Ecología integral

“Los cuidados paliativos deberían ser un derecho, no un privilegio”

Europa tendrá que atender en 2030 a casi 5 millones de pacientes con sufrimiento intenso y una enfermedad grave, frente a los 4,4 millones actuales, mientras el 65 % de la población no tiene acceso todavía a cuidados paliativos. España flojea en educación y formación en este tipo de cuidados, mientras, la ley de eutanasia está ya en el Senado.

Rafael Miner·5 de febrero de 2021·Tiempo de lectura: 4 minutos
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Foto: Olga Kononenko / Unsplash

Las estimaciones son reales y recientes. Cada año en Europa necesitan cuidados paliativos más de cuatro millones de personas. Pero en pocos años serán casi cinco millones los pacientes que requerirán estos cuidados especializados ante un sufrimiento intenso derivado de su enfermedad, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) realizadas en 2020.

Un 38 por ciento tendrán enfermedades oncológicas, cáncer; un 33 por ciento, cardiovasculares; el 16 por ciento, variantes de las demencia; el 6 por ciento, crónicas; y un 7 por ciento, otras.

En una mirada también global, David Clark, de la Universidad de Glasgow, y otros profesores y médicos, estudiaron en 2019 la situación de los cuidados paliativos en 198 países. Entre sus conclusiones, señalaron que “los cuidados paliativos al más alto nivel de prestación están disponibles solo para el 14 % de la población mundial y se concentran en los países europeos”.

Facilitar el acceso a los cuidados paliativos

Los expertos añadieron su previsión de “un crecimiento mundial del 87 % en el sufrimiento grave relacionado con la salud susceptible de intervenciones de cuidados paliativos para 2060”. Sin embargo, en su opinión, a pesar de esta necesidad creciente, “los cuidados paliativos no están alcanzando los niveles requeridos por al menos la mitad de la población mundial” (Mapping Levels of Palliative Care Development in 198 Countries: The Situation in 2017, publicado en Journal of Pain and Symptom Management).

Por ejemplo, en España, de las más de 220.000 personas que fallecieron en los últimos años con necesidad de cuidados paliativos, se calcula que en torno a 80.000 lo hicieron sin acceder a ellos, según datos de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (Secpal). Además, es una prestación que va a necesitar en torno al 50 % de la población al final de su vida.

La realidad es que un mayor acceso a los cuidados paliativos podría aliviar enormemente los dolores de millones de personas. Poder contar con estos cuidados debería ser un derecho, no un privilegio de unos pocos”, señalaba un informe de la revista Nuestro Tiempo justo antes del estallido de la pandemia a comienzos del año pasado.

Hoy se reclama la eutanasia en la sociedad, incluso en la ley, por muchas cosas que tienen solución. También la medicina tiene muchas cosas que decir ante un sufrimiento que en algunos momentos puede resultar intolerable. La medicina tiene algo, y yo sé que es eficaz, porque lo he visto en acción tantísimas veces”, ha asegurado a Omnes el doctor Carlos Centeno, director de Medicina Paliativa de la Clínica Universidad de Navarra y del equipo de investigación Atlantes del Instituto Cultura y Sociedad (ICS) de la misma universidad, que ha participado en el informe de Glasgow, en recientes estudios para la OMS, y también para el Vaticano.

Apoyo de la Santa Sede

La preocupación de la Santa Sede en apoyo de los cuidados paliativos, es decir, una atención integral de los pacientes con un sufrimiento intenso en una enfermedad grave, de forma interdisciplinar, con el fin de mantener su bienestar y calidad de vida, es notoria. En 2019 se publicó el White Book for Global Palliative Care Advocacy, un Libro Blanco en el que expertos de todo el mundo, convocados por la Pontificia Academia de la Vida, y coordinados por Atlantes, estudiaron fórmulas para promover los cuidados paliativos.

Al final del trabajo, quedó constancia en el documento que la comunidad científica de cuidados paliativos reconoce el importante papel de las religiones en impulsar esta forma de cuidado de los enfermos, dada la capacidad de las religiones para llegar a las periferias de la humanidad, aquellos que, dentro de una comunidad, son los más necesitados”. Se citó asimismo al Papa Francisco, en su descripción de la cultura del “descarte” en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium, n. 53, y se dejó constancia de que “los credos religiosos apoyan los principios de los cuidados paliativos para aliviar el dolor y el sufrimiento que se acercan al final natural de la vida”.

“La esperanza es que todas las religiones, de manera activa, apoyen el movimiento de los cuidados paliativos”, concluyó el documento, “ofreciendo su valioso aporte de sabiduría para lograr una cultura de acompañamiento verdaderamente inclusiva y respetuosa de la dignidad propia de todo ser humano”.

A la dignidad humana aludió hace mes y medio José María Torralba, director del Instituto Core Curriculum de la Universidad de Navarra, en una Jornada on line organizada bajo el título Ciencia y valores de los cuidados paliativos. El profesor destacó que en la actividad de cuidar a otra persona resplandece de modo particular la dignidad humana. “El problema”, añadió, “es la mentalidad utilitarista dominante, para la que cuidar es malgastar el tiempo, porque la vida se ve en clave de rendimiento y éxito. Nuestra sociedad reclama recuperar la conciencia de que somos seres débiles, necesitados de cuidado”.

También se ha referido a la dignidad Tomás Chivato, decano de la Facultad de Medicina y profesor de la Universidad CEU San Pablo. “La dignidad es algo intrínseco a todo ser humano”, “es preferible hablar de vida digna y no de muerte digna”, señala. A su juicio, “si una persona se siente una carga o que es inútil puede sentir que ya su vida no tiene sentido. Por el contrario, cuando alguien se siente querido, apreciado y acompañado no se siente como alguien ‘indigno’”.

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