Familia

Educar: vocación de la familia

La familia constituye la primera instancia naturalmente educativa y humanizadora. Así lo lo han recordado los últimos Pontífices así como pensadores y literatos durante siglos.

José Miguel Granados·10 de agosto de 2021·Tiempo de lectura: 3 minutos
educar es vocación de la familia
Foto: Picsea / Unsplash

Despertar las conciencias

La denuncia de las graves lacras del sistema educativo de su época realizada en las novelas de Charles Dickens, convertido en profeta de la civilización moderna, fue decisiva para despertar las conciencias de toda condición y poner en marcha un movimiento de transformación social. 

En La vida y aventuras de Nicholas Nickleby, Mr. Wackford Squeers regenta y dirige negligentemente un internado donde muchos señores de la burguesía destierran disimuladamente a sus hijos ilegítimos. Este dueño sin escrúpulos de la escuela miserable no solo busca lucrarse al máximo, sino que da rienda suelta a sus peores instintos al maltratar y explotar vilmente a los pobres pupilos que padecen hambre, violencia física y diversas penurias. Será el joven ayudante del maestro -Nicholas, héroe del relato- quien rompa la cadena de degradación e iniquidad, al ponerse de parte de un muchacho deficiente y emprender la arriesgada huida con él. 

En otro relato, Tiempos difíciles (Hard Times), el literato inglés ridiculiza la pretensión de cierto utilitarismo de ceñirse en la instrucción de los niños y jóvenes a los datos y a los hechos con pretensión científica, despreciando otras dimensiones imprescindibles como el justo sentido moral, la afectividad equilibrada o la potencia creativa de la imaginación. El resultado desolador de un método nefasto será la ruina de las vidas de los hijos del profesor Mr. Thomas Grangrind, Louisa y Tom. En cambio, Sissy Jupe, la niña del circo, despreciada por su torpeza con los números y las estadísticas, rescatará del naufragio en la vida a los hijos del profesor, movida por su amor generoso.

Emergencia formativa

En diversas ocasiones Benedicto XVI reflexionó sobre la “emergencia educativa” ante el fracaso generalizado del sistema en la actualidad. (Véanse, por ejemplo, los Discursos: 21-9-2006; 11-6-2007; 1-12-2008; 27-5-2010). Explicó que las principales causas de esta situación se hayan en el falso concepto de autonomía del hombre, así como en el escepticismo y el relativismo que padece nuestra cultura. 

La vocación o “pasión educativa”, por su parte, requiere el acompañamiento de las personas en un clima de confianza, para facilitar el despliegue de sus capacidades con libertad responsable, esforzada y comprometida, para alcanzar la plenitud humana conforme a la verdad del bien y del amor.

Familia educadora

De hecho, la familia se constituye como la primera instancia naturalmente educativa y humanizadora. Así lo recordaba Francisco:  “La familia es la primera escuela de los valores humanos, en la que se aprende el buen uso de la libertad” (exhortación Amoris laetitia, n. 274). “La familia es el ámbito de la socialización primaria, porque es el primer lugar donde se aprende a colocarse frente al otro, a escuchar, a compartir, a soportar a respetar, a ayudar, a convivir” (ibídem, n. 276). 

La familia cristiana es, además, “iglesia doméstica”, ámbito idóneo de transmisión de la fe. Los padres católicos son los primeros y principales evangelizadores de sus hijos, maestros y testigos con su vida coherente de la salvación del mundo realizada por Jesucristo.

Derecho-deber educativo

Esta realidad de ser comunidad naturalmente transmisora de la vida fundamenta la cobertura jurídica que merece la institución familiar -y especialmente los padres- para poder ejercer adecuadamente su misión educativa insustituible. Según la enseñanza de la doctrina social de la Iglesia, “el derecho-deber educativo de los padres es originario, primario e inalienable. Es la prolongación de la paternidad y de la maternidad. Los padres han de poder ejercitarlo según sus convicciones religiosas y morales. Y han de contar para ello con la protección legal, el sistema de organización institucional y el respeto de las autoridades políticas” (Granados Temes, J. M., El evangelio del matrimonio y de la familia, EUNSA, Navarra 2021, 178 s.). Los obstáculos y atropellos a esta garantía jurídica fundamental tienen como consecuencia la decadencia lamentable de los pueblos. Se trata una penosa manifestación de la deriva totalitaria hacia la que se deslizan diversos regímenes supuestamente democráticos que impiden la iniciativa formativa familiar. Por ello, reivindicar, defender y promover la tarea educativa de los padres constituye un empeño necesario para recuperar y expandir ámbitos de libertad y de auténtico desarrollo de las personas y de la sociedad. 

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