Vocaciones

«La vida consagrada no puede caer en una falsa teología del mérito»

Antonio Bellella, misionero claretiano y director del Instituto Teológico de Vida Religiosa destaca en esta entrevista la necesidad de establecer un diálogo con Dios, los hermanos y la realidad para actualizar el carisma de cada Instituto sin desvirtuarlo.

Maria José Atienza·21 de mayo de 2021·Tiempo de lectura: 5 minutos
vida consagrada

Foto: CNS photo/Paul Haring

El sábado 22 de mayo concluye la 50ª Semana de  Vida consagrada organizada por el Instituto Teológico de Vida Religiosa bajo el lema “Consagrados para la vida del mundo: La Vida Consagrada en la sociedad actual”. Unas jornadas en la que más de 2000 miembros de diferentes institutos de vida consagrada de todo el mundo han reflexionado y compartido los retos que nuestra sociedad post cristiana plantea a los consagrados en la actualidad.

Con este motivo, Omnes ha entrevistado a Antonio Bellella, misionero claretiano y director del ITVR sobre estos días de encuentro que contaron, además, con un saludo especial del Papa Francisco. Un diálogo en el que el director del Instituto Teológico de Vida Religiosa ha recordado la necesidad de establecer un diálogo con Dios, los hermanos y la realidad para actualizar el carisma de cada Instituto sin desvirtuarlo.

La Semana de Vida Consagrada es un punto clave en el calendario de los religiosos en nuestro país desde hace medio siglo. Con las actuales circunstancias ha tenido que adaptar su modo de participación. ¿Cómo ha sido acogida esta semana entre los Institutos de Vida consagrada en nuestro país?

-Cuando hace unos meses estuvimos pensando en la posibilidad, o no, de celebrar la Semana de Vida Consagrada nos dimos cuenta de que la modalidad online era la única manera de poder celebrar nuestro 50 aniversario haciendo del congreso habitual un lugar de encuentro, una iniciativa formativa de calidad y un espacio en el que algunas inquietudes de los religiosos se volvieran a hacer presentes. Con temor, con incertidumbre, lanzamos la iniciativa, sabiendo que en el mes de mayo, el cansancio por la modalidad online iba a ser mayor.

Estamos muy contentos porque la respuesta de las comunidades religiosas ha mantenido el mismo nivel. Aunque numéricamente hay menos matrículas, en todo caso, tenemos mas gente, porque detrás de cada matrícula hay un número mayor de personas: comunidades que lo siguen juntos, enfermos que están la tarde aprovechando esta oportunidad para recibir esta formación o conexiones desde África Asia, América y muchos en otros países de Europa.

Esperamos poder mantener esta dinámica de formación en doble modalidad cuando podamos volver a tener reuniones presenciales. De hecho, estamos pensando en cursos que combinen la modalidad presencial y online, en una semana mixta para el año que viene. También estamos pensando, como Instituto, en la manera de ayudar a los religiosos a formarse para entrar en este mundo de las redes como un espacio de evangelización. Este es un espacio donde los hombres y mujeres de hoy viven y comunican sus inquietudes y, muchas veces, no descubren las mejores respuestas.

En el mensaje que les ha enviado el Papa les impulsa, entre otras cosas, a no tener miedo y especialmente a no perder su identidad, ¿es difícil mantener vivo los carismas fundacionales en una sociedad, en ocasiones, muy distinta a las épocas en las que nació?

El carisma fundacional es un don del Espíritu y todo don del Espíritu si es tal, está vivo. El viento, la fuerza del Espíritu lo dice Jesús en el capítulo 3 de San Juan, en su diálogo de Jesús con Nicodemo. Este Espíritu vivo se enfrenta a realidades vivas que son los fundadores, personas abiertas a la acción de Dios, que buscan a Dios, que intentan responder a su voluntad.

El carisma fundacional tiene que enfrentarse, siempre, a la actualización personal, social, histórica, a la actualización incluso eclesial, porque la Iglesia también esta sometida al movimiento del Espíritu, que se hace presente de diferentes modos, de acuerdo con los diferentes dones que todos recibimos. Lo importante es que nunca perdamos de vista que formamos parte del Cuerpo de Cristo

Los carismas fundacionales tienen que enfrentarse a la actualización personal, social, histórica e incluso eclesial

Antonio Bellella, cmf. Director del ITVR

¿Cómo evitar que esta realidad cambiante termine por arrollarnos, hasta el punto de perder o diluir el don fundacional? Se impone el discernimiento. Un discernimiento que muchos Institutos abordaron ya desde los primeros años, por ejemplo, de los Jesuitas o los Dominicos. Abrir un diálogo intenso que se sostiene sobre el discernimiento personal basado en la búsqueda profunda de la voluntad de Dios, precisamente, para que el don del Espíritu, a pesar de mis limitaciones y el paso de los tiempos, no pierda la fuerza con la cual que el Espíritu le ha otorgado la capacidad de crear algo nuevo continuamente.

En esta línea, ¿cómo se actualiza la vida de un Instituto sin «licuar», podemos decir, su carismas fundacional? 

-Ningún instituto está dispuesto a “licuar” su carisma. Mucho menos desde que el Concilio Vaticano II en el decreto Perfectae Caritatis, insistió con fuerza en la vuelta a los orígenes. Esta vuelta no puede ser una vuelta arqueológica, en el sentido de hacer de los orígenes una especie de mito que se petrifica, porque una petrificación siempre es muerta. Es una vuelta histórica.

Antonio Bellella

¿Cómo se actualiza? Poniendo en diálogo este carisma y escuchando juntos al Espíritu, haciendo que el discernimiento no se separe de nuestras vidas y permitiendo que se genere un dialogo enriquecedor: primero con Dios; luego, con las personas que han recibido este carisma, no sólo los que comparten una misma profesión sino en todas las formas de vida en las que se hace presente y, tercero, generando una verdadera corriente de gracia entre lo que nos dice Dios, no sólo por medio de nuestro encuentro personal, de nuestra oración, de nuestra lectura de la Escritura y del Magisterio de la Iglesia, sino también lo que nos está diciendo Dios en la realidad en la que vivimos.

El Papa Francisco está impulsando, de manera muy clara, la presencia y la actualización del papel de los consagrados en la vida de la Iglesia y la sociedad y ha aludido a la esterilidad de algunos institutos de vida consagrada animando a reflexionar sobre las causas, ¿cómo acogen esta propuesta del Papa en un momento de sequía vocacional en toda la Iglesia? 

-El Papa Francisco es religioso. Los que hemos recibido este don en la iglesia y los que vivimos esta vocación lo notamos, y creo que no sólo nosotros, sino todos. El Papa nos habla con mucha claridad a los religiosos. En ninguna de sus intervenciones ha ahorrado, cuando ha tenido que hacerlo, el ejercicio necesario de la corrección fraterna, que forma parte de la práctica de la caridad.

En lo relativo a la sequía vocacional creo que dice las cosas muy claras. En el transcurso de esta semana, yo decía que lo primero que ha hecho el Papa es enseñarnos a no caer en la trampa de los números, la batalla de las cifras. Esta especie de teología del mérito: “si me porto bien, todo me va bien, si me porto mal, voy a tener muchos desastres… la vida religiosa se ha portado mal por lo tanto Dios le retira su gracia»… es tan simple, que no responde a ninguna experiencia espiritual profunda, la misma vida de Jesús y las cartas paulinas contradicen esta teoría tan simple de mérito.

Nosotros acogemos la propuesta del Papa como una llamada a abrir los ojos, tenemos que pensar que, aunque nuestra realidad vocacional, nuestro mapa vocacional no esté tan bien “cartografiado” como hace unos años, sigue existiendo esa realidad vocacional. Lo que hemos de hacer es volver a cartografiarla para ver cómo, hoy, Dios esta haciéndose presente en la entrega de infinidad de personas que sienten que la vocación les afecta, que se sienten convocados a vivir los carismas, a lo mejor no de la misma forma mayoritaria en la que nosotros lo hemos hecho hace unos años, pero si con una intensidad distinta, particular y enriquecedora.  

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