Evangelización

De Campesino a Obispo: Juan Sinforiano Bogarín, apóstol del Paraguay

Monseñor Juan Sinforiano Bogarín es considerado uno de los grandes evangelizadores del Paraguay. La fecundidad de su apostolado ha dejado una huella profunda hasta nuestros días, llegando a iniciarse hace dos años su proceso de beatificación.

Hugo Fernández·2 de julio de 2022·Tiempo de lectura: 6 minutos
Juan Sinforiano Bogarí y su medio de transporte habitual

De entre todas las figuras que se destacan en el amplio abanico histórico del Paraguay tiene un gran protagonismo y una muy sentida y actual memoria monseñor Juan Sinforiano Bogarín (1863-1949). Nació en el corazón mismo del país y creció bajo los peligros de la guerra. Supo, desde muy joven, unir dos reglas fundamentales de una disciplina cristiana: el trabajo y la oración. Hoy le recordamos como el Reconstructor Moral de la Nación Paraguaya. 

Sus Orígenes

Nació el 21 de agosto de 1863, en un lejano paraje llamado Mbuyapey, zona rural  junto al río Tebicuarymí, a unos 180 km de Asunción. Su infancia fue muy triste. Apenas con tres años padeció la terrible guerra del Paraguay contra la Alianza de la Argentina, Brasil y Uruguay entre los años 1865 a 1870. Allí murieron sus padres, quedando huérfano junto con sus dos hermanos. 

Concluida la guerra, los hermanos Bogarín se refugiaron en la casa de sus tías maternas, las hermanas Gonzales, en un pueblo cercano a Asunción y se dedicaron a las labores del campo. Como casi todos sus contemporáneos manejaba el español y el guaraní, idioma con el que se expresó con viva fuerza. 

Preparándose para los designios de Dios

Recibió una instrucción muy elemental. Cuando en 1880 se reabrió el Seminario Conciliar de Asunción, ingresó con 17 años por insistencia de sus hermanos. 

En aquel entonces Mons. Pedro Juan Aponte, el obispo diocesano, había confiado la dirección del Seminario a los Padres de la Misión de San Vicente de Paul. El nuevo seminario estaba guiado el R.P. Julio César Montagne, brillante formador y, más tarde, prudente consejero para el joven obispo.  

Consagrado a Dios y enamorado de su patria

Apenas hubo recibido la consagración sacerdotal en 1886, fue nombrado párroco de la catedral. Enseguida dio pruebas de su eficacia organizadora y de su fiel cumplimiento en sus tareas y obligaciones.  Hasta 1930 la diócesis de Asunción comprendía todo el territorio del país. 

Con la sede vacante de la diócesis y ejerciendo el derecho de patronado se presentó una terna de candidatos a la Santa Sede. En ella estaba Juan Sinforiano. Por eso escribió repetidas veces pidiendo que no se lo designara: “… me daba cuenta de las innúmeras dificultades futuras para el gobierno de la diócesis, máxime cuando la impiedad moderna, fruto de la Escuela sin Dios, comenzaba a asomar su cara multiforme, y la juventud a mirar a la religión y a los sacerdotes con bastante preocupación” (Bogarín, J.S. Mis apuntes, p. 19). 

Siempre sintió el episcopado como una pesada Cruz. Muy a su pesar, fue elegido y consagrado el 3 de febrero de 1895 por el obispo salesiano, titular de Trípoli, Mons. Luis Lasagna. Tenía 31 años.

Preparar la tierra para el cultivo

El joven Obispo comenzó una labor tremenda. Las palabras desastre, exterminio, desolación y otras parecidas no eran suficientes para dar una idea exacta y cabal del estado en que había quedado su infortunado país, un cuarto de siglo atrás, al término de la guerra grande. Tal estado poco había cambiado. No había clero; tampoco una organización básica, por falta de personal.

En su corazón: Dios y la patria

Pro aris et pro focus, por el altar y por el hogar fue su lema episcopal. Resume su labor pastoral y su vida. En su mente no había distinción entre la tarea misionera y el servicio a la patria. 

A los pocos meses de su consagración, inició sus visitas pastorales. Escribe en sus apuntes: Convencido como estaba de que la fe religiosa de los fieles estaba muy debilitada en la diócesis, resolví efectuar las visitas pastorales, en forma de verdadera misión, a los pueblos de la campaña, dos veces en cada año. … Desde el primer año establecí los ejercicios espirituales del Clero, debiendo concurrir una mitad en un año y la otra mitad en el año siguiente. Esta disposición causó disgustos y hasta resistencia en algunos sacerdotes viejos, pero después se sometieron y quedaron muy contentos (Bogarín, J. S. Mis apuntes, p. 37)

Años más tarde –en 1937- se vieron los frutos de esa pastoral de cultivar las almas en las celebraciones del primer Congreso Eucarístico nacional. Fue una imponente demostración de fuerza popular y de organización de una iglesia que había sido reconstruida desde sus cimientos. 

Imagen viva del Buen Pastor se lo llamó: Ángel de la paz, Apóstol misionero, Lucero del Paraguay, Reconstructor Moral de la nación. Anduvo 48,425 km, en sus giras pastorales; bendijo 10.928 matrimonios; impartió 553.067 confirmaciones; pronunció 4055 conferencias doctrinales y escribió 66 cartas pastorales. Sus últimas cartas y exhortaciones, con un ambiente caldeado por la post guerra civil de 1947, fueron en favor de la paz, del desarme espiritual, de la honestidad, de trabajo honrado y del amor fraternal. 

Monseñor Juan Sinforiano Bogarín 

Líneas pastorales 

A lo largo de su ministerio episcopal ordenó más de noventa sacerdotes. Trajo nueve instituciones de religiosos varones y catorce de mujeres que hicieron mucho bien al país. Durante el siglo XIX, además de la guerra, la Iglesia estuvo aislada y se expulsaron religiosos. Había mucho, muchísimo por hacer. Se pudo llegar a los indígenas, a la formación de las escuelas urbanas y a la atención de los más pobres y enfermos. 

Siguiendo las orientaciones de la Santa Sede escribió una carta pastoral sobre el peligro de la Masonería; muy influyente en esos momentos. El laicismo campeaba entre las clases más cultas. Fue calumniado de diversas maneras y lo llevó con espíritu cristiano y de caballero. Hasta llegaron a realizar actos de violencia en su casa. 

En materia social también consiguió agrupar a los obreros católicos en asociaciones y círculos religiosos y en sindicatos con gran energía social. Fiel al pontífice gobernante hizo sus visitas ad limina. Confió siempre en sus colaboradores. Cuando en 1898 el Papa León XIII convocó a los obispos de la América Latina llevó a su gran colaborador Hermenegildo Roa, que lo fue durante todo su ministerio episcopal. Otro colaborador fue el padre Mena Porta, que sería su sucesor. 

Promotor de los laicos

Promovió las primeras asociaciones y movimientos de apostolado laico que surgieron en el Paraguay. En 1932, fue fundada la Acción Católica del Paraguay, que desde 1941 tendrá un gran impulso gracias a su director general, el padre Ramón Bogarin Argaña. 

La familia fue su gran preocupación, hasta lo injuriaron por su insistencia en regularizar las uniones de hecho. En sus visitas pastoral, los “casamientos guasú” (multitudinarios), eran frecuentes.

“Felices los que trabajan por la paz”

Paraguay vivió la primera mitad del siglo entre revoluciones, guerras civiles y la trágica guerra con Bolivia. Monseñor Bogarín conocía a sus compatriotas y nadie mejor que él estaba llamado a realizar la pacificación tan anhelada por los verdaderos amantes de la patria. Su opinión fue siempre pacificadora, aunque muchas veces no fue escuchado. Todos dirigentes de los grupos políticos lo tuvieron como referente. 

Durante la Guerra del Chaco (1932-1935) fue el paño de lágrimas de incontables madres paraguayas. Desde Bolivia recibía voluminosa correspondencia que pedía noticias y protección para los desgraciados prisioneros. Ninguna de aquellas misivas quedó sin recibir contestación autógrafa del bondadoso y ya anciano arzobispo paraguayo. Así también el pueblo boliviano en La Paz le recibió con gran cariño cuando varios años después visitó la ciudad. Una anécdota refleja su talante: durante la contienda paraguayo boliviana su anciana hermana y otras buenas ancianas lavaban en los departamentos de la curia metropolitana las vendas que usaban los heridos, el obispo ayudaba en ese trabajo.

Cartas pastorales

El elenco de temas en sus cartas pastorales incluye la enseñanza religiosa en las escuelas, el matrimonio canónico, el pontificado romano, la práctica de la religión, algunas devociones tradicionales, la libertad y la hermandad, la enseñanza catequética, la Iglesia y la política… Con exhortaciones vibrantes sobre el cumplimiento de los deberes en el trabajo y en el sacrificio, siempre acompañó a su pueblo en las revueltas y en la guerra. 

Pero su principal aporte pastoral fue su mismo ministerio abnegado. Suaviter et fortiter: tanto en su escudo episcopal como en el tenor se movió su actividad pastoral. Sus sacerdotes y más allegados destacaban su inteligencia y el congénito don de simpatía personal, amenísimo contertulio y conversador con chispa. 

Un conocedor de la Historia y defensor del Patrimonio.

Formó un pequeño museo que fue su orgullo y su más placentero motivo de ocupación en las horas de descanso. Le gustaba exhibirlo y reseñar, con gran riqueza de pormenores, cada una de sus piezas. El Museo Monseñor Juan Sinforiano Bogarín es, una verdadera reliquia, un tesoro incalculable del patrimonio nacional del Paraguay se encuentra en un viejo edificio de la época colonial, junto a la catedral. 

Un anhelo en marcha

Asunción es madre de ciudades y su sede episcopal es de 1567. En 1930 se erigieron diócesis sufragáneas: Villarrica y Concepción y Chaco. Mons. Bogarín recibió el palio arzobispal de manos del nuncio. Falleció el 25 de febrero de 1949 con 86 fructíferos años de edad y 54 de obispo. El pueblo paraguayo lloró la muerte de un patriarca. En el 2020 se inició su proceso diocesano de beatificación del Siervo de Dios. 

El autorHugo Fernández

Director del Museo Eclesiástico Monseñor Juan Sinforiano Bogarín y secretario ejecutivo de la Comisión Episcopal de los Bienes Culturales de la Iglesia en el Paraguay.

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