Evangelización

Renovación parroquial: IN – OUT¿Esperar a que vengan?

La cuestión no es cómo conseguir que la gente venga a la Iglesia; la cuestión es: ¿cómo conseguimos nosotros, los que estamos dentro, salir a compartir la Buena Noticia?

Juan Luis Rascón Ors·14 de julio de 2021·Tiempo de lectura: 2 minutos
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Foto: Lisa Luminaire / Unsplash

El otro día hablaba con un amigo cura, y me decía que había pedido a cierto movimiento de la Iglesia que vinieran a su parroquia a hacer una determinada actividad: -“A ver si así conseguimos atraer a jóvenes”.

Creo que todos los curas soñamos con encontrar la piedra filosofal de atraer a los jóvenes a las parroquias. Hay parroquias que tienen buenos programas para jóvenes, o un buen itinerario de catequesis que desemboca en grupos de jóvenes, y que incluso promueven vocaciones, gracias a Dios. Es un modelo que se basa en que la parroquia tenga una buena oferta para que los jóvenes… vengan. Hay parroquias que no tienen la capacidad de ofrecer esos programas, o simplemente están implantadas en lugares en que no hay jóvenes. No que no haya jóvenes, sino que no hay familias cristianas que puedan nutrir de jóvenes a la parroquia.

El problema aquí es que lo que se espera es… que los jóvenes “vengan”. Es como si Jesús se hubiera quedado en Nazareth a esperar a que los discípulos viniesen a Él. Cuando leemos el Evangelio atentamente nos damos cuenta de que la formación del grupo de los discípulos en torno a Jesús no es a partir de un movimiento de “entrada”, sino de “salida”. Es Jesús el que sale, el que comienza a predicar, el que va a las orillas del Jordán y del mar a buscar a los discípulos; y luego son estos mismos discípulos los que son “enviados” a los caminos, para ir de ciudad en ciudad predicando el Reino de Dios.

La cuestión no es cómo conseguir que la gente venga a la Iglesia; la cuestión es: ¿cómo conseguimos nosotros, los que estamos dentro, salir a compartir la Buena Noticia?

La cuestión no es cómo conseguir que la gente venga y llene nuestras iglesias, sino como conseguir que las iglesias se vacíen (después de Misa) de los que están dentro, para que vayan hacia afuera como misioneros.

Todo esto es muy claro. Desde hace unos años no se habla más que de evangelización, de nueva evangelización, de Iglesia en salida, de misión, etc.

Más que idear y diseñar programas atractivos para los de fuera, lo que se impone es diseñar procesos para que los de dentro se conviertan de asistentes en verdaderos discípulos misioneros. Así de fácil. O de difícil, porque ya no se trata de que venga alguien con la fórmula mágica que te llene la parroquia, sino que todo pasa por una verdadera conversión. Conversión pastoral.

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