Ecología integral

Stephen Barr: “La tesis del conflicto entre ciencia y fe es un mito generado por las polémicas de finales del XIX”

Doctor en física teórica de partículas, Stephen Barr es el presidente de la Sociedad de Científicos Católicos. Miembro de la American Physical Society, en 2007 el Papa Benedicto XVI le concedió la Medalla Benemérita y, en 2010, fue elegido miembro de la Academia de Teología Católica.

Maria José Atienza·24 de noviembre de 2023·Tiempo de lectura: 5 minutos
Barr

Stephen M. Barr es profesor emérito del Departamento de Física y Astronomía de la Universidad de Delaware y ex Director de Bartol Research Institute un centro de investigación del Departamento de Física y Astronomía de esta misma universidad americana. 

Junto con Jonathan Lunine fundó la Sociedad de Científicos Católicos, que cuenta con más de un millar de miembros de más de 50 países. Cientos de científicos, teólogos, filósofos e historiadores han asistido a sus conferencias.

Esta asociación, una de las principales en el campo del estudio de la relación entre ciencia y fe está concebida como un lugar donde los científicos católicos pueden compartir sus conocimientos, perspectivas y dones intelectuales y espirituales entre sí para su enriquecimiento mutuo así como un foro de reflexión y debate sobre cuestiones relativas a la relación entre la ciencia y la fe católica.

Esta relación de ciencia y fe, su historia y los mitos y verdades que de entrelazan en este ámbito, es el tema central que ha tratado -con entrevistas a figuras de primer nivel y colaboraciones como la de Juan Arana-, la revista Omnes del mes de noviembre, disponible para suscriptores.

¿Cómo y por qué nació la Sociedad de Científicos Católicos?

– En 2015, un eminente astrofísico, Jonathan Lunine, converso a la fe, me dijo que su párroco le había sugerido fundar una organización de este tipo. Yo mismo había estado pensando en ello durante mucho tiempo. Así que Jonathan y yo la pusimos en marcha en 2016. 

Teníamos varios motivos. Uno era mostrar al mundo que la ciencia moderna y la fe católica están en armonía. 

Un segundo era fomentar la comunión espiritual e intelectual y el compañerismo entre los científicos católicos. Los científicos religiosos y los estudiantes de ciencias pueden sentirse aislados, aunque de hecho son muy numerosos, porque a menudo no saben de la existencia de los demás. 

Un tercer motivo era crear un lugar en el que las personas que tuvieran preguntas sobre el tema pudieran encontrar información de calidad y debates sobre cuestiones de ciencia y fe.

¿Es científicamente razonable tener fe religiosa? ¿Es posible ser un científico reconocido y un creyente hoy en día?

– Muchos grandes científicos han tenido fe religiosa; de hecho, casi todos ellos, desde Copérnico en el siglo XVI hasta Faraday y Maxwell en el XIX. El fundador de la genética, Gregor Mendel, era sacerdote, al igual que el fundador de la teoría cosmológica del Big Bang, Georges Lemaître.

Uno de los mejores físicos del mundo en la actualidad, Juan Martín Maldacena, que creó una revolución en la comprensión de la relación de la teoría cuántica y la gravedad, y que en ciencia tiene una consideración a la altura de Hawking, es miembro de la Sociedad de Científicos Católicos.

También se puede señalar a eminentes científicos contemporáneos de otras confesiones. Decenas de premios Nobel han sido religiosos. Se me ocurren dos premios Nobel de física que se convirtieron a la fe católica (Bertram Brockhouse y Sir Charles Kuen Kao).

¿Dónde convergen la ciencia y la fe?¿Se complementan o son incompatibles?

– La fe y la ciencia tienen muchas de las mismas raíces: un sentimiento de asombro ante la existencia del mundo y su belleza y orden, la convicción de que existen respuestas últimas y de que la realidad tiene sentido, y la creencia de que los seres humanos tienen la capacidad de llegar a la verdad y la obligación de buscarla. La fe y la ciencia se complementan mutuamente, es una buena manera de decirlo.

San Juan Pablo II dijo que la ciencia nos muestra cómo funciona el mundo, mientras que nuestra fe nos dice qué significa el mundo.

El difunto rabino Jonathan Sacks también lo dijo. Pero las cuestiones que abordan la ciencia y la religión se solapan en algunas áreas, especialmente cuando se trata de la naturaleza de los seres humanos, ya que formamos parte de la naturaleza a la vez que la trascendemos.

 ¿Por qué, en muchos círculos académicos, la no existencia de Dios sigue siendo una especie de premisa para aceptar los avances científicos?

– Fuera de las matemáticas puras es difícil encontrar pruebas rigurosas. En las ciencias naturales, por ejemplo, no se habla de “demostrar” teorías, sino de encontrar pruebas confirmatorias.

En cuanto a las premisas ateas y materialistas que se encuentran en muchos círculos académicos, creo que a menudo son el resultado de prejuicios intelectuales no examinados o de ideas erróneas heredadas, aunque no en todos los casos, por supuesto.

Los intelectuales no son inmunes al “instinto de rebaño”.

La desinformación también desempeña algún papel. Por ejemplo, la idea de que la religión ha estado perpetuamente “en guerra” con la ciencia ha sido muy perjudicial para la credibilidad de la religión. Pero los historiadores contemporáneos de la ciencia están de acuerdo en que esta “tesis del conflicto” es un mito generado en gran medida por las polémicas de finales del siglo XIX.

A pesar de todo, hay muchos académicos que son religiosos o sienten respeto por la religión.

¿Hay interés por la ciencia en el mundo católico? ¿Nos conformamos con un conocimiento superficial?

– El mundo católico es un lugar amplio y diverso. Pero, en general, los católicos sienten un gran respeto por la ciencia. Viajando y dando muchas charlas a públicos católicos de diversa índole, he encontrado un gran interés por lo que la ciencia ha descubierto y un fuerte deseo de entenderlo mejor. Mucho de lo que se presenta a la gente sobre la ciencia en los medios de comunicación populares -incluso algunos medios de divulgación científica- es superficial, o chapucero, o confuso, o exagerado. Me parece que los católicos y otras personas quieren saber cuál es la verdadera historia.

¿Tenemos los creyentes a veces miedo de que la ciencia nos “robe la fe”? 

– Sí, es un temor muy extendido, pero totalmente injustificado. A la gente se le ha enseñado que los grandes avances de la ciencia generalmente han derrocado ideas que antes se consideraban “intuitivamente obvias”, “evidentes” y cuestiones de “sentido común” y han demostrado que eran ingenuas. Pensemos, por ejemplo, en las ideas revolucionarias de Copérnico, Darwin, Einstein y los fundadores de la mecánica cuántica.

En consecuencia, muchas personas viven con el temor de que la ciencia pueda, en cualquier momento, hacer algún gran descubrimiento que demuestre que nuestras convicciones más profundas y nuestras ideas más preciadas son igualmente ingenuas).

Hubo un titular de periódico en EE.UU. no hace mucho que decía que un experimento cuántico había demostrado que “no existe una realidad objetiva”. (Cuando la gente se enteró de que se había descubierto algo llamado “la partícula de Dios”, imaginaron que se suponía que hacía las cosas que tradicionalmente se había pensado que hacía Dios.

En realidad, la partícula de Higgs no es más parecida a Dios que los electrones o los protones, y los físicos se ríen del término “partícula de Dios” y nunca lo utilizan.

Tal vez los creyentes se pondrían menos nerviosos si comprendieran que algunos de los grandes avances de la ciencia moderna han apoyado en realidad ciertas nociones tradicionales que se habían visto amenazadas por una ciencia anterior.

Por poner sólo un ejemplo, antes del siglo XX parecía que la física había demostrado que las leyes de la física eran “deterministas”, lo que se consideraba que derrocaba la idea del libre albedrío; pero en el siglo XX el “determinismo físico” fue derrocado a su vez por la mecánica cuántica.

Analizo éste y otros cuatro ejemplos en mi libro de 2003 “Física moderna y fe antigua”.

La ciencia sigue un camino sinuoso, pero los católicos tienen motivos para confiar en que, a la larga, no se alejará de Dios, que creó el mundo que estudia la ciencia.

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