Familia

Mary-Rose y Ryan Verret: «Los mentores de ‘Witness to love’ son los Aquila y Priscila de nuestro tiempo»

Este programa de preparación y acompañamiento matrimonial impulsado por Mary-Rose y Ryan Verret, un matrimonio de Louisiana, lleva más de 12 años formando parejas para el matrimonio de una manera singular.

Maria José Atienza·20 de mayo de 2023·Tiempo de lectura: 8 minutos
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Foto: Mary Rose y Ryan Verret ©Witness to love

Cambiar el método tradicional y unidireccional del cursillo prematrimonial por un verdadero acompañamiento fundado en la confianza y la admiración previa a otro matrimonio. Esa es la idea base de Witness to Love.

Como explica en la documentada y amplia web de Witness to Love, este proyecto proporciona a las iglesias locales herramientas para transformar los programas de preparación matrimonial en fuentes de discipulado matrimonial dinámico.

Lo que comenzó como un proyecto piloto en una parroquia se ha llevado ya a más de 80 diócesis, especialmente en los Estados Unidos, y ha ayudado no sólo a las más de 16.000 parejas que han seguido alguno de sus cursos sino a los matrimonios «mentores» para los que, la formación, el acompañamiento y el desafío de Witness to Love ha supuesto un fortalecimiento de su matrimonio y un mayor compromiso en sus parroquias y comunidades.

En esta entrevista con Omnes, que se complementará en las próximas semanas con una sobre la tarea con la comunidad hispana Testigos de amor, el matrimonio Verret señala que «la forma tradicional de hacer el cursillo matrimonial podría funcionar si las parejas realmente hubiesen crecido en una familia cristiana» y cómo los mentores de este proyecto ocupan, en muchas ocasiones, «un espacio que la sociedad y sus propias familias habían roto».

¿Cómo y por qué nació Witness to Love?

[Mary Rose] Yo había estado trabajando para la diócesis, y allí sentía que lo hacíamos muy bien: teníamos un material estupendo, muy innovador, muy sólido, y las parejas escribían opiniones positivas después de venir a las charlas, pero yo no sabía lo que estaba ocurriendo en las parroquias.

Cuando tuve a mi segundo hijo, dejé el trabajo en la diócesis y decidí dedicarme a mi familia. Una noche el sacerdote de nuestra parroquia vino y me dijo: “Perdona, he escuchado que has dejado la diócesis y yo necesito ayuda con la preparación prematrimonial en la parroquia. Es muchísimo trabajo sin ningún resultado. Si las parejas no están yendo a misa antes de la boda, no van a empezar a ir después de la boda. Hay que invertir tanto tiempo, teniendo la esperanza de que vayan a venir a la Iglesia, y de que vayan a permanecer casados, pero realmente no hay ningún modo de saber si han seguido casados, y en la Iglesia no se les ve. La verdad es que estoy muy cansado, así que quizá tú podrías encargarte”.

Me quedé muy sorprendida, porque había hecho tanto trabajo en la diócesis… Y este sacerdote en concreto era estupendo, siempre enviaba a sus parejas a las conferencias de la diócesis y yo sabía que lo estaba haciendo todo, no sólo retiros, tenía también parejas que hacían de mentores, clases de planificación familiar natural…

Le respondí que me dejara investigar un poco: quiénes seguían casados, quiénes no, qué familias iban a la Iglesia… Y tenía razón. Muy pocas parejas estaban yendo a la Iglesia, y un buen número de ellas se estaban divorciando; de hecho, el 23 % de las parejas se habían divorciado antes de los cinco años después de la boda.

Así que entrevistamos a algunas de las parejas que se habían divorciado. Cuando les preguntamos por qué no habían pedido ayuda, respondieron: “La parroquia nos ha dado mentores, pero no los conocíamos y no teníamos confianza con ellos, así que no nos sentíamos con ellos. Si teníamos un problema, ellos no eran las personas a las que acudiríamos. Si hubiésemos ido a hablar con el sacerdote con un problema antes de la boda, entonces quizá no nos hubiese casado. Así que fuimos a hablar con los amigos con los que nos sentíamos a gusto, los que no nos juzgarían, los que sabían por lo que estábamos pasando”.

La confianza es clave, evidentemente, ¿qué tipo de “consejos” recibían de esos amigos o conocidos?

[Mary Rose] Al preguntar a quiénes acudían, la mayoría reconoció que hablaban con sus amigos divorciados y estos les daban mensajes del tipo: “Haz lo que te haga feliz”, “Sólo tienes una vida”, “Él es un idiota”, “Ella es una egoísta”, “Te mereces algo mejor”, “Déjalo y empieza de nuevo”, “Esto ha sido un error, empieza de cero”.

Junto al párroco, todo el consejo pastoral coincidimos en que teníamos que que hacer algo diferente. Recuerdo que, cuando aún no habíamos tomado una decisión, otra pareja se divorció. Lo supimos cuando ya no se podía hacer nada. Así que el sacerdote dijo: “La reunión se ha terminado, vamos a tener una Adoración y vamos a pedirle a Dios que nos ayude en nuestro ministerio”. Y así lo hicimos.

Después de una hora, el sacerdote nos indicó que fuéramos a la reunión hasta lograr una decisión. Hablamos y hablamos durante tres horas exponiendo todo lo que habíamos conocido.

La gente necesita una estructura, una excusa para tener conversaciones significativas, especialmente hoy en día, cuando todo está tan desconectado.

Mary Rose Verret. Fundadora Witness to love

¿Cómo llegasteis a la idea de este acompañamiento de amistad?

[Mary Rose]Recuerdo que, en la diócesis, cuando hablaba con las parejas y les pedía que me hiciesen sus preguntas sobre comunicación y resolución de conflictos, solía romper el hielo diciendo: “Si te despertaras ahora y hubiesen pasado cinco años y tu matrimonio fuera como el de tus padres, ¿serías feliz?”. Podría contar con los dedos de una mano el número de parejas que dijeron que querían un matrimonio como el de sus padres.

La mayoría respondían con este tipo de argumentos “¡Uy, no! Eso no es lo que quiero”… “No me gusta el modo en que se hablan”… “No pasan tiempo suficiente juntos, ni con nosotros”. Les preguntaba entonces: «Si no quieres uno como el de tus padres, entonces, ¿a qué matrimonio te gustaría que se pareciera el tuyo? Tienes que estar loco si vas a casarte y no conoces a nadie que esté felizmente casado».

Al final eran capaces de pensar y llegaban a conclusiones diversas, su entrenador, una familia en la que trabajó uno de ellos de canguro, los mejores amigos de sus padres… Llegados a este punto, admitían que serían felices con un matrimonio así y cuando les animaba a hablar con esas personas se sorprendían porque les parecía raro.

Me di cuenta de que la gente necesita una estructura, una excusa para tener conversaciones significativas, especialmente hoy en día, cuando todo está tan desconectado. También comprobamos que no se puede “crear” la confianza. No puedes decir: “En seis meses vas a casarte y vas a confiar en estos mentores, vas a ser abierto y vulnerable con ellos y todo va a funcionar”.

Hay que construir sobre el terreno real, porque en seis meses o un año, o dieciocho meses, o el tiempo que sea antes de la boda, no puedes crear el tipo de relación de confianza y de comunicación que pueda ayudarte cuando tengas momentos difíciles después de la boda.

Muchos programas con mentor que conocemos presuponen que vas a sentarte con una pareja experta, a la que apenas conoces, y compartir con ellos tu vida, hablar sobre cosas incómodas pero eso es muy raro que ocurra.

Después de aquella Hora Santa, hablando en la parroquia el sacerdote apuntó: “Podríamos intentar que ellos eligiesen a su pareja, una a la que admiren. Debemos asegurarnos de que es una pareja sólida”. Yo le respondí que, aunque no podemos estar seguros de que todo vaya a ser perfecto, podíamos crear un entorno y dar unas directrices para que esto fuera posible.

¿Cuáles son las características de los mentores de Witness to Love?

––[Mary Rose] Desde el inicio, acordamos que tenían que haber estado casados al menos cinco años. Pusimos esta fecha porque la mayoría de los divorcios ocurren en los primeros cinco años y realmente lleva unos cinco años de matrimonio convertirse en la pareja que eres.

Así que tenían que estar casados por la Iglesia católica, con al menos cinco años de matrimonio, ser activos en la parroquia, que fuesen a misa, comprometidos. En tercer lugar que tuviesen un matrimonio saludable, que la pareja comprometida pudiera admirar.

No tienen que saber todo de la Iglesia, no hace falta que tengan un máster en Teología, no tienen que ser buenos conferenciantes, no hace falta que tengan ninguna de las cosas que normalmente tienes que tener para servir en la Iglesia en formación matrimonial.

Una vez acordadas las características, comenzamos a ponerlo en práctica con la primera pareja que fue a la parroquia para casarse.

Desde ese momento, las parejas elegían a sus propios mentores. Iban a misa juntos, les hacían preguntas, crecieron en la relación, en amistad y responsabilidad.

No eran los novios recibiendo información de unos extraños, sino unos amigos caminando juntos, sólo que unos, un pasito por delante del otro; ambas parejas siendo vulnerables, ambas parejas creciendo.

Era una dinámica completamente diferente. No teníamos ni idea de si iba a funcionar o que se convirtiera en un movimiento internacional. Todo empezó con aquel “Llevemos esto a la oración”. Cuando abres una rendija al Espíritu Santo no sabes dónde va a llevarte.

Obviamente, luego pulimos y añadimos algunas cosas, tenemos una aplicación, vídeos, libros… Pero todo se ha construido a partir de ese: “¿Y si…?” “¿Y si caminan juntos unos amigos?” No sólo hablando con el sacerdote o un extraño, sino integrándose en la comunidad, participando en la parroquia.

Los mentores no son superparejas, ni están todo el día en la parroquia. Son sólo buenas parejas católicas que están viviendo su vida y no presuponen que tengan nada que compartir.

Ryan Verret. Fundador Witness to love

¿Cuántas parejas han participado en el programa en este tiempo?

–Desde su inicio, hace más de once años, han pasado por Witness to Love unas 16.000 parejas en 80 diócesis.

¿Cuál es el feedback que habéis recibido de los mentores y las parejas?

[Mary Rose]: Recibimos mucho feedback porque, al final, las parejas rellenan una encuesta para casarse, y explican cómo ha sido su experiencia y cómo les gustaría involucrarse en la parroquia.

–[Ryan]: Creo que el resumen de las encuestas de las parejas prometidas es que los mentores están ocupando un espacio que la sociedad y sus propias familias habían roto.

Las parejas-mentores rellenan ese hueco, crean un verdadero puente entre la esperanza que tienen los novios y lo que la Iglesia propone como preparación prematrimonial.

Los mentores no son superparejas, ni están todo el día en la parroquia ni yendo a todos los eventos de la Iglesia. Son sólo buenas parejas católicas que están viviendo su vida y no presuponen que tengan nada que compartir.

Para aquellos que tienen la capacidad intelectual, hay otras formas de preparación matrimonial. Pero para los que necesitamos amistad, puedes ser acompañado por alguien. Hace falta compartir.

El matrimonio sacramental en España desciende, de manera constante, desde hace años, al igual que otros sacramentos. ¿Cómo recuperan esa ida sacramental las parejas a través de Witness to love?

[Mary Rose]: Creo la forma tradicional de hacer el cursillo matrimonial, las clases y sólo cuestionarios o recursos online, podría funcionar si las parejas realmente hubiesen crecido en una familia cristiana, en una iglesia doméstica. Se trataría de ofrecer recursos justo al final, antes de la boda, para gente que ya sabía a qué estaban diciendo que sí. Pero si no has crecido en ese entorno, las parejas ven el matrimonio y dicen: “Yo no tengo nada que ver con esto”.

En el fondo no tienen ni idea de lo que están haciendo. Si van a una iglesia es porque “va a quedar muy bien en Instagram. Hay que romper esa mentalidad instagramera y recordar que el matrimonio es un sacramento, y esto es a lo que estás diciendo que sí, a que Dios esté implicado.

En este sentido, en las encuestas, las parejas prometidas siempre destacan que no se veían capaces de hacer todo lo que es en realidad el matrimonio pero que caen en la cuenta que, sin Dios, no podrían hacerlo.  También reconocen que no eran conscientes de que Dios era parte del matrimonio, y ahora saben que hace falta algo más que dos un hombre y una mujer para casarse y permanecer casado. Necesitas a Dios, a los mentores, y a la comunidad. Tampoco sabían que el matrimonio es una vocación. Es como ese dicho: “No sabes lo que no sabes hasta que sabes”.

–[Ryan]: El descenso de la vida cristiana está ocurriendo en todas partes. En Estados Unidos es cierto que, gran parte de este descenso es un resultado directo de la situación clerical, los abusos. Hay mucha gente que simplemente ha dicho: “Se acabó”.

Quizás todavía rezan a Dios, pero no van a la Iglesia. Además, después de la pandemia hubo mucha gente que no volvió a la parroquia, porque durante la pandemia estaba cerrada, y dijeron: “Bueno, si podemos rezar en casa, ¿para qué tenemos que ir a la iglesia?”.

Hemos descubierto que Witness to Love es un acercamiento de catecúmeno, como de la Iglesia primitiva, de parejas que se están encontrando con Cristo en la Iglesia doméstica. El hogar es un centro misionero de la parroquia. Y la parroquia necesita que el hogar sea parte de la evangelización. Los mentores son los Aquila y Priscila de nuestro tiempo.

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