Familia

Explicando el noviazgo a los jóvenes

Vivir adecuadamente las fases de un noviazgo: el conocimiento y valoración del otro y la adecuación a mi vida en todos los sentidos, es clave para no tener «sorpresas evitables» en el matrimonio.

José María Contreras·14 de febrero de 2022·Tiempo de lectura: 4 minutos
noviazgo

La preparación de una olimpiada es una tarea dura para los atletas. Indudablemente, sin preparación, no hay éxito personal.

Esto que parece tan obvio, no se vive en otras facetas más personales como, por ejemplo, en el noviazgo, que es o debería ser, la preparación del matrimonio.

Los fracasos matrimoniales, que con frecuencia vemos en nuestra sociedad, son en muchos casos consecuencia de que no se está viviendo el noviazgo. Se vive otra cosa, pero el noviazgo, que debe ser un tiempo en el que se va conociendo a la otra persona, para saber si puedo compartir mi vida con ella, el noviazgo decía, no se vive como tal.

Por tanto, muchos matrimonios pasan su noviazgo una vez casados, y otros fracasan porque no tuvieron noviazgo.

Desde un punto de vista afectivo, se podría decir, que un noviazgo tiene cuatro partes: deseo, atracción, enamoramiento y amor.Al principio, existe un deseo de estar con el otro, se pasa bien, el tiempo va muy deprisa, su presencia ilusiona.

A continuación, o unido al deseo de estar juntos, aparece una fase de atracción física, que hace que todo sea muy bonito y atrayente. Existe un desbordamiento emocional.

Estas dos fases que no tienen solución de continuidad concluyen de forma habitual, en un enamoramiento, donde todo lo del otro parece bien. Lo que hace y lo que dice. Se está como en una nube. La presencia continuada que uno tiene de la otra persona, aunque no esté con ella, es tremendamente atractiva. Se confunde con el amor.

Creemos que estamos amando con intensidad. Perece imposible que esto no sea amor.

Tiene que serlo. El apego emocional es muy grande, parece mentira que se hubiera podido vivir hasta ahora sin esa persona. La vida aparece sin sentido si ella no está conmigo en el futuro. Un defecto de la atención, llamaba Julián Marías al enamoramiento.

Nos creemos que queremos mucho, pero la realidad es que el amor todavía no ha aparecido. Es un buen comienzo para empezar a querer, pero querer- además de afectos, emociones- implica querer el bien del otro, citando la definición de amistad de Aristóteles. Lo mejor para el otro como persona.

El amor implica que, con frecuencia, me voy a tener que esforzar para amar, ya no viene solo en forma de sentimiento, como ocurría anteriormente. Cuando uno va siendo consciente de ello, se está empezando a querer. Se empieza a ver que la otra persona tiene defectos, hace cosas que me molestan. Se está bajando de la nube, estar con ella, algunas veces, puede no apetecerme. Me exige cosas que no quiero dar, no quiere darme cosas que me gustaría que me diera.

Está uno empezando a darse cuenta que el cariño es exigente. Se va al cine cuando no me apetece y no se va al futbol cuando me gustaría. Empieza la lucha por querer. Los sentimientos han bajado a un estado de normalidad. El deseo, la atracción y el enamoramiento se hacen más maduros.

Es el momento de darse cuenta si es la persona que se buscaba para compartir la vida.

Si no lo es, habrá que dejarla, aunque el apego no haya desaparecido y dejarla sea costoso.

Si, en medio del deseo, atracción y enamoramiento se han tenido relación sexuales, entonces cuesta mucho más, sobre todo a la mujer. En una relación sexual la mujer entrega el corazón antes que el cuerpo. De ahí la dificultad. A pesar de ello, si no es lo que iba buscando, hay que dejar a esa persona.

Para eso está el noviazgo, para buscar a la persona idónea con la que compartir la vida.

La conciencia de que se debería no haber tenido sexo, aparece en muchas ocasiones.

También la impotencia para dejarlo. Si se manifiesta el deseo de no tener sexo, es posible que se rompa la relación. Lo cual es una manifestación de que se está junto únicamente por el sexo. Puesto que, si desaparece, es posible que se termine el noviazgo. Es síntoma de que esa relación estaba unida solo por el sexo, si eso ocurriese. O sea, no es una relación de noviazgo, sino de amantes a los cuales los une el sexo. 

Es una de las grandes dificultades que tiene el confundir los sentimientos, solo los sentimientos, con el amor.

La consecuencia de todo lo dicho es ver a una serie de personas con unos problemas afectivos y sexuales que, de haber sabido lo que cada cosa significaba en cada momento, no habrían aparecido.

Lógicamente, el noviazgo hubiera sido más libre. Y si al final hay matrimonio, menos peligroso.

Tenemos que tener en cuenta que el apego irá desapareciendo y aparecerá la libertad, y con ella se puede rebobinar todo lo anterior y pensar que uno se ha casado, porque ha habido relaciones en el noviazgo. O porque no fue capaz de romper la relación.

Es un momento peligroso. Hay que pedir ayuda.

Por otra parte, visto desde un punto de vista más racional, que lógicamente se va a entremezclar con el emocional, las fases del noviazgo se podría decir que son: coherencia, confianza y compromiso.

La primera nos indica que hay que conocer al otro, ver lo que dice creer y cómo lo vive. Es decir, si es una persona coherente, si los valores que defiende, los vive. Una persona puede decir muchas cosas, pero lo importante es lo que hace. Somos lo que hacemos.

No debemos confundir, opiniones y creencias. Una opinión es algo que yo sostengo; yo creo que tal actor es mejor que ese otro. Las creencias son aquello que me sostiene a mí. Esto es lo que tenemos que comprobar.

Si los valores que se van viendo que vive el otro, son los que se buscan en la persona con la que gustaría compartir la vida, se va generando una confianza que se acrecienta con el tiempo y, antes o después, genera compromiso.

Estas fases del noviazgo, en muchos casos, no se están viviendo. En el momento que se cree que se está queriendo porque hay una cierta atracción y un deseo de estar con el otro, se tienen relaciones sexuales y el ritmo de tiempo no es el que sería conveniente.

Antes de que se haya comprobado la coherencia del otro, al tener sexo, se genera un compromiso que hace imposible que la relación se desarrolle con el ritmo y la libertad requerida. Falta libertad. Hay compromiso cuando no debería haberlo.

He visto parejas rotas, debido al desorden que el sexo mete en una relación de noviazgo que, probablemente, hubieran terminado en un buen matrimonio.

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