Evangelización

Líderes

Juan Luis Rascón Ors·5 de febrero de 2021·Tiempo de lectura: 2 minutos
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¿Qué puedes tener en común con San Pablo, Napoleón Bonaparte y el Atlético de Madrid? Aparentemente nada; pero sí, hay una cosa: el liderazgo. Es verdad que los tres, el apóstol, el estadista y el glorioso club son grandes de la Historia, y tú a lo mejor no pasas de salir en tu álbum familiar. Pero eres un líder

A ver, la palabra liderazgo, en español, tiene mala prensa: suena a competitividad y a capitalismo; pero en realidad es un concepto bíblico. ¿Cómo definirías, si no, a Moisés, David, Daniel, Nehemías, Débora, Judas Macabeo, Pablo…y muchos otros?

En la Iglesia, el Papa, los obispos y los sacerdotes ocupan indiscutiblemente posiciones de liderazgo. Nos ha tocado. Pero… ¿somos los únicos llamados a ejercer el liderazgo? 

Si liderazgo consiste sólo en “mandar”, entonces vamos mal.

Rotundamente, NO. Si liderazgo consiste sólo en “mandar”, entonces vamos mal. Pero liderazgo no consiste en mandar. Tiene más bien que ver con la capacidad de influir en las personas del propio entorno para que trabajen “con entusiasmo hacia el logro de sus metas y objetivos. También se entiende como la capacidad de delegar, tomar la iniciativa, gestionar, convocar, promover, incentivar, motivar y evaluar un proyecto, de forma eficaz y eficiente…” (ver Wikipedia, voz Liderazgo).

Capacidad de influir. Quedémonos con eso. ¿Es sólo para los clérigos? 

Hay una cosa que he aprendido y otra de la que tengo absoluta certeza. He aprendido que en la parroquia todo el mundo espera que todo lo haga yo. Todo el mundo espera que predique bien, que organice bien, que atraiga a los jóvenes, que atienda a cada uno como si no hubiese nadie más en el mundo, que esté siempre disponible, de día y de noche…, que me acuerde de encender la calefacción… y de apagarla, etc.

¿Y si los clérigos, cada vez más escasos, nos dedicamos a —¡atención!: palabreja de moda— “empoderar” a los laicos?

De lo que tengo absoluta certeza es de que yo solo no puedo hacerlo todo. Si todo depende de mí y los demás sólo son colaboradores, ¿qué pasará cuando yo no esté? Si solo yo ostento el liderazgo, ¿que pasará si me muero?

Efesios 4, 11: “Él constituyó a algunos como apóstoles, a otros profetas, a otros evangelizadores, a otros pastores y doctores, a fin de que trabajen en perfeccionar a los santos cumpliendo con su ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”. Apóstoles, profetas… ¿Ha dicho profetas? Sí, profetas…, evangelizadores, pastores, doctores… Poco antes dice que “ha sido dada la gracia en la medida en que Cristo quiere otorgar sus dones”

¿Son estos dones exclusivos de los clérigos? ¿Puede haber entre los laicos apóstoles, profetas (sic), evangelizadores, pastores, doctores? OK: sucesores de los (12) apóstoles sólo son los obispos, pero ¿no hay más apóstoles?

¿Cómo sería una parroquia que tuviese una decena de apóstoles, tres o cuatro profetas, un par de docenas de evangelizadores, muchos pastores y unos cuantos doctores que trabajen en perfeccionar a los santos cumpliendo con su ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo? ¿Y si los clérigos, cada vez más escasos, nos dedicamos a —¡atención!: palabreja de moda— “empoderar” a los laicos?

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