Educación

Mark Lewis: «Mi objetivo es dejar la universidad mejor de lo que la encontré»

Este mes de mayo entrarán en vigor los nuevos estatutos de la Pontificia Universidad Gregoriana. Con este motivo, Omnes ha conversado con el padre Mark Lewis, rector de la Gregoriana desde septiembre de 2022.

Andrea Acali·4 de mayo de 2024·Tiempo de lectura: 7 minutos

Mark Lewis ©Daniel Ibáñez/EWTN Vatican

Se acerca la fiesta de Pentecostés, el 19 de mayo, fecha en la que entrarán en vigor los nuevos estatutos de la Pontificia Universidad Gregoriana. Se trata de la institución académica más antigua y prestigiosa de la Iglesia. Fue fundada por san Ignacio de Loyola en 1551, como Colegio Romano, y en 1873, a instancias del Papa Pío IX, tomó su nombre actual. Hoy cuenta con casi 3.000 estudiantes procedentes de más de 125 países de todo el mundo. No sólo sacerdotes diocesanos, seminaristas, religiosos y religiosas, sino también, en más de un 21%, laicos. En 1928, el Papa Pío XI quiso asociar el Pontificio Instituto Bíblico y el Pontificio Instituto Oriental a la Gregoriana.

Conversamos con el padre Mark Lewis, originario de Miami, donde nació en 1959, profesor de Historia, rector de la Gregoriana desde septiembre de 2022, que nos recibe en su estudio de la Piazza della Pilotta, en el corazón de Roma.

¿Cuáles son las principales novedades de los nuevos estatutos y qué supondrán?

El cambio más importante es la unificación del Instituto Bíblico, el Oriental y la actual Gregoriana en una nueva universidad integrada, para facilitar sus tres misiones, con la organización de una economía de escala, una organización diferente de carácter administrativo, y con la reducción de puestos, por ejemplo un rector en lugar de tres.

¿Así que además de facilitar la misión de la universidad también habrá ahorros económicos?

Eso esperamos. Al principio probablemente no, porque hay costes de integración. Pero, por ejemplo, creemos que podemos ahorrar en compras. Por ejemplo, tenemos tres bibliotecas, que siguen con sus propios espacios, pero ahora hay cada vez más libros y revistas electrónicos, así que si podemos comprar una suscripción para todos será mucho más barato. También lo es tener un solo ecónomo, con compras centralizadas. Poco a poco creemos que llegaremos a este ahorro necesario.

Usted es rector de la Gregoriana desde hace año y medio. ¿Cuáles son los principales objetivos de su mandato?

Mi objetivo, lo dije nada más ser nombrado, es dejar la universidad mejor de lo que la encontré. Creo que el papel del rector es mirar al futuro, a diez años vista, porque el mundo universitario es muy lento, no se cambia de dirección inmediatamente, y hay que pensar cuáles son las necesidades del momento e ir en esa dirección. A principios de año utilicé una imagen robada al hockey, pero que también se puede aplicar al fútbol. Me hablaron de Messi, que ahora juega en Miami; dicen que en el primer tiempo se pasea por el campo y observa. Al cabo de un rato sabe más o menos dónde va a llegar la pelota. Y allí está. No es fácil, no digo que yo pueda hacerlo, pero este es el reto, pensar hacia dónde va la Iglesia, hacia dónde va el mundo y cómo podemos ayudar a ambos en el futuro. Ese es el objetivo.

¿Y las mayores dificultades?

Probablemente el hecho de que una institución académica como ésta, como ya he dicho, sea muy lenta, muy tradicional. Dicen que la oración y la Iglesia son las cosas más lentas en cambiar, ¡pero creo que el mundo académico está en el podio! Se trata de invitar a profesores y alumnos a pensar de otra manera. Es un reto, pero si lo conseguimos será algo bueno para el futuro.

La Gregoriana es la universidad pontificia más antigua. Forma a estudiantes de todo el mundo. ¿Cómo afronta hoy los retos de la cultura contemporánea y la globalización?

En 1551, cuando se fundó, se veía como un colegio, una universidad para todas las naciones; pero entonces era Europa: Alemania, Inglaterra, ésa era la frontera.
Luego, poco a poco, con el éxito misionero, llegó el mundo entero y ahora tenemos muchos países de los que vienen estudiantes. Esto es un reto: crear una comunidad universitaria con muchas culturas. Yo vivo aquí en la comunidad jesuita y aquí también venimos de todo el mundo: creo que nuestro ejemplo, el hecho de que seamos bastante felices juntos, es un buen modelo para todos, realmente vemos el mundo desde diferentes ángulos y esto también es muy importante para la universidad. Es importante que los estudiantes vengan a Roma y vivan esta experiencia en el centro de la Iglesia, pero también que, a través de sus compañeros, conozcan a toda la Iglesia.
Creo que quizá alguien que venga de Estados Unidos pueda conocer a otra persona que venga de Burundi, y entonces cuando oigan noticias de ese país puedan decir que conocen a una persona de ese lugar, lo que da un poco más de realidad a la historia y no sólo les hace pensar en un lugar lejano. Creo que esta forma de contextualizar es muy importante. El otro reto es enseñar teología a diversas culturas. Históricamente era en latín, era eurocéntrica, pero ahora tenemos que enseñar teología de la liberación de América Latina, teología que dialoga con muchas religiones orientales, y esta es necesariamente nuestra tarea. Me gusta porque somos “constitucionalmente” una universidad internacional. Oigo que muchas universidades de Estados Unidos quieren tener más estudiantes de todo el mundo, nosotros hemos sido así desde el principio.

¿Y cómo se afronta el descenso de la población y de las vocaciones?

Es otro reto porque hay un declive demográfico en Europa y Norteamérica, pero aquí es muy gradual porque acogemos a estudiantes de todo el mundo y hay países que se ven menos afectados por este fenómeno. Por ejemplo, cada vez tenemos más estudiantes de Brasil, y en Vietnam también hay muchas vocaciones, así que no nos afecta tanto como a algunos seminarios nacionales. Pero también hay que pensar que el número de seminaristas tiende a disminuir. El porcentaje de laicos no puede crecer mucho más, simplemente porque vivir en Roma es un poco caro para nuestros estudiantes. Tenemos italianos, podemos acogerlos bastante bien, pero es un poco más difícil invitar a alguien de países en vías de desarrollo. Podemos dar becas, pero no es suficiente para que muchos de ellos puedan vivir.

El Papa ha señalado el camino para una reforma de las universidades eclesiásticas y, en particular, ha pedido aquí en Roma una mayor colaboración y sinergia entre las universidades pontificias. ¿En qué punto se encuentran estos trabajos y cuáles son las perspectivas?

En febrero del año pasado, alumnos y profesores de los 22 institutos pontificios de Roma nos reunimos con el Papa y la imagen que más me gustó fue que cantáramos como coro, no como solistas. Ahora con esta integración de Pentecostés habrá dos menos. Pero claro, la otra cara de la moneda es buscar más colaboración.
Creo que es muy importante que CRUIPRO, la organización de los rectores de los distintos institutos pontificios, ya haya empezado antes a buscar situaciones en las que podamos colaborar. Por ejemplo, tenemos la posibilidad de intercambiar estudiantes entre universidades para los cursos del primer ciclo y esto les permite conocer más lugares de Roma y otra forma de estudiar.
Por supuesto, como jesuitas hemos hecho esta unificación y algunos dicen que es un modelo a seguir, pero es mucho más fácil cuando sólo hay un general, todos somos jesuitas, y ya es difícil de por sí, pero este es el reto para los demás. Sabemos que las seis universidades pontificias ya han empezado a reflexionar un poco sobre esto. Aún no sabemos cuál será el modelo, pero estamos dando pasos en esta dirección.

Usted ha enseñado en Estados Unidos, donde tuvo una experiencia diferente de la forma de enseñar. ¿Quiere hablarnos de ello? ¿Se puede aplicar este modo también aquí? Y en general, ¿cómo se puede innovar en la enseñanza manteniendo un alto nivel de calidad?

Es la prioridad de nuestro plan estratégico. Tuvimos una visita de Avepro, la agencia de evaluación de la calidad de las universidades pontificias, y decidimos que debemos intentar profundizar en la calidad de la enseñanza. No decir que somos buenos, sino estudiar y pensar en otros métodos de enseñanza. Estamos en proceso de crear un centro de enseñanza para nuestros profesores, que también estará abierto a algunos de nuestros estudiantes de doctorado para explorar otros métodos de enseñanza. Las universidades pontificias tienen una tradición muy fuerte, como el sistema italiano, de clases presenciales con un examen oral al final. Durante muchos años funcionó muy bien y la ventaja para el profesor es poder tener 40, 50 o 60 alumnos, pero en la era de la tecnología, en la que los estudiantes están mucho más acostumbrados a una enseñanza individualizada, tenemos que replanteárnoslo. Una de las cosas que probé en Estados Unidos, y también aquí hasta que tuve que dejar el curso, es darle la vuelta al aula. Estamos acostumbrados a ir al aula, escuchar la clase, volver a casa y hacer los deberes escritos. Con la inteligencia artificial esto es cada vez más problemático. Darle la vuelta significa hacer la clase en línea, con un examen de comprensión, que también puede ser electrónico y verificarse automáticamente, de modo que lleguemos al aula con preguntas, discusiones y también con deberes para hacer en pequeños grupos. Es una posibilidad, más intensiva desde el punto de vista del profesor, y sabemos que no todos seguirán esta modalidad, pero es mi intención explorar esta vía con el profesorado.

La colaboración y los intercambios, incluidos los internacionales, son un elemento importante del conocimiento y la difusión académicos. ¿Existe algún plan en este sentido? ¿Es posible llegar a una especie de Erasmus también para las universidades pontificias?

De momento, como saben, las becas Erasmus no están disponible para las universidades pontificias. Nosotros tenemos una red de universidades jesuitas y podemos aprovecharlo, y luego la Federación de Universidades Europeas tiene un programa de intercambio que también podemos aprovechar. Para nosotros, el principal obstáculo es que los seminaristas tienen que estar aquí para la formación sacerdotal. Los laicos también vienen para estar en Roma: al ser estudiantes internacionales, nos resulta un poco menos útil. Al mismo tiempo, acogemos a muchos que vienen de fuera, pero incluso ahí el reto es encontrar un lugar donde vivir. Es una pena que no tengamos una residencia como otras universidades, eso es una ayuda importante.

¿Cuál es la situación de la equivalencia de títulos con el Estado italiano?

Se han dado pasos adelante. Tendremos una reunión en el Dicasterio para la Educación en las próximas semanas, pero desde el concordato de Bolonia era muy importante para la Iglesia que las universidades formaran parte del sistema universitario europeo. Lo somos y no lo somos… por fin el Estado italiano ha empezado a reconocer la equivalencia de los cursos; no es un reconocimiento del título, pero te permite seguir adelante en las universidades estatales.

La Iglesia se prepara para vivir dos grandes acontecimientos mundiales: la segunda parte del Sínodo sobre la Sinodalidad y el Jubileo de 2025. La presencia de estudiantes de todo el mundo da a la Gregoriana la oportunidad de tener una visión muy amplia en esta perspectiva. ¿Cuál puede ser la contribución del mundo académico a estos dos acontecimientos?

Muchos de nuestros profesores participan en el Sínodo como miembros, expertos y facilitadores. Al principio de la sesión del año pasado hicimos una conferencia sobre teología sinodal, al final tenemos previsto hacer algo basado en esta experiencia. Creo que es una manera de abrir y cerrar el Sínodo con un sesgo académico y teológico. El Jubileo es una ocasión que me gusta mucho porque es una oportunidad para acoger a gente de todas partes. Estoy pensando en hacer algo aquí con algunas embajadas para compartir el arte y la experiencia de la Iglesia en su país, tal vez en el Cuadripórtico, para que en primer lugar celebremos el Jubileo pero también celebremos aquí, en el centro, la Iglesia presente en todo el mundo, aprovechando este movimiento de la periferia al centro. Sin olvidar que tenemos un diploma en patrimonio cultural que prepara guías que posiblemente puedan utilizarse en el Año Santo.

El autorAndrea Acali

-Roma

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