Familia

Inteligencia y relación de pareja

¿Quién es más inteligente, la persona que sabe hacer complicadas operaciones de cálculos matemáticos y financieros, o aquélla que consigue tener una familia unida y feliz donde la mujer, el marido los hijos están a gusto en casa?

José María Contreras·16 de enero de 2022·Tiempo de lectura: 2 minutos
inteligencia y pareja

Como regla general siempre se ha considerado inteligente a la persona que sabía resolver complicados problemas técnicos o intrincados raciocinios filosóficos.

Con el paso del tiempo ha llegado la superespecialización que, básicamente, consiste en saber muchísimo de casi nada.

Nos estamos encontrando una sociedad en la que algunas personas tienen un conocimiento altísimo de pequeñas parcelas del saber, pero a la larga desconocen, y parece que no les interesa ver, la realidad en su conjunto.

Así, como es lógico, se sigue en la sociedad, en cuestiones vitales para nuestras vidas, opiniones de personas que son famosas por otros temas.

Sus opiniones, muchas veces, las tomamos los demás como incuestionables. Confiamos en quien las dice por su prestigio, por su popularidad, como si las dijeran sabios en esa materia, pero la realidad es que no saben más que el ciudadano medio.

A esto se une la visión clásica de que «el inteligente es el que llega con la razón más lejos que los demás»; definición que, por muy clásica que sea, no deja de ser un reduccionismo ya que, además de una racional, hay otros tipos de inteligencia.

Uno de esos tipos de inteligencia es la emocional, pero igualmente existe una inteligencia social, numérica, espacial…

Cuestionémonos: ¿quién es más inteligente, la persona que sabe hacer complicadas operaciones de cálculos matemáticos y financieros, o aquélla que consigue tener una familia unida y feliz donde la mujer, el marido los hijos están a gusto en casa?

Concederle el criterio de inteligencia sólo a lo que tomamos por intelectual es, en mi opinión, un error.

La persona ha de tener una visión de su vida en conjunto; no puede dividirse en trabajo, familia, amistades, aficiones… Tiene que saber unir de manera inteligente todas esas facetas que constituyen la vida de las personas, si no lo hace, nunca logrará una vida plena.

«Es que para llegar a ser un alto científico hay que ser muy inteligente», se puede contestar

¿Y para conseguir armonizar una familia feliz no hay que ser también muy inteligente?

Miremos la sociedad y saquemos conclusiones.

El más inteligente siempre tiene una visión medianamente completa de la realidad.

Nadie será capaz de conseguir una familia armoniosa si no tiene en su vida esa visión.

Para conseguir una vida satisfactoria hay que formar la inteligencia emocional.

¿No creen que dedicamos mucho tiempo a la formación de la inteligencia racional y poco o ninguno a la inteligencia emocional?  

Cuantos más cerca estemos de lo que el ser humano busca de verdad, aunque no lo sepa, más facilidad tendremos para llevar una vida razonablemente feliz.  

Para eso hay que aprender, formarse, adquirir conocimientos sólidos, no los estereotipos que muchas veces modelan una sociedad y que no consiguen que las personas sean más felices, sino que sean más manipulables.

No olvidemos que la formación de las otras inteligencias, sin descuidar la racional, nos va a dar más felicidad como personas que, a fin de cuentas, es lo que somos.

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