Familia

La maternidad subrogada en Francia y la guerra de Ucrania

La guerra de Ucrania ha mostrado a las claras la problemática de la maternidad subrogada en Francia y el fraude de ley que se esconde tras esta práctica. Cada vez más voces reclaman un tratado internacional que prohíba estos casos.

Bernard García Larraín·20 de junio de 2022·Tiempo de lectura: 4 minutos
Foto: Aude Mirkovic

Entrevista en francés

Las guerras producen efectos insospechados. Por eso Juan Pablo II decía que la guerra es “una camino sin retorno” y “un espiral de luto y de violencia”. Como es sabido, en situaciones de crisis humanitarias, son las personas más vulnerables las más afectadas y, en especial, los niños. Con ocasión del Día Internacional de la Infancia Vatican News afirmaba que “el balance de 98 días de guerra en Ucrania es dramático. 700 menores han muerto o han resultado heridos”. En la misma línea se podría situar el caso de las madres de alquiler de nacionalidad ucraniana, que han dado a luz en Francia a niños de parejas francesas. Esta situación fue cubierta ampliamente por la prensa.

La técnica de “vientres de alquiler” esta prohíba por el derecho francés pero algunos juristas constatan una tendencia de los jueces para legitimar esta práctica. Una voz respetada en temas de derecho de los niños es la de la profesora de derecho Aude Mirkovic. Fundadora y portavoz de la ONG Juristes pour l’enfance, la profesora Mirkovic nos explica esta delicada situación que se dio en Francia hace algunas semanas y que su ONG señaló a las autoridades.

¿Cómo nace tu vocación de ser una voz de los derechos de los niños?

Pienso que la vocación de todo jurista es la de buscar la justicia y el bien común. Eso es común a todas las áreas del derecho. En mi caso, elegí la especialidad de derecho de la familia y en particular la protección de la infancia. Veo la importancia de esos temas en mi país y en el mundo en general. A veces pensamos que muchas situaciones injustas en relación con los niños se han acabado: la explotación, el maltrato, los abusos, etc. Sin embargo, éstas siguen afectando tristemente la vida de muchos niños no solo en países en vías de desarrollo. También en Europa hay explotación reproductiva y sexual de las madres vientres de alquiler; crece la manipulación genética y la selección de embriones; la congelación durante largos años de esos embriones, etc.

Nuestra ONG, que tiene estatus de observadora en la ONU, reúne a expertos jurídicos para analizar constantemente la actualidad. En particular nos fijamos en la aplicación de la convención de los derechos de los niños de la ONU. Buscamos colaborar, desde nuestra aérea, en el debate público sobre temas relacionados con la infancia, tema de constante actualidad: no por nada, el Presidente Macron, reelecto hace pocas semanas, ha anunciado que será la prioridad de su nuevo gobierno. En este sentido, tenemos que estar vigilantes para que el discurso político se haga realidad en todos los ámbitos de la vida de los niños pues. Muchas veces, amplios aspectos del respeto su dignidad son, no solo ignorados, sino atacados.

¿Por qué es preocupante la situación que se ha vivido en Francia con las madres de sustitución ucranianas?

Nosotros hemos señalado a las autoridades que con motivo de la guerra en Ucrania, parejas de franceses habían hecho venir a nuestro país mujeres ucranianas contratadas para gestar niños para esas parejas en el marco de un contrato de “madres de sustitución”. De manera una poco inesperada para nosotros, nuestra acción tuvo gran notoriedad en los medios de comunicación nacionales e internacionales. Es una situación muy delicada porque nuestro derecho prohíbe esta práctica en virtud de numerosos principios y de normas expresas.

Esas mujeres provienen de un país en guerra y esa situación dolorosa no debe llevarnos a cerrar los ojos delante de la realidad de esa técnica contraria a nuestro derecho, a la dignidad humana de la madre y del hijo. Este tipo de contratos son contrarios a la dignidad de la persona humana pues explotan, por un lado, la situación vulnerable de las madres portadoras y, por otro, el deseo legítimo de tener hijos de esas parejas.

Los intermediarios y agentes que organizan este mercado tendrían que ser perseguidos con más determinación por las autoridades. Nosotros vemos con preocupación que estos agentes actúen con mucha libertad en nuestro país: cada año se organiza en Paris un salón Désir d’enfant (“deseo de niño”) en que diversas empresas promueven estos contratos de maternidad subrogada (ya lo hemos señalado a las autoridades sin obtener realmente una respuesta). También los bufetes de abogados explican en sus sitios web la asistencia jurídica para concluir estos contratos, etc. Vemos con tristeza que los principios legales de nuestro país no se respetan por la presión que este mercado de miles de millones de euros impone.

Parece un problema sin solución. ¿Hay alguna salida?

El problema en sí no es el hecho de traer a estas mujeres a dar a luz en Francia para poder recuperar a los niños. El problema es la petición y la entrega de un niño, y la utilización de una mujer para este fin. El hecho de que el nacimiento y el parto del niño tengan lugar en territorio francés, mientras que la madre subrogada ha dejado en ocasiones a sus propios hijos en Ucrania, hace más visible la terrible realidad de la subrogación, pero la guerra sólo desplaza lo que dice el contrato, en cualquier caso, con o sin guerra.

Deberíamos anticiparnos a este problema, para que no sea posible establecer dichos contratos. Esto significa un compromiso por parte de los Estados a redactar y firmar un tratado internacional que prohíba la técnica de las madres subrogadas. Esto es lo que ha recomendado el Comité Nacional de Ética de Francia. Estamos trabajando en este sentido con un grupo de expertos legales internacionales con los que nos reuniremos en Casablanca en 2023.

El autorBernard García Larraín
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