Educación

Objetivos de Desarrollo Sostenible, Agenda 2030 y clase de Religión

¿Qué relación pueden tener los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la clase de Religión? ¿Son compatibles?¿Pueden integrarse estos objetivos en la clase de Religión? 

Javier Segura·8 de marzo de 2021·Tiempo de lectura: 4 minutos
objetivos desarrollo religion
Foto: Mert Guller/Unsplash

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (2015-2030), también conocidos por sus siglas ODS, son una iniciativa impulsada por Naciones Unidas. El objetivo global es conseguir un mundo más igualitario y saludable.  Se concreta en 17 objetivos a los cuales no es fácil ponerles una pega: acabar con la pobreza en todas sus formas en todo el mundo,  promover el crecimiento económico inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos, reducir la desigualdad en y entre los países…  En España  esta agenda 2030 tiene incluso un ministerio propio que depende de la vicepresidencia segunda de Pablo Iglesias.

Una de las líneas de acción para lograr los objetivos de la agenda 2030 es, precisamente, la educación. Por ello, no es extraño que también a la hora de elaborar el nuevo currículo de Religión en este momento de aplicación de la LOMLOE, los ODS y la Agenda 2030 estén presentes como un horizonte de diálogo y encuentro entre las propuestas ministeriales y las aportaciones de la Enseñanza Religiosa Escolar.

Hay que examinar los Objetivos de desarrollo detenidamente para poder ver cómo incorporarlos correctamente al desarrollo del currículo de Religión.

¿Cómo valorar esta convergencia de los ODS y el currículo de la enseñanza religiosa? En este caso creo que es aplicable el sabio consejo de san Pablo a la comunidad de Tesalónica: ‘examinadlo cuidadosamente todo y quedaos con lo bueno’ (1 Tes 5,21) Es evidente que en muchos de esos objetivos podemos estar de acuerdo y tener una colaboración constructiva. Hay, sin duda, cosas buenas con las que podemos quedarnos, parafraseando al apóstol. Pero, también siguiendo sus enseñanzas, hemos de examinarlo todo detenidamente para poder ver cómo incorporarlos correctamente al desarrollo del currículo de Religión.

El primer punto que destacaría en este discernimiento es que, siendo confluyentes en algunos de sus objetivos, la enseñanza religiosa escolar tiene su propia finalidad. Y esto marca el modo en el que estos objetivos se podrían  incorporar al currículo de la clase de Religión.

Como recordaba Carlos Esteban en el Foro ‘Hacia un nuevo currículo de Religión’ los tres fines que la Iglesia en España señaló para la ERE en el documento ‘Orientaciones pastorales sobre la enseñanza religiosa escolar (1979) son de una sorprendente actualidad:

  1. Que el alumno se sitúe lúcidamente ante la tradición cultural.
  2. Que el alumno se inserte críticamente en la sociedad.
  3. Que el alumno pueda encontrar respuestas al sentido último de la vida y sus implicaciones éticas.

Estos tres objetivos son dimensiones de esa cosmovisión cristiana que la clase de Religión debe aportar a los alumnos. Esa  visión global, interiorizada, del cristianismo,  que el alumno  integra en su  propia vida en clave competencial es la base de toda educación católica. También de la clase de Religión.

En ese insertarse críticamente en la sociedad es donde podemos plantearnos ese diálogo sobre los ODS y su aplicación en la agenda 2030. Es un diálogo que la fe debe asumir con la cultura de cada tiempo, pero que solo podrá hacerlo de forma enriquecedora en la medida en que parta de su propia identidad católica, que le ayude a hacerlo de manera crítica. Sin esa identidad el riesgo es el de diluirse y confundir el objetivo, convirtiéndose la enseñanza religiosa escolar y la educación católica en general en un apoyo acrítico a la agenda 2030.

No se trata de mirar con recelo o suspicacia, y mucho menos a la defensiva, la sociedad en la que vivimos. Necesitamos un currículo en diálogo con la sociedad, encajado en la pedagogía escolar, capaz de responder a los retos que presenta la educación actual. Pero todo ello parte de que el currículo sirva realmente para dar claves de identidad católica a nuestros alumnos.

Y en este sentido la antropología cristiana aporta unas claves que, no debemos tener miedo a constatarlo, no coinciden en aspectos esenciales con los que se puedan plantear desde otras instancias ideológicas. La persona, hombre y mujer, creada a imagen de Dios, abierta a la trascendencia, capaz de bien, herida por el pecado, necesitada de redención, resucitada, con Cristo como modelo de humanidad… es nuestro referente, que puede iluminar de una forma especial la vida concreta de nuestros alumnos.

Hemos de enseñar a afrontar los retos que tiene la sociedad y hacerlo desde la aportación del humanismo cristiano.

Por otra parte los ODS y la agenda 2030 tienen, como suele ocurrir en este tipo de documentos, una amplitud en los objetivos que permiten distintas lecturas y realizaciones. El objetivo puede estar bien o ser ambiguo. Pero la forma en la que se consiga, los medios, han de ser puestos encima de la mesa.

El objetivo 5.6, por ejemplo, de ‘asegurar el acceso universal a la salud sexual y reproductiva y los derechos reproductivos’, podría llevarnos, asumido acríticamente,  a apoyar medidas contrarias a la moral cristiana que uno puede fácilmente intuir. Sin duda los cristianos tenemos mucho que decir, y debemos hacerlo, sobre cómo llegar a lograr esos objetivos de la agenda 2030. Y así se lo hemos de enseñar a nuestros alumnos. Pero con esa dosis de visión crítica que recomendaban los obispos en 1979 y que, en un mundo líquido como el actual, es especialmente necesaria. Sencillamente tenemos que enseñarles a afrontar los retos que tiene la sociedad y que están recogidos, en parte, en la agenda 2030, y hacerlo desde la aportación del humanismo cristiano.

En los ODS encontraremos puntos de encuentro y diálogo. Y es bueno que, como hizo el apóstol de los gentiles en Atenas, establezcamos ese diálogo. Siendo conscientes de que nos puede ocurrir que al hablar de resurrección de muertos, al proponer una visión trascendente a una sociedad inmanente, nos puedan decir también que de eso nos oirán hablar en otro momento. Como Pablo, en Corinto, descubriremos entonces que la cruz es siempre escándalo o estupidez para unos y otros. Pero siempre clave de vida y de interpretación de la realidad para un cristiano.

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