Vocaciones

Filippo Pellini «Nada me hacía más feliz que anunciar a Cristo»

Este joven milanés, perteneciente a la Fraternidad Sacerdotal de los Misioneros de San Carlos Borromeo y estudiante de la licenciatura en Teología descubrió su vocación a través del capellán de su universidad.

Patrocinada por CARF·1 de julio de 2022·Tiempo de lectura: 2 minutos
Filipp Pellini vocacion
Foto: Filippo Pellini ©CARF

Filippo Pellini ha cursado la licenciatura en teología en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, en Roma.

Pertenece a la Fraternidad Sacerdotal de los Misioneros de San Carlos Borromeo, una sociedad de vida apostólica fundada en 1985 por Mons. Massimo Camisasca, ahora obispo en Reggio Emilia, junto con otros sacerdotes que deseaban vivir su ministerio siguiendo el carisma de Comunión y Liberación.

Nació y creció en Milán, en una familia que no era particularmente religiosa, pero que le animó a estudiar el catecismo y le dio la oportunidad de recibir los sacramentos de la iniciación cristiana. «Sin embargo, como tantos jóvenes, después de recibir la confirmación, sin grandes dramas existenciales, simplemente dejé de asistir a la parroquia. Tenía 12 años en ese momento y no tenía nada en contra de Dios o de la Iglesia», expone. 

Vivió unos años con “el pie en dos zapatos”, internamente dividido entre dos visiones opuestas del mundo y de la vida. Comenzó a asistir a la facultad de diseño en Bovisa, la sede del Politécnico de Milán, una universidad muy prestigiosa. Allí decidí seguir la compañía de amigos que me acercaban a Dios y a la Iglesia universal.

«La Providencia quiso que durante mis últimos años de universidad, D. Antonio, sacerdote de la Fraternidad San Carlo, fuera capellán de Bovisa. El encuentro con él fue el encuentro con un padre que supo acompañarme en el laberinto de afectos, acontecimientos y deseos que de vez en cuando ocupaban espacio en mi corazón», relata Filippo. 

Todos estos elementos hicieron que, a los pocos días de obtener mi título, acudiera a D. Antonio para formularle la pregunta vocacional que ya no podía evitar: «¿y si el camino por el que el Señor me llama fuera el sacerdocio?»

Decidieron tomarse un tiempo para verificar esta hipótesis. «Comencé a trabajar como diseñador gráfico, trabajando en una oficina editorial y como asistente en el Politécnico. Sin embargo, todo esto no era suficiente. Nada de esto me hacía más feliz que cuando anunciaba y daba testimonio de la novedad de Cristo. No entendía por qué el Señor me pedía ese gran paso pero me di cuenta que si no lo hubiera dado, habría perdido las cosas más bellas que llenaron mi vida». 

«Después de más de cinco años de vida en la Fraternidad y habiendo alcanzado el umbral de la ordenación, mirando hacia atrás, solo puedo estar agradecido por la aventura a la que Dios me ha llamado, llena de rostros amables y pruebas que afrontar», concluye. 

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