Educación

¿Tiene sentido estudiar Teología hoy?

Los tiempos actuales plantean cada vez más desafíos éticos y morales. Basta echar una mirada a la guerra, la pobreza, al sufrimiento y a la muerte, la eutanasia, agresiones a la vida, ecología, sexualidad y familia, y por supuesto, la fe, la trascendencia. Omnes ha contactado con mujeres y varones que agradecen la formación recibida en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas (ISCR) de la Universidad de Navarra. Y lo cuentan.

Rafael Miner·23 de abril de 2022·Tiempo de lectura: 11 minutos
Estudiar Teología hoy. Photo by Csaba Balazs. Unsplash

Los grandes debates de nuestros días son en buena parte éticos, morales. No caben muchas dudas al respecto. Y uno de los problemas para afrontar los retos de nuestro tiempo es que muchos somos bastante analfabetos en cuestiones de fe y de moral. Mientras se multiplican los programas, cursos y tutoriales sobre economía, inteligencia artificial y robótica, sanidad, cuidado del cuerpo, o los negocios, por citar sólo algunos ejemplos, estamos cojos en dar razón de nuestra fe, si no la tenemos ya casi olvidada, o anestesiada, y la confusión y la infelicidad afloran.

“No soy profesor, ni docente, ni catequista, soy un mero laico. ¿Por qué estoy haciendo un curso de teología moral a distancia con 55 años? Formulado así hasta a mí me sorprende”, reflexiona para Omnes José Antonio Tovar, español residente en Fráncfort (Alemania). “Desde hace unos cinco años e imagino que por la gracia de Dios, he tenido un proceso de conversión (no paulina, sino paulatina). No es que fuese anteriormente un pequeño pagano, pero casi, casi…”, reconoce.

José Antonio Tovar cursa actualmente “el diploma en Teología Moral en la modalidad online (en terminología post moderna), por internet (en terminología moderna) o a distancia (en terminología clásica, la cual prefiero), y lo cierto es que estoy muy, muy contento”, asegura.

¿Cómo llegó a matricularse en el ISCR de la Universidad de Navarra? Luego nos lo cuenta, porque tiene su miga, pero antes el profesor Tovar confiesa con honestidad: “Sin tener la más remota idea de lo que era la teología moral, y sin haberme leído prácticamente el contenido del diploma me matriculé. Y lo curioso es que mi pereza no protestó, ni ha protestado lo más mínimo. Y no me arrepiento nada, porque me ha dado la respuesta a muchas cosas que me venía planteando. Y me ha encantado y me encanta, aunque lo termine en un par de semanas”.

“Una de las consecuencias de ese proceso de conversión fue la necesidad imperiosa de leer cosas relacionadas con la religión católica y la necesidad de adquirir más conocimientos y de profundizar en los que ya tenía”, explica Tovar. Y en este punto coinciden los entrevistados, aunque lo explican cada uno a su modo.

Una colombiana en Alemania

Carolina Lizarazo, colombiana, lleva 23 años en Alemania, “y ahora soy alemana de corazón”, reconoce, “porque sigo siendo colombiana, y trabajo como profesora titular de la Universidad de Stuttgart, en el Departamento de Lenguas. Además de eso, soy esposa, madre, y tengo mis obligaciones como cualquier mujer casada, con mi familia”, señala.

“Precisamente por eso, y por la metodología online, los programas de la Universidad de Navarra fueron para mí una opción perfecta. He tenido la suerte de haber cursado dos diplomados, el de Teología Bíblica, y acabo de terminar el de Teología. Este semestre me vuelvo a meter en esta aventura, e inicio el diploma de Teología Moral”, añade.

“Estos estudios, los diplomas, han significado para mí un antes y un después”, explica Carolina. “Desde que comencé con los estudios, mi vida de fe, mi conocimiento de la Iglesia, de la Sagrada Escritura, han hecho que mi fe, mi trabajo con jóvenes, con estudiantes, en mi vida normal, haya cambiado significativamente. Yo estudié Comunicación social y periodismo en Colombia, y aunque siempre participé en la vida de la Iglesia, en grupos, y me confrontaba con temas de fe, los programas me han aportado una formación más sólida, fundamentada, clara, fiel al Magisterio, a la Iglesia. Y esto me ha ayudado mucho para aplicar y transmitir en otros ambientes, para dar razones de mi fe”, subraya esta mujer colombiana.

“Perspectiva seria, científica, teológica”

Carolina Lizarazo lo precisa de este modo: “Yo pensaba que conocía la Biblia, hasta que empecé a hacer el diplomado en Teología bíblica, y esos estudios me dieron una perspectiva seria, científica, teológica, espiritual, y me ayudó a conocer más y tener más amor a la Sagrada Escritura. Muchas veces desconocemos mucho de la Palabra de Dios, y para mí fue un descubrimiento maravilloso. Como dice san Jerónimo, desconocer la Escritura es desconocer a Jesucristo, y eso a veces nos pasa”.

La experiencia del diploma de Teología fue “un poco diferente”, comenta esta periodista latinoamericana, ahora también alemana de sentimiento. “Lo hice durante la pandemia, me dio mucha esperanza, y supuso una gran ayuda. Cristología, mariología, eclesiología, para mí especialmente interesante por el proceso que se está viviendo en la Iglesia, y el que está viviendo la Iglesia alemana. Se ha producido en mí un amor renovado por la Iglesia. Gracias a Dios y al diploma, que me ha motivado mucho”.

Madre de familia en Navarra

De Colombia y Alemania volvemos a España. Concretamente a Navarra. Mara Barón es madre de familia numerosa, con 6 hijos. “Vivimos en Marcilla (Navarra), y trabajamos, mi marido principalmente, y yo en un restaurante llamado Villa Marcilla, en Marcilla de Navarra. Hice el diploma de Teología Moral hace ya dos años y creo que me matricularé el año que viene en otro que está sin decidir aún. La experiencia fue una maravilla”, cuenta Mara Barón.

Los estudios, aunque fueron online, como son estos diplomas, no están exentos de dificultades, pero se superan. Mara lo comenta de este modo. “Aunque tardé en adquirir el hábito de estudio, disfrutaba muchísimo con cada tema. Simplemente me matriculé por intentar formarme más y mejor, y conseguí ampliar mis conocimientos a la vez que se abría un mundo apasionante de búsqueda de la Verdad hacia el bien del hombre”.

Y prosigue: “Los casos de moral al final me sirvieron muchísimos, como para generalizar todos los aspectos. Me encantó la asignatura de Bioética, que es muy actual, donde se abordaron temas como la eutanasia, el aborto y la vida, la fecundación in vitro, etc. Y también la asignatura de Sexualidad, matrimonio y familia”. Al referirse a profesores, Mara afirma que ·”me ayudó mucho D. Tomás Trigo, con el que tenemos mucha amistad, en especial en la asignatura de Ética, que era la primera. Me costó, los conocimientos, el vocabulario, etc., pero recibí ayuda, también de D. José María Pardo”.

Catequesis y ambiente universitario

Mara Barón explica que “ha estado en Marcilla, hace ya tiempo, en las catequesis de Primera Comunión, y que sus hijos tienen entre 26 años ―la mayor se casa la semana que viene―, y 14 años”. ¿Cómo se hace para simultanear la atención a una familia numerosa, llevar un restaurante, y realizar un diploma online? “Yo lo hice sobre todo porque tenía algo más de tiempo al ser los hijos más mayores”, responde, “y al tener universitarias, coincidía con ellas en la biblioteca. Así disfrutaba del ambiente universitario, que no pude en mi edad, y no tuve opción de estudiar en la Universidad de Navarra; yo estudié en Madrid”.

“En definitiva, la experiencia fue maravillosa”, concluye. “Creo que el diploma [en Teología Moral] está muy bien trabajado y explicado. Yo sí que pondría alguna clase más online, para algunas explicaciones”, sugiere, “que por las guías o los libros, no se comprendan del todo bien”. “Personalmente, tuve la suerte de poder beneficiarme de la biblioteca de Teología y poder también preguntar mis dudas, que fueron muchas al principio”.

Desde Managua (Nicaragua)

La nicaragüense Lucía Hurtado se presenta de este modo: “Soy sin más una mujer laica, que sigue en búsqueda de la Verdad ―en un camino iniciado al lado de mi esposo en 2006―, de estar más cerca de Él también a través del conocimiento; que redescubre que la religión tiene hoy un importante valor público que cumplir, y que algún aporte podrá hacer para resaltarlo en aras del bien común”.

Al rato, recuerda un viernes por la tarde en Pamplona. “Sabía poco sobre la facultad de Teología de la Unav [Universidad de Navarra], y llamó mi atención ver a sacerdotes ir y venir por su campus y estación de bus, así que decidí ir a ver de dónde venían; ya antes había visitado la preciosa capilla del Santísimo del edificio Amigos. Caminé por esos lindos senderos y llegué al edificio del ISCR, y oh tristeza, al entrar y no ver a nadie, habían ya cerrado, pensé. Pero no, ahí se encontraba Natalia Santoro, secretaria académica, quien me atendió como si ya me hubiese estado esperando”.

“Fue una fácil, grata y fecunda conversación”, evoca Lucía Hurtado a Omnes, “al punto que al poco tiempo de regresar a mi país tomé de nuevo el folleto sobre el Diploma Online en Teología Moral, y opté por inscribir la clase Matrimonio, Sexualidad y Familia, con el prof. D. José María Pardo, que ella pensó era la que mejor me aportaría para los quehaceres con mi comunidad Matrimonios en Amor, cuyo lema es ‘Ama a tu cónyuge como a ti mismo’. Antes hablé con mi esposo Sergio y se mostró entusiasta, a fin de cuentas servimos juntos en ese movimiento que se reúne en la iglesia Santa Marta de Managua desde el año 2008”, revela esta madre de familia nicaragüense.

“Fue difícil adaptarme a la metodología en línea, cuando toda mi educación anterior había sido con papel, lápiz y libros en mano. No obstante, la clase me gustó tanto, que decidí al terminarla inscribir otra y luego otra. Mi corazón e intelecto fueron cautivados por videos y textos preparados con altísima profesionalidad, humanidad y modernidad, una combinación ideal de ciencias positivas, moral, ética, valores humanos, religión, teología y fe, que me hacían reflexionar y ponían en su lugar mis ideas y conceptos sobre el mundo, Dios y los hombres”, añade.

También Pedagogía

“Llevando una clase por semestre, que es lo que mi tiempo de esposa, madre, abuela y profesional y servidora me permitía, terminé Teología Moral y recién este mes de febrero recibí mi diploma, ni yo me lo creía, ya por fin iba a disponer de mis fines de semana”, concluye Lucía Hurtado, sólo para comentar que se ha apuntado a otro diploma, el de Pedagogía.

En efecto, Hurtado recibió entonces “un email del ISCR ofreciendo descuento a quienes ya teniendo un diploma deseasen estudiar Pedagogía Evolutiva de la Fe, y yo amante de las rebajas, caí en la trampa y ahora estoy llevando, felizmente, mi primera clase con el prof. José Luis Pastor. Sigo haciendo malabares para adentrarme en las lecturas, muchas cosas ocurren en mi entorno que me roban la concentración, pero cuando lo logro no quiero soltarlas”, comenta. Lo que hacen los profesores y tutores en el ISCR “es muy valioso, necesario, bien recibido y apreciado”, afirma.

“He aprendido más de lo imaginado”

Retomamos ahora las ideas iniciales de José Antonio Tovar, desde Fráncfort, y su satisfacción por el diploma de Teología Moral que está cursando. “Estoy muy, muy contento. Por la estructura, el contenido del curso en sí, la flexibilidad, el claustro de profesores (en especial con el padre Tomás) y por algo bastante difícil de conseguir, como es el hecho de que han conseguido que me sienta parte de la Universidad de Navarra, aunque sea un trocito muy chiquitito. Además, estoy sorprendido porque he aprendido muchísimo más de lo que en un principio había imaginado. Lo cierto es que no tengo nada más que buenas palabras”.

“Durante el curso me he planteado”, revela José Antonio Tovar, “si es mejor hacer un curso de ética o de moral con 20 o con 55 años y lo cierto es que no tengo una respuesta demasiado clara. Con 20 puedes adquirir unas herramientas que te pueden servir de bagaje para la vida, pero con 55 el bagaje y la experiencia que has ido adquiriendo te ayuda a reflexionar y profundizar más y te permite disfrutar (palabra muy valorada por la sociedad postmoderna) y valorar muchísimo más todo el contenido de lo que lees, escuchas y compartes. Ah, también de las personas”.

La opción por Teología Moral

Y le dejamos la palabra para que cuente cómo se decidió a realizar el diploma de Teología Moral, una historia muy personal, que evoca con detalle, y que considera “un milagro, para otros una nimiedad”. Es la siguiente, y Tovar lo cuenta de este modo, que necesariamente extractamos:

“Una de las facetas en las que me sentía y me siento como un analfabeto funcional es en todo lo relativo al Antiguo Testamento, y eso a pesar de haber ido a un colegio católico, haber pertenecido en mi juventud a un grupo de jóvenes (valga la redundancia) y de haber recibido todas las catequesis necesarias para todos los sacramentos que se puedan recibir (salvo la catequesis del bautismo, que por haberlo recibido con dos días no dio demasiado tiempo, ah y la catequesis del orden sacerdotal, claro)”.

“Pues bien, queriendo llenar esa laguna (o ese océano) de ignorancia, relativa al Antiguo Testamento, pensé: Por qué no hacer un curso de Teología Bíblica…

Y a golpe de ‘click’ llegué al diploma a distancia (sigo prefiriendo la terminología clásico-escolástica), que imparte la Unav. 

Y como Julio César: Leí, repasé y volví a leer el contenido del curso. 

Y me decidí.

[…] Pero el tiempo fue pasando y pasando… 

Y casi, casi me olvidé. Del curso, digo”.

«Sin embargo, con la eficiencia germánica de los gestores del curso, recibí un buen día un email en el que me recordaban que el plazo de inscripción terminaba dentro de poco. Mi pereza se sobresaltó bastante. Bueno mucho. Volví a leer el programa, volví a repasar las condiciones del curso y no sabiendo si debía o no hacerlo pues… Nada, que pedí ayuda a Dios. Y en una oración le dije francamente: ¿Qué hago? ¿Hago el curso o lo dejo pasar? ¿Lo hago ahora, el semestre que viene, el año que viene, o el siglo que viene?”

Un cuadro de Rembrandt

«Y entonces pasó algo sorprendente. Para mí un milagro, para otros una nimiedad. Hacía una semana que había leído un libro que me había impresionado bastante: ‘El regreso del hijo pródigo, meditaciones ante un cuadro de Rembrandt’, de Henri Neuwen (dejemos la trayectoria del autor al margen) y llevaba toda la semana pensando y reflexionando acerca del cuadro, que además no había visto en mi vida. Incluso lo había puesto como mi fotografía de whatsapp y fondo de pantalla del móvil…”.

“Pues bien, allí estábamos mi pereza y yo delante del ordenador decidiendo si hacíamos o no el dichoso (lo siento) curso de Teología Bíblica y justo antes de formalizar la inscripción, mi pereza me sugirió tenuemente: Venga, vuelve a leer el folleto con las asignaturas y el contenido del curso… Y entonces me equivoqué. Y entonces pulsé el enlace equivocado… Y entonces delante de mis narices apareció en la pantalla del ordenador, no el programa del curso de Teología bíblica, sino el de Teología moral”. 

“Y lo cierto es que en ese segundo me quedé petrificado: La imagen del folleto del curso de Teología moral era precisamente… Sí… el cuadro de Rembrandt, el mismo de mi whatsapp, el mismo que mi salvapantallas, el mismo que el fondo de mi móvil… El mismo que había visto por primera vez siete días antes…Y en ese mismo momento y aunque parezca una tontería, no me cupo absolutamente ninguna duda de que ese el curso que tenía que hacer. Y que era la respuesta a mi oración. […] Y me matriculé”. José Antonio Tovar no se arrepiente porque, como ha señalado más arriba, “me ha dado la respuesta a muchas cosas que me venía planteando”.

Dos razones para estudiar Teología

Como pueden imaginar, conectar con estos alumnos de Ciencias Religiosas ha llevado unos días. Entretanto, hemos podido rescatar alguna reflexión y algunos datos.

Entre las primeras, dos razones que ofreció para estudiar Teología Mons. Juan Antonio Martinez Camino, obispo auxiliar de Madrid y presidente de la Subcomisión episcopal  para las Universidades y la Cultura de la Conferencia Episcopal Española (CEE), en un artículo en Omnes. La pregunta que se hizo, fue: ¿Por qué estudiar Teología quien no piensa ser o no es sacerdote ni religioso? 

Sus respuestas fueron, en síntesis: 1) “porque un bautizado consciente del tesoro que es la fe profesada, suele desear conocerla más y mejor que en la primera catequesis. La Teología ayuda a vivir mejor la fe, a apreciarla más, a defenderla de los ataques de la cultura dominante, poco amiga de la vida cristiana; y por supuesto, a capacitarse para la misión apostólica propia de todo bautizado, en la familia, la profesión y la vida social en general”.

Y 2) “para poder ejercer oficios o misiones en la Iglesia que con frecuencia han desempeñado sacerdotes, pero que no están reservados a ellos. Son muchísimos”, realzó, y citó algunos de ellos, mencionando, por ejemplo, la enseñanza de la Teología, y las clases de religión en numerosos centros.

El ISCR de Navarra

En una reciente entrevista con Omnes, el subdirector del ISCR de la Universidad de Navarra, profesor D. Tomás Trigo, señaló: “Estamos en un momento histórico que pide a gritos que todos los cristianos tengan una formación doctrinal sólida y profunda, […], al hilo de los cambios culturales”.

El próximo 1 de mayo, este ISCR, que tiene una modalidad semipresencial, abre el plazo de admisión. Como explicó el profesor Trigo, estos Institutos de Ciencias Religiosas fueron creados para facilitar esta formación mediante un itinerario académico específico que son el Bachillerato y la Licenciatura en Ciencias Religiosas, títulos oficiales de la Santa Sede. Además, ha realizado “un gran esfuerzo” para disponer de una Colección de Manuales del ISCR de la Universidad de Navarra (EUNSA).

Además, la oferta formativa dispone de “títulos propios con modalidad a distancia 100 %, a los que llamamos ‘Diplomas online’, enfocados por áreas temáticas de la Teología, con otras asignaturas que complementan la formación”. El Diploma de Teología Moral, por ejemplo, es uno de ellos. “Actualmente, estudian con nosotros más de 450 alumnos de diversos países de América y Europa, además de España”, ha señalado el profesor Trigo.

Compañeros del joven Ratzinger

En la gestación de “ese gran teólogo, que llegaría a ser Papa”, Benedicto XVI, hoy Papa emérito, según ha escrito hace poco Peter Seewald, se sitúa la época de Freising, en la “el jovencísimo Ratzinger estudia con compañeros que, como él, aspiraban a ser ordenados sacerdotes”, ha recordado Mons. Martínez Camino.

“En cambio, en Fürstenried, tuvo compañeros y compañeras de estudio laicos, que se ayudaban mutuamente en los trabajos académicos. Entre ellos, llama la atención el caso de Esther Betz, hija del fundador de un gran diario alemán, estudiante de Teología desde 1946 y luego asistente del profesor Schmaus”.

“Esta mujer, empresaria, por fin, como su padre, del mundo editorial y periodístico, mantuvo hasta su muerte la amistad con su compañero de estudios, incluso cuando éste era ya Papa. La correspondencia entre ambos teólogos es una de las fuentes más originales de la biografía de Seewald”, ha recordado Monseñor Martínez Camino.

Revolución educativa

Hace más de tres años, como se recordó en este portal, el Papa Francisco dio el pistoletazo de salida a una revolución educativa. “Ha llegado el momento en el que los estudios eclesiásticos reciban esa renovación sabia y valiente que se requiere para una transformación misionera de una Iglesia en salida desde ese rico patrimonio de profundización y orientación”, señaló el Santo Padre en la Constitución Apostólica Veritatis Gaudium.

“Ante la nueva etapa de la evangelización, […], estos estudios no deben sólo ofrecer lugares e itinerarios para la formación cualificada de los presbíteros, de las personas consagradas y de laicos comprometidos, sino que constituyen una especie de laboratorio cultural providencial”, señaló el Papa Francisco, quien se refirió al desafío de “una valiente revolución cultural”.

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