E. para la Vida Consagrada. Conferencia Episcopal Española.

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