Familia

A los treinta años de Veritatis Splendor

La encíclica Veritatis Splendor de san Juan Pablo II trata sobre los fundamentos de la teología moral. Publicada en 1993, hace ahora 30 años, sus premisas continúan siendo hoy día de mucha actualidad. Un ámbito específico de aplicación es la teología del cuerpo.

José Miguel Granados·13 de agosto de 2023·Tiempo de lectura: 2 minutos

©Nathan Dumlao en Unsplash

El pasado seis de agosto se cumplían treinta años de la publicación de la importante carta encíclica Veritatis splendor (VS), del Papa san Juan Pablo II, sobre los fundamentos de la moral. Entre otros temas, recuerda la necesidad de una comprensión adecuada de la verdad del cuerpo humano para ofrecer una doctrina adecuada a la revelación divina y a la “experiencia esencialmente humana”.

En primer lugar, considera brevemente algunas teorías insuficientes y erróneas que conducen a graves desviaciones en el actuar y en la vida (cf. VS n. 46). En este sentido, desmiente el pretendido conflicto entre libertad y ley moral, entre conciencia y naturaleza. Asimismo, rechaza la objeción que acusa de fisicismo y naturalismo biologicista a la concepción católica de ley moral natural.

En realidad, el hombre no puede decidir el sentido de sus comportamientos sin contar con la naturaleza plasmada conforme al proyecto del Creador; además, es capaz de entender esa ley natural con su razón cuando se halla bien conformada (cf. VS n. 47).

Resulta, por tanto, falsa una pretendida libertad desarraigada de la esencia humana, desorbitada, vacía de contenidos, expuesta a la elección arbitraria, que trate al cuerpo humano como un ser bruto desprovisto de significados y valores morales. Pues la ley moral natural evidencia y prescribe unas finalidades, unos derechos y unos deberes, que se fundamentan en la naturaleza corporal y espiritual de la persona humana y de su condición social.

La doctrina de la Iglesia afirma que el alma racional, espiritual e inmortal es forma del cuerpo y principio de unidad del ser humano, que existe como un todo -en unidad de cuerpo y alma, como totalidad unificada-  en cuanto persona. Por todo ello, concluye: “La persona, mediante la luz de la razón y la ayuda de la virtud, descubre en su cuerpo los signos precursores, la expresión y la promesa del don de sí misma, según el sabio designio del Creador. Es a la luz de la dignidad de la persona humana —que debe afirmarse por sí misma— como la razón descubre el valor moral específico de algunos bienes a los que la persona se siente naturalmente inclinada” (VS n. 48).

Además, Juan Pablo II ha desarrollado ampliamente la doctrina sobre la “teología del cuerpo humano”: constituye un cuerpo doctrinal, que forma una auténtica antropología-ética filosófico-teológica desde la clave de la esponsalidad, en diálogo con las corrientes de pensamiento clásico y contemporáneo. Explicaremos las fuentes y las claves de esta original aportación del Papa de la familia en sucesivas entregas.

El autorJosé Miguel Granados

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