Familia

Irse a vivir juntos. ¿Y después?

Son muy numerosas las parejas que, antes de contraer un compromiso matrimonial, se van a vivir juntos. Una decisión, en muchas ocasiones, que no ha sido realmente madurada y que aporta menos de lo que parece a la estabilidad de una pareja.

José María Contreras·4 de mayo de 2022·Tiempo de lectura: 2 minutos
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Hay gente que, a pesar de no tener las cosas muy claras, se va a vivir con otra persona, exponiéndose a un gran fracaso y desoyendo todos los consejos relacionados con el asunto.

Muchas veces, el ser humano, antes de ponerse a pensar, ya ha decidido. Y esta es una de las razones por las que la experiencia de los demás, en estos casos, vale muy poco.

Otras veces es por no saber lo que realmente se hace, las razones son superficiales: “lo hace todo el mundo”, “vamos a ver”, “no queremos fallar”…

Hay falta de formación y manipulación por parte de la débil cultura que nos rodea, mal uso de la libertad. En el fondo subyace la creencia de que, aunque a los demás, en general, les vaya mal, a ellos les va a ir bien… En resumen, todo muy débil, muy superficial, muy adolescente.

Me gustaría detenerme en lo que viene después del “irnos a vivir juntos” porque, en la mayoría de los casos, hay un después, un “ya no vivimos juntos”.

Generalmente la situación es dolorosa. Mucho peor que si se hubiera dejado un noviazgo. Vivir con una persona y después dejarlo es una experiencia que marca. Deja huella para siempre, porque se ha sido dejado para siempre.

La desilusión, el sufrimiento, la aridez que supone el fracaso, el desencanto, la sensación de haber sido rechazado como persona. Si uno ha sido dejado tiene la sensación de “que no ha satisfecho” lo que el otro quería comprobar, la sensación de no valer, de no haber sido amado, de haberse jugado con los sentimientos más profundos, todo ello en conjunto deja una marca indeleble en el corazón humano.

Hay veces que la autoestima termina por los suelos, se piensa que no se es digno de ser querido. El lastre es muy fuerte.

¿Rehacer la vida? ¿Con quién? De alguna forma la vida se ha roto. La ilusión de un amor limpio, exigente, ha desaparecido.

Probablemente la exigencia a la hora de buscar decaiga, hay situaciones en que basta con que alguien haga caso para establecer una nueva relación.

En realidad, lo que se va buscando quizás sea algo de ilusión, salir de esa desesperanza.

Quizás se empiece con una persona que también ha sido dejada. El valor del compromiso ha decaído y la unión de dos personas sin ese sentido es una unión débil, al primer contratiempo todo se rompe. Por otra parte, el reloj biológico aprieta. Lo cual lleva a actuar con cierta prisa.

No se trata de desesperanzar a nadie. En el terreno de la felicidad siempre se puede empezar pidiendo perdón, a quien se debe y como se debe.

Para los creyentes, confesarse, pedir perdón y empezar de cero, con la ilusión que da el saberse perdonado, es un remedio maravilloso, también en lo humano, en lo psicológico.

Vivir de acuerdo con unas creencias ayuda mucho.

Si no es así, probablemente, nos dejemos llevar más de la cuenta por el estado de ánimo, y este es un agarradero muy débil que además no es controlable.

Las vidas planas, sin creencias, no son completas, falta algo.

Por eso, antes de tomar una decisión, siempre se tiene que ver el estado en que se quedaría si se fracasara.

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