Evangelización

«La Iglesia necesita recursos económicos para lograr los espirituales»

Omnes conversa con Anastasio Gómez-Hidalgo, ecónomo diocesano de la Archidiócesis de Toledo desde 2011. Nos habla, entre otras cosas, de la importancia de la corresponsabilidad o sobre la gestión económica de las diócesis.

Diego Zalbidea·20 de agosto de 2021·Tiempo de lectura: 5 minutos
Anastasio

Anastasio Gómez Hidalgo, casado y padre de cuatro hijos, es ecónomo diocesano de la Archidiócesis de Toledo desde 2011. Acaba de ser nombrado para los próximos cinco años. Su formación se completa con la obtención recientemente del grado de Doctor en Derecho en la Universidad de Castilla-La Mancha con una tesis doctoral calificada con Sobresaliente cum Laude y titulada «Hacia un sistema integral de Transparencia para la Iglesia Católica en España. Una propuesta en clave práctica». Esta tesis nace de la ilusión de dotar a las entidades de la Iglesia Católica de nuestro país de herramientas jurídicas para el mejor establecimiento de una cultura de la transparencia y del buen gobierno. Profesor invitado en la Universidad de Castilla-La Mancha y en la Universidad Complutense, publica artículos, imparte ponencias y participa en diversos organismos para ayudar a la Iglesia a gestionar de la forma más profesional posible sus recursos.

¿Cómo se lleva un doctor en Derecho con los números de una diócesis?

Bueno, es pronto para hacer un balance de esa relación pero sí tengo que dar gracias a los números de la diócesis porque sin ellos no sería doctor en derecho. El ámbito económico de la Iglesia Católica me ha permitido poder hacerme preguntas, encontrar respuestas y sobre todo me ha llevado a tener una gran ilusión que he transformado en investigación. Los números son tercos, hablan con exactitud, el derecho sin embargo admite discusión, análisis y opinión. Es fascinante unir ambas realidades en una tesis doctoral y si esa unión se produce hablando de la Iglesia Católica el grado de interés se eleva a cotas indescriptibles. Me ha resultado fascinante el poder investigar esta amalgama de conceptos y darles un hilo conductor. 

¿Qué ayuda a la gente a ser más generosa con la Iglesia?

Que les contemos lo que hacemos. Que sepan cómo funcionan sus entidades y sobre todo que vean que se gestionan bien sus recursos. La Iglesia tiene que tener recursos económicos y humanos para lograr los más importantes que son los espirituales. Hace algún tiempo escribí un ensayo sobre los Cuadros de Mando Integral para una diócesis y en ese trabajo explicaba que la economía y el derecho no es lo importante en la evangelización pero sin ellos la evangelización se tendría que hacer de otra forma. Conformar los Consejos económicos como verdaderos órganos de opinión y debate sobre los asuntos que afectan a la administración de los bienes y del dinero es clave. El Código de Derecho Canónico obliga a ello.

A la gente le ayuda que sepan cómo funcionan sus entidades y sobre todo que vean que se gestionan bien sus recursos. La Iglesia tiene que tener recursos económicos y humanos para lograr los más importantes que son los espirituales.

Anastasio Gómez-HidalgoEcónomo de la Archidiócesis de Toledo

¿Cómo ha afectado la pandemia a las necesidades de las diócesis?

Bueno sobre este tema podría hacerse un buen artículo pero intentando resumirlo, aún a riesgo de no ser preciso, podríamos decir que las diócesis van a salir como entidades con más deuda por la suscripción de préstamos ante la caída de ingresos; entiendo igualmente que los proyectos o iniciativas extraordinarias van a suspenderse durante algunos años para centrar los esfuerzos en lo cotidiano y poder asumir los compromisos del día a día y por último decir que las parroquias han aprendido, casi de forma definitiva, que las suscripciones de los fieles son la clave del sostenimiento a medio plazo de las necesidades reales. 

¿Saldremos de esta más corresponsables?

El hecho de no haber podido acudir a los templos durante la pandemia ha hecho que el ingenio se agudice y las parroquias salgan fortalecidas por el anhelo que hemos sentido al no poder celebrar los sacramentos. Hemos aprendido que el verdadero tesoro que hay en las parroquias no son los retablos o el propio templo sino los sacramentos que allí se celebran. La corresponsabilidad, se ha entendido habitualmente como el sentido que los fieles tienen de pertenencia a la Iglesia y que les lleva a colaborar económicamente y de otras formas para sostenerla. La pandemia para mí ha cambiado el sentido de la corresponsabilidad y pienso que ahora serán las entidades de Iglesia las que deban demostrar que su gestión es adecuada y profesional. Estos meses de pandemia deberían haber servido para establecer dinámicas de trabajo capaces de afrontar el próximo quinquenio con pautas claras de qué hacer y de cómo hacerlas. La entidad que no lo establezca y no lo haga saber habrá fallado en la necesaria corresponsabilidad.

¿Un consejo para un párroco agobiado por las facturas?

El agobio en una parroquia no solamente viene por las facturas. A los párrocos les agobian otras cosas. Es ejemplar ver a sacerdotes entregarse y mimetizarse con el dolor de sus parroquianos durante estos momentos tan raros y difíciles. El agobio de un sacerdote viene por el agobio de sus parroquianos y los problemas de estos. Para quitarles el agobio por sus facturas deben existir caminos adecuados para que desde las administraciones diocesanas se articulen procedimientos sencillos de resolución de los problemas económicos. Ah! perdón! se me olvidaba el consejo. Mejor sugerencia: antes de hacer, preguntar. Ante la duda, preguntar. El verbo preguntar bien conjugado evita muchos problemas. Hoy toda la gestión económica se envuelve en un papel técnico muy acentuado y preguntar antes de hacer se convierte en obligado.

¿Por qué el dinero nos quita el sueño?

Lo que quita el sueño es no tenerlo o tener de sobra. Por eso la gestión del dinero en las entidades de la Iglesia tiene que ser la adecuada. Yo diría que en cualquier ámbito tener recursos adecuados es un objetivo que debe tener un gestor. Ante la escasez, buscar donde conseguir.  

La gestión del dinero en las entidades de la Iglesia tiene que ser la adecuada. Yo diría que en cualquier ámbito tener recursos adecuados es un objetivo que debe tener un gestor.

Anastasio Gómez-HidalgoEcónomo de la Archidiócesis de Toledo

Toledo ha sido tradicionalmente un lugar puntero en la gestión económica de la Iglesia desde el siglo XVI. ¿Puede la Iglesia hablar de tú a tú con los expertos en economía y gestión?

Cada día hay más modelos de gestión económica en el ámbito eclesial que merecen ser estudiados. La anhelada auto-financiación ha ido dando paso a modelos de rentabilidad económica del patrimonio que nos han legado las generaciones pasadas. Un claro ejemplo lo constituyen los modelos de gestión de visitas a los monumentos de titularidad eclesiástica. Son tan relevantes y forman parte de una realidad económica de generación de impactos económicos que en Ciudades como Toledo son determinantes para configurar la economía de la Ciudad. Sabemos que cuando cierra la Catedral, la economía se resiente y eso se debe al influjo positivo que genera tenerla abierta 365 días al año y 313 en un horario que favorece las visitas en horarios amplísimos. También el fenómeno de la Pulsera Turística de Toledo que aglutina 7 monumentos abiertos 363 días al año al turismo y que complementa la oferta turística de la Ciudad constituye un camino hacia la auto-financiación. Talavera de la Reina también tiene su Pulsera Turística en torno al patrimonio eclesiástico y otras diócesis como Burgos, Barbastro-Monzón o Calahorra-Logroño-La Calzada en las que este proyecto ya es una realidad constituyen modelos exportables. Ciudades como Segovia o Córdoba ya nos han copiado.

¿Es fácil para un párroco llevarse bien con su ecónomo?

Al final el Ecónomo es una persona que atiende de forma prioritaria a los sacerdotes, en su mayoría párrocos, y los atiende lo mejor que sabe y dando lo mejor de sí. Con esta fórmula es fácil llevarnos bien. 

¿Hasta qué punto se debe profesionalizar la gestión de los recursos en la Iglesia?

Se debe profesionalizar. Se debe contar con profesionales que sean responsables y alguien solamente puede ser responsable si atesora formación suficiente para poder afrontar retos de gestión como si de una empresa se tratase. El ahorro a la hora de contar con buenos profesionales es evidente. En cambio, comporta costes millonarios tener al frente de determinadas entidades a personas que vienen de otros sectores o que no se dedican de forma permanente a la gestión y a la administración de los bienes. Al final resulta que sale más caro esta segunda opción que si se hubiera contratado a un buen profesional y su sueldo hubiera estado equiparado al mercado laboral respecto a sus responsabilidades. Atraer el talento a las entidades religiosas es un reto y el talento se atrae por el compromiso de las personas, pero también por cómo se valora su trabajo desde un punto de vista económico y las facilidades que se le dan para trabajar. 

¿Puede un ecónomo impulsar la misión de la Iglesia desde su posición?

Sería, en realidad, el verbo que mejor encaja con su misión: impulsar. También apuntalar o apoyar. Un ecónomo debe saber que su misión está al lado o detrás. El impulso se hace desde atrás, se apoya desde atrás y se apuntala desde abajo, pero la labor económica en estas entidades no puede ser la primera ni sobresalir respecto a las demás. La misión debe fundamentarse y cuidarse desde lo económico pero la misión de la Iglesia trasciende todos los ámbitos. Lo importante es lo importante.

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