Familia

El conflicto superado por el amor conyugal

En la novela de Elizabeth Gaskell Norte y sur, se muestra cómo a pesar de los muchos padecimientos y contrariedades, ambos encuentran con tenacidad y sabiduría el camino para vencer prejuicios y diferencias y así poder entablar el compromiso de amor conyugal.

José Miguel Granados·23 de marzo de 2021·Tiempo de lectura: 3 minutos
amor conyugal
Foto: Alex Iby / Unsplash

El trasfondo de las novelas de Elizabeth Gaskell (1810-1865) lo constituyen los conflictos socio-laborales y los dramáticos sufrimientos de los ambientes obreros de la primera revolución industrial.

En Norte y sur, se considera la tensión entre la vida tradicional de la amena campiña meridional inglesa y la novedad del poderoso pero complejo desarrollo de las fábricas en el frío norte. Dos figuras representan esta relación difícil: John Thornton, joven empresario hecho a sí mismo, forjado en la dura tarea de sacar adelante una factoría con cientos de operarios; y Margaret Hale, mujer culta, hija de un profesor de humanidades, que ha de emigrar a la pujante, convulsa y sufriente ciudad proletaria.

Ideologías de confrontación

En la historia del pensamiento moderno han surgido diversas ideologías de confrontación, como el marxismo, que propugna el conflicto y la ruptura con el fin de lograr una supuesta síntesis utópica. Así, la lucha de clases, del patrón contra empleado, del varón contra mujer, etc. Pero se trata de explicaciones falsas del hombre y de la sociedad, que han propiciado regímenes liberticidas de terror. No somos enemigos sino hermanos y amigos, miembros de la misma familia humana. 

La antropología cristiana, superando concepciones erróneas, irracionales e inhumanas, enseña que el ser humano no está hecho para la rivalidad sino para la relación de ayuda y de cooperación. Es más, la diversidad enriquecedora en la unidad común es el núcleo de la condición humana. 

Complementariedad del varón y la mujer

La diferencia sexual forma parte de la identidad teológica constitutiva del ser humano, como llamada a vivir la complementariedad del amor fecundo de entrega. “El hombre ha llegado a ser imagen y semejanza de Dios no solo a través de la propia humanidad, sino también a través de la comunión de las personas, que el hombre y la mujer forman desde el inicio” (Juan Pablo II).

Por otro lado, la llamada “ideología de género” -de matriz materialista y dialéctica- es también contraria a la realidad. Niega equivocadamente el significado objetivo de la sexualidad humana, conforme al plan originario y permanente del Creador, asequible al sentido común. Varón y mujer son, el uno para el otro, “ayuda adecuada” y vital, para escapar de la soledad estéril. Ambos comparten la humanidad común y relacional. Se complementan. Son compañeros. Están ordenados al compromiso conyugal y familiar. Su vocación es el don recíproco. Están orientados a la trascendencia de la relación personal, justa y amorosa, con los demás y con el mismo Dios, anticipo del destino de la vida eterna.

Diferencias llamadas al enriquecimiento

La colaboración originaria, dañada por el pecado, viene sanada y reintegrada en Cristo, por la acción del Espíritu Santo y la maduración en las virtudes. La “antropología adecuada”, conforme al evangelio de la gracia, hace posible la superación de los conflictos para lograr una relación armoniosa, una verdadera comunidad. Las diferencias entre el varón y la mujer no son causa de inevitable guerra, sino llamadas al enriquecimiento, al crecimiento y a la maduración personal y social.

“Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza: llamándolo a la existencia por amor, lo ha llamado al mismo tiempo al amor. Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer la vocación y consiguientemente la capacidad y la responsabilidad del amor y de la comunión” (Juan Pablo II).

La confrontación no tiene la última palabra ni es lo decisivo. El ser humano no está abocado al conflicto. Ha sido formado con una estructura familiar de comunión. El verdadero amor reclama la entrega de uno mismo a los demás y la acogida del otro, en una relación paciente de respeto y de sincera colaboración.

El amor verdadero logra la síntesis

Hablando de los conflictos entre empleados y empresarios, Margaret Hale le recordaba en cierta ocasión a John Thornton que “Dios nos creó para que haya entre nosotros una dependencia mutua”. Al final, tras muchos sufrimientos y humillaciones, ambos encuentran con tenacidad y sabiduría el camino para vencer prejuicios y diferencias y así poder entablar el compromiso de amor conyugal, demostración de que -conforme al designio divino y con la ayuda de la gracia- es posible y bueno superar la confrontación para que prevalezca la alianza entre el varón y la mujer. 

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