Evangelización

Tomás Trigo: “Sin la esperanza del Cielo, no daríamos un paso en la vida”

Con los desafíos de la pandemia, la invasión rusa en Ucrania y el drama humanitario de tanta gente, afrontar el sentido de la vida y del sufrimiento parece acuciante. El lunes 28 de marzo, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de la Universidad de Navarra abordará esta cuestión en una Jornada sobre ‘Alma, muerte y más allá’. Con este motivo, Omnes entrevista al profesor don Tomás Trigo, organizador de la Jornada.

Rafael Miner·20 de marzo de 2022·Tiempo de lectura: 8 minutos
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Foto: Tomás Trigo ©UNAV

El programa de la XIII Jornada Teológico-Didáctica del Instituto Superior de Ciencias Religiosas (ISCR), prevista para el 28 de marzo, es sintético, pero los temas son de fondo. En un momento de crisis de trascendencia, hablar del sentido de la vida: ¿quiénes somos? ¿qué hacemos aquí? ¿cuál es nuestro origen y qué nos espera más allá de la muerte?, y como consecuencia, encontrar desde ahí respuestas a preguntas morales: ¿cómo debemos vivir? ¿qué debemos hacer o evitar?, “constituyen la clave para la felicidad de cualquier persona”, explica don Tomás Trigo, subdirector del ISCR.

En la Jornada, tras las palabras iniciales de don Fermín Labarga, director del ISCR, se abordarán temas como la espiritualidad del alma humana (prof. Juan Fernando Sellés), la muerte: ‘game over’ (Rafaela Santos, neuropsiquiatra); y el Cielo (Mons. Juan Antonio Martínez Camino), además de la mesa redonda subsiguiente.

Para explicar con más hondura esta Jornada, Omnes ha conversado con don Tomás Trigo.

Comencemos por usted. ¿Cuándo se ordenó sacerdote? ¿Qué tiempo lleva en la Universidad de Navarra? ¿Qué es lo que más le ha aportado trabajar aquí?

–Me ordenó sacerdote en 1987, en Roma, un santo: Juan Pablo II. Después de siete años de trabajo pastoral en Valencia, me vine a trabajar a la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra como profesor de Teología Moral. Es un trabajo del que estoy muy agradecido a Dios, por muchos motivos. Uno de ellos es haber conocido a cientos de seminaristas y sacerdotes de muy diversos países. De verdad: con el tiempo te convences de que quien más aprende, quien más se enriquece como persona y como sacerdote, en una Facultad como esta, eres tú.

Ahora es subdirector del ISCR de la Universidad. ¿Qué es el ISCR? Según los datos, estudian aquí personas de 20 países. Suponemos que no sólo estudian aquí sacerdotes, también lo hacen laicos. Y tienen ustedes bachillerato y graduado en Ciencias Religiosas y 5 Diplomas…

–Estamos en un momento histórico que pide a gritos que todos los cristianos tengan una formación doctrinal sólida y profunda para ser capaces de responder a los desafíos actuales dando razón de nuestra fe y, sobre todo, saber discernir, al hilo de los cambios culturales. Es necesario leer, comprender, profundizar; y los que tienen responsabilidades de formar a otros en cualquier ámbito necesitan poder acceder a estos estudios de una manera adaptada y la Iglesia tiene el deber de ofrecérsela.

Los Institutos Superiores de Ciencias Religiosas fueron creados para facilitar a los laicos y religiosos esta formación mediante un itinerario académico específico que son el Bachillerato y la Licenciatura Ciencias Religiosas, títulos oficiales de la Santa Sede. El ISCR de la Universidad de Navarra es uno de los Institutos que ofertan estos estudios con una modalidad semipresencial.

Además, con el fin de facilitar el acceso a los estudios a cualquier persona que desee formarse seriamente, nuestro ISCR ha realizado un gran esfuerzo adaptando la docencia presencial al soporte digital y al soporte papel mediante la Colección de Manuales del ISCR de la Universidad de Navarra (EUNSA).

Esto nos permite diversificar nuestra oferta formativa en forma de títulos propios con modalidad a distancia 100%. Estos títulos, que llamamos Diplomas online están enfocados por áreas temáticas de la Teología, con algunas otras asignaturas que complementan la formación para responder a los desafíos actuales. Es el caso por ejemplo del Diploma de Teología Moral, que no solo estudia de manera científica los principios morales cristianos, sino que los pone en relación con cuestiones actuales en debate, como la bioética o la moral sexual.

Estos diplomas tienen un rodaje de varios años y actualmente estudian con nosotros más de 450 alumnos de diversos países de América y Europa, además de España.

Dijo Benjamin Franklin (siglo XVIII), uno de los padres fundadores de Estados Unidos, que, en este mundo, lo único seguro son la muerte y los impuestos. El próximo día 28 de marzo han organizado una Jornada con un título realmente provocador: Alma, muerte y más allá, y la dirige usted mismo. ¿Por qué ese título y ese tema? Desde luego, hay muerte, y hay mucho sufrimiento, ahora en Ucrania, por ejemplo.

–El tema clave sobre el que pretendemos reflexionar es el sentido de la vida: ¿Quiénes somos? ¿Qué hacemos aquí? ¿Cuál es nuestro origen y qué nos espera más allá de la muerte? Solo a partir de ahí se puede encontrar respuesta a la pregunta moral: ¿Cómo debemos vivir? ¿Qué debemos hacer o evitar?

Existe un cierto temor a afrontar estas cuestiones tanto en el ámbito familiar como en el académico, quizá porque no sabemos dar razón de nuestras propias convicciones. Si queremos formar a padres y educadores, que es el objetivo principal del Instituto Superior de Ciencias Religiosas, tenemos que enfrentarnos en serio a estos asuntos, que constituyen la clave para la felicidad de cualquier persona. Es que, sin responder de verdad y con la verdad a estas grandes cuestiones, no se acaba de entender por qué tal modo de actuar está bien o mal. Elegir un camino u otro depende siempre de a dónde quieres llegar.

Cuéntenos algo más de los temas concretos, y de los ponentes que han invitado. Vamos con el alma humana, por ejemplo.

–El primer tema que vamos a afrontar es el de la espiritualidad del alma. Lo haremos de la mano de D. Juan Fernando Sellés, profesor de Antropología filosófica de la Universidad de Navarra. Queremos que sea precisamente un filósofo quien nos exponga los argumentos racionales que fundamentan la verdad de la espiritualidad del alma humana y, por tanto, de su inmortalidad. Ya algunos filósofos griegos, como Platón y Aristóteles, reflexionaron y aportaron mucha luz sobre esa verdad. En la actualidad hay cristianos que, por la fe, están convencidos de que el alma humana no muere, pero quizá no saben explicar en qué bases se sustenta esa realidad tan importante para nuestra vida: tenemos un comienzo en el tiempo, pero somos eternos.

El inicio y el fin de la vida se estudian también en Teología Moral. En la Jornada del día 28 hay una neuropsiquiatra que hablará sobre la muerte: ¿game over? ¿La muerte es el final del juego, de la partida? Por si desea comentar algo.

–Sí, será la Doctora en Medicina y especialista en Psiquiatría Rafaela Santos. Hablará precisamente de ese acontecimiento que es incluso más seguro que los impuestos: la muerte. Hay mucho miedo a pensar en ese momento que llegará, antes o después, para todos y cada uno. Pero el miedo no puede hacer que renunciemos a pensar. Nos interesa saber si, en efecto, la muerte es o no el final de la partida.

Algunos piensan que lo es, que con la muerte acaba la existencia personal. Pero si nos tomamos en serio esa idea, y no solo como una fachada, la vida se convierte en algo absurdo, la libertad se queda sin finalidad, el sufrimiento no tiene sentido y resulta… insufrible. ¿Qué hacer? Una respuesta sería: “Comamos y bebamos que mañana moriremos”; centrarnos en nosotros mismos y aprovechar al máximo el momento presente para disfrutar al máximo, aunque sea a costa de la felicidad de otras personas.

No puede extrañar que, cuando es imposible disfrutar porque aparece el dolor, el sufrimiento físico o moral, porque uno pierde lo único que consideraba un tesoro (por ejemplo, la estima ajena, la salud, el bienestar, el dinero o el poder), aparezca el recurso al suicidio.

Es necesario enfrentarse a la existencia. Esto es fundamental. Huir es una cobardía, un escape por la puerta falsa. El que quiera ser feliz tiene que afrontar la realidad, tratar de entenderla, preguntar y preguntarse, sin miedo, buscar si es preciso debajo de las piedras, hasta dar con el verdadero sentido de su vida.

Muchos estamos convencidos que la muerte no tiene la última palabra, porque somos eternos. Pero ¿cómo vivir teniendo en cuenta que esta vida en la tierra tiene un final? ¿Se puede vivir con alegría y serenidad aun sabiendo que la muerte puede venir en cualquier momento? ¿Podemos prepararnos para la muerte? Creo que la doctora Santos nos ayudará a responder a estos interrogantes.

El cielo. En esta Jornada también se hablará del cielo. No sé si se oye hablar mucho del cielo, y es esperanzador…

–Sí, como dices, no se habla mucho del cielo, ni se piensa en él, y es una pena, porque no hay verdad más esperanzadora. Porque el cielo es aquello a lo que todos aspiramos en lo más profundo de nuestro ser. Pensar, amar y sentirse amados por el Amor que nos crea, nos acompaña y nos espera al otro lado de la “puerta” es el único modo de recorrer con alegría el camino de la vida: un camino a veces largo y pesado, cuesta arriba, con momentos agradables, pero también con penas y sufrimientos.

Para hablar de todo esto, para que nos anime a ser cristianos ilusionados, hemos invitado a Mons. Juan Antonio Martínez Camino, Obispo Auxiliar de Madrid, al que agradezco mucho que haya accedido a participar, a pesar de sus muchas ocupaciones pastorales.

En el Diploma de Teología Moral, entre otras cuestiones, usted explica las virtudes teologales, fe, esperanza, caridad, amor, su ejercicio práctico. ¿Nos falta esperanza? ¿Creemos poco? ¿Amamos poco? Quizá esté en juego nuestra felicidad. Denos pistas.

–Las tres virtudes teologales son necesarias para unirnos a Dios y vivir en íntima amistad con Él ya aquí, en esta vida. Pero me gustaría fijarme en la esperanza, de la que acabamos de hablar.

Decía Charles Péguy que la caridad es una madre ardiente, todo corazón, y la esperanza es una niñita de nada. Pero esa niñita de nada atravesará los mundos, llevando a la fe y a la caridad; “atravesará –dice– los mundos concluidos. Una llama traspasará las tinieblas eternas”.

Sin la esperanza del Cielo, de estar para siempre con Dios, ni siquiera daríamos un paso por el camino de la Vida, que es Cristo mismo. Por otros caminos, por el de las tinieblas eternas, quizá sí, pero por el que lleva a la Vida, no.

Nos hace mucha falta esta virtud. Cuando se vive la esperanza sobrenatural, tenemos una confianza absoluta en Dios, abandonamos en Él todas las preocupaciones que nos agobian, vivimos con una alegría y una paz que nadie más que Él nos puede dar, y podemos decir que, incluso en medio de las contrariedades, somos felices.

Pero la Teología Moral no se ocupa solo de esas virtudes. También afronta cuestiones éticas ante las que se tienen más dificultades, ¿no? Por ejemplo, en Alemania se están debatiendo, entre otros, varios temas de moral sexual.

–Sí, en Teología Moral se estudian también virtudes como la prudencia, la justicia, la valentía o la templanza, y dentro de esta, la virtud de la castidad. Todas son necesarias para ser buenas personas y hacer felices a los demás.

Las cuestiones de moral sexual no tienen más dificultad que las relacionadas con la justicia. Me explico. El problema de la moral sexual no es que sea un tema más difícil de entender que la justicia y el respeto a la vida humana. El verdadero problema de la moral está en un nivel más profundo: es el que señala con gran claridad, en 1993, la famosa encíclica Veritatis splendor, de san Juan Pablo II. Ese problema consiste en oponer la verdad y la libertad.

Pienso sinceramente que todas las virtudes y valores resultan igualmente problemáticos para una persona que se considera a sí misma como fuente autónoma de la verdad, de los valores; dueña del bien y del mal. Y todas las virtudes resultas preciosas, ¡gozosas!, para la persona que busca sinceramente la verdad sobre el bien y trata de vivirla con la ayuda de Dios y de los demás. Creo que la clave está ahí, y no en la dificultad de entender una virtud concreta como la castidad.

Hemos notado el agradecimiento de alumnos y alumni por los diplomas y estos programas. Y nos cuentan que hay docentes y profesores, directivos, consultores, médicos y científicos, ingenieros, comunicadores, catequistas, padres de familia, y religiosos y laicos de todos los movimientos de la Iglesia, varones y mujeres. ¿Algún comentario?

–Solo uno. El Papa está llamando constantemente a todo el Pueblo de Dios a la conversión del Espíritu, y esta conversión pasa por conocer en profundidad el mensaje de Cristo y crear un espacio íntimo para rejuvenecer la vida cristiana y la Iglesia. Nos alegra muchísimo saber que estamos poniendo nuestro esfuerzo al servicio de esta llamada urgente del Santo Padre. Cuando vemos algún fruto, que se manifiesta en forma de testimonio agradecido, damos gracias a Dios, porque solo Él tiene el mérito. Ojalá que no le estorbemos…


Concluimos la conversación con D. Tomás Trigo. Quizá solo basta añadir algún dato de los ponentes de la Jornada del día 28. Juan Fernando Sellés es profesor de Antropología Filosófica de la Universidad de Navarra; Rafaela Santos es presidenta ejecutiva de la Fundación Humanae, y autora de libros en torno a la resiliencia, por ejemplo ‘Mis raíces’, que me permito recomendar; y la ponencia de Mons. Martínez Camino se titula ‘El Cielo. De la utopía a la esperanza’.

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