Vocaciones

Sacerdotes santos: San John Henry Newman

La figura y enseñanzas de San John Henry Newman siguen siendo de enorme actualidad y ofrecen a los cristianos el ejemplo de una incansable apuesta por la verdad a pesar de los obstáculos.

Manuel Belda·13 de noviembre de 2021·Tiempo de lectura: 4 minutos
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Foto: Retrato de J. H. Newman por Sir John Everett Millais

Su vida

San John Henry Newman nace en Londres, el 21 de febrero de 1801, de padres anglicanos. Es el primogénito de los seis hijos de la familia, tres varones y tres mujeres.

En 1816, a los quince años, tiene una experiencia religiosa e intelectual que lo hace salir del escepticismo, y desde ese momento se propone ser santo. En 1817 comienza sus estudios en Oxford y en 1825 es ordenado ministro de la Iglesia anglicana. Desde 1828 hasta 1843 ejerce su ministerio en la iglesia Saint Mary the Virgin, de la Universidad de Oxford, donde predica numerosos sermones.

En 1833 comienza con un grupo de amigos, el llamado Movimiento de Oxford, un movimiento de reforma de la iglesia anglicana, y publica 30 de los 90 opúsculos llamados Tracts for the Times, sobre temas doctrinales.

En 1842 abandona la iglesia universitaria y se retira a Littlemore, un pueblecito cercano a Oxford, para dedicarse al estudio y a la oración, donde en 1845 es recibido en la Iglesia católica por el religioso pasionista Domenico Barbieri.

En 1846 viaja a Roma para realizar los estudios eclesiásticos y allí es ordenado sacerdote católico el 30 de mayo de 1847. Decide hacerse oratoriano para implantar el Oratorio de san Felipe Neri en Inglaterra, y funda la primera comunidad oratoriana inglesa en Maryvale, cerca de Birmingham.

Newman tuvo que sufrir muchas incomprensiones después de su conversión al catolicismo, tanto por parte de los anglicanos como de los mismos católicos. León XIII lo creó cardenal en 1879. Murió en Edgbaston, el 11 de agosto de 1890.

Fue beatificado por Benedicto XVI en Birmingham el 19 de setiembre de 2010 y canonizado en la plaza de san Pedro por el Papa Francisco el 13 de octubre de 2019.

Sus obras

Escribió numerosas obras. Sin afán de exhaustividad, se presentan en orden cronológico las más características, divididas en dos periodos.

a) Periodo anglicano

Parochial and Plain Sermons.

Fifteen Sermons preached before the University of Oxford, 1826-1843.

Sermons bearing on Subjects of the Day, 1831-1843.

Lectures on the Doctrine of Justification, 1838.

An Essay on the Development of Christian Doctrine, 1845.

b) Periodo católico

Loss and Gain: The Story of a Convert, 1848.

Discourses addressed to Mixed Congregations, 1849.

Sermons preached on Various Occasions, 1850-1873.

Lectures on the Present Position of Catholic in England, 1851.

• The Idea of a University, 1858.

• Apologia pro vita sua, 1864.

• An Essay in Aid of a Grammar of Assent, 1870.

• Meditations and Devotions of the Late Cardinal Newman. Libro póstumo que contiene apuntes tomados por Newman en su meditación.

Sus enseñanzas

Por motivos de espacio no podemos presentar aquí su profundo pensamiento filosófico y teológico, por lo que nos limitaremos a dar tres pinceladas sobre su rica doctrina espiritual.

A. La santidad cristiana

La santidad es un tema dominante en los escritos de Newman, de la que afirma ser el gran fin de la vida humana. Para alcanzarla hacen falta tres cosas: buscarla, desearla y amarla. Es una realidad dinámica, que debe crecer. Pone el ejemplo de la semilla y del árbol: la semilla de la gracia bautismal está destinada a crecer siempre. La santidad es el fruto de la iniciativa divina y de la cooperación humana. Por parte del cristiano se requiere la lucha ascética. Por ello afirma: «La lucha es la señal distintiva más propria del cristiano. Él es un soldado de Cristo».

Newman sostiene que es posible alcanzar la santidad viviendo en medio del mundo. Afirma que el cristiano debe empeñarse en colaborar con Cristo en la redención de este mundo. Está plenamente convencido de que el mundo y los deberes del cristiano en medio del mundo son el locus normal donde el cristiano debe vivir su vocación, sin renunciar al mundo, sino a la mundanidad. Según Newman, éste era el empeño pastoral de san Felipe Neri: «Salvar a los hombres, no de, sino en el mundo». Por consiguiente, el cristiano no ha de abandonar sus tareas seculares para alcanzar la santidad. La santidad consiste en cumplir con perfección los deberes cotidianos: «¿Qué se entiende por perfección? Yo supongo que es el poder o facultad de cumplir nuestro deber exacta y completamente, cualquiera que sea, en oposición a una realización que es parcial, descuidada, lánguida, torpe (…). Es una vida de fe, esperanza y caridad, manifestada en actos sucesivos de acuerdo con las llamadas del momento y la vocación del individuo (…). Es perfecto el que cumple los deberes diarios perfectamente».

B) La oración continua

Newman describe un tipo de oración que consiste en vivir en la presencia de Dios, en todo momento y lugar. Comentando el texto evangélico de Lucas 18, 1: «Es necesario orar siempre y no desfallecer», enseña: «Aquí se nos dice explícitamente que recemos una y otra vez, que recemos constantemente (…). Entonces no es un acto de oración, o dos, sino un proceso continuo de oración». La oración continua es una característica del verdadero cristiano, porque la vida nueva del cristiano es una vida de fe, y ¿qué es la fe? se pregunta: «¿Sino mirar a Dios y pensar en Él continuamente, manteniendo una compañía habitual con Él, que es hablar con Él en nuestros corazones durante todo el día, rezando sin cesar?». En este tipo de oración no siempre son necesarias las palabras, porque se trata de: «Hacer todo para la gloria de Dios; esto es, poner de tal manera la presencia y la voluntad de Dios delante de nosotros y actuar coherentemente con relación a Él, que todo lo que hacemos se convierte en un proceso de obediencia, dando testimonio sin cesar de Él que nos hizo, y cuyos siervos somos. Es, en definitiva, vivir bajo la mirada de Dios».

C) María, modelo de santidad cristiana

Newman enseña que la Virgen María es “Espejo de justicia”, esto es, “Espejo de santidad”, porque después de Jesús es el modelo mas perfecto de santidad, ya que las virtudes de María reflejan las virtudes de su divino Hijo: «Imitemos la fe de la que recibió el mensaje del Ángel si ninguna duda; la paciencia de la que soportó la sorpresa de José sin pronunciar una palabra; la obediencia de la que subió a Belén en invierno y dió a luz a Nuestro Señor en un establo; el espíritu meditativo de la que ponderaba en su corazón lo que había visto y oido sobre Él; la fortaleza de la que su corazón atravesó la espada; la entrega de la que consintió en la muerte de su Hijo».

La devoción mariana preferida por Newman es el Santo Rosario, que considera una oración eminentemente contemplativa, por lo que afirma: «El gran poder del Rosario es el de transformar el Credo en oración». Por ello aconseja contemplar los misterios del Rosario: «Intenta hacer esto, si no lo sueles hacer actualmente, aunque quizás lo haces; esto es, antes de cada misterio, pon delante de tí una fotografía del mismo, y fija tu mente en esa fotografía (por ejemplo, la Anunciación, la Agonía en el Huerto, etc.) mientras dices el Padrenuestro y las 10 Avemarías, no pensando en las palabras, sólo pronunciándolas correctamente)».

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