Ecología integral

El medio rural revive tras la pandemia: el arte de repoblar

Los templos de la España rural tañeron sus campanas hace poco más de un año, junto a las manifestaciones por la despoblación y el abandono rural. En marzo, se oyó de nuevo el repique. Hoy, la pandemia se transforma en vida, y los pueblos reviven poco a poco.

Rafael Miner·22 de mayo de 2021·Tiempo de lectura: 6 minutos
españa rural
Foto: Alan Angelats /Unsplash

El objetivo era hacer visible el problema de la España vaciada, maltratada por la despoblación y el abandono. Y en plena Semana Santa, numerosos templos de localidades aragonesas, extremeñas y castellanas hicieron repicar sus campanas a finales de marzo para visibilizar la “España vaciada”, informó este portal.

Sin embargo, el ambiente ha cambiado en estas semanas en torno al 15 de mayo, fiesta de san Isidro, patrón del mundo rural y de los agricultores, y no sólo de Madrid. Los indicadores lo mostraron desde finales del año pasado, y ya se percibía en los primeros meses de este año.

Los pueblos han comenzado a crecer, poco a poco, en buena parte debido a la pandemia del Covid-19, al teletrabajo y a la necesidad de espacios ventilados y abiertos, señalan agentes del sector. Así, podría afirmarse que miles de los denominados “urbanitas”, personas de ciudad, han comenzado su particular éxodo a los pueblos, por ejemplo, en tierras madrileñas y castellanas, y también en otros lugares, por ejemplo en Álava.

Transformar el virus en vida

“Nuestros pueblos, más vivos que nunca tras la pandemia”. Así comenzaba la nota hecha pública hace unas fechas, en el Día del Mundo Rural 2021, por la diócesis de Vitoria, cuyo obispo es Mons. Juan Carlos Elizalde, presidente además de la subcomisión episcopal de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española (CEE). El delegado de Cáritas es Javier Querejazu, y la directora, Maite Sebal.

Los emisores de la nota han sido “las entidades que trabajamos en el medio rural alavés ACOA-AKE (Asociación de Concejos de Álava), Cáritas, Cristianos Rurales de Álava y UAGA (Unión Agroganadera de Alava)”, quienes subrayan que “a pesar de todo, esta crisis nos ha enseñado a valorar nuestra vida”. Y señalan cuatro aspectos:

“Sufriendo aún las consecuencias de la Covid-19”, “pensamos que aunque el virus ha tenido consecuencias graves, hemos aprendido de esta situación y queremos transformar el virus en vida”, porque:

“- Somos conscientes de la necesidad de valorar todo lo que tenemos a nivel personal y colectivo, saborear las ventajas de vivir en un entorno rural, de seguir poniendo en práctica las relaciones de vecindad.

– Debemos tomar la iniciativa y poner el foco en lo importante: crear redes, pasar de lo individual al poder del colectivo.

– Hemos demostrado nuestras capacidades y nuestra aportación a la sociedad. Como vecinos y vecinas, hemos acompañado en el duelo por todas las pérdidas de este año.

– Seguimos apostando por la vida rural, por la agricultura y la ganadería como forma de vida, porque la producción de alimentos es esencial para nuestra sociedad. Hemos afrontado los retos y seguimos mirando hacia adelante con optimismo”.

Creatividad en el ámbito rural

Este comunicado, y otros similares en los que han intervenido diversas diócesis, puede enmarcarse en el contexto del discurso del cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona y presidente de la CEE, en la inauguración de la Asamblea Plenaria de los obispos españoles en abril:

“En España existe un creciente y grave problema que se llama ‘desigualdad social’. Este es un reto que tenemos que abordar para asegurar la dignidad de todos y la necesaria justicia social que es siempre garantía de paz social”, afirmó el cardenal Omella.

Poco después, tras referirse a que “el Papa nos urge a promover una ecología integral al servicio del bien común y de las personas”, ahondó en la necesidad de “la creatividad” en este ámbito de la ecología integral y “de la promoción de una economía más humana”, que “podrían ayudar a hacer frente a la despoblación rural, al envejecimiento de la población, la dispersión y la emigración a la ciudad que afecta al medio rural”.

Luego, se ciñó al ámbito eclesial y al campo: “En España casi la mitad de las parroquias son rurales, lo cual demuestra la presencia histórica de la Iglesia en toda la geografía española y el rico patrimonio cultural que ha generado. Sin embargo, paradójicamente, actualmente es un reto importante mantener esas parroquias vivas y activas, y organizar la atención pastoral”.

Mayor demanda

En efecto, la creatividad a la que se refería el cardenal se muestra en iniciativas en estudio en diversas diócesis españolas, y también entre los emprendedores y el sector empresarial.

Hace unas semanas, dos reporteras de Comando Actualidad, de RTVE, hablaban de pueblos que reviven. Silvia Pérez y Silvia Sánchez se referían a la fórmula de las tres aes: angustia, agobio y aburrimiento pandémico, aumentado con ello el interés por vivir en el campo hasta en un 30 por ciento durante la crisis sanitaria”. Incluso apuntaban que además de ver crecer su población, habían experimentado el milagro de reabrir su escuela.

Por las mismas fechas, El Mundo informó que “el Covid dispara el éxodo a los pueblos: más de 70 municipios madrileños han aumentado su población en una media de cien habitantes a lo largo de 2020. Telemadrid, por su parte, emitía un reportaje hablando de que “vivir en los pueblos madrileños cotiza al alza”, y “el aumento de la demanda provoca una subida de precios del alquiler de hasta el 30 por ciento en algunos pueblos madrileños, un cambio en busca de más tranquilidad y calidad de vida después del larga confinamiento de la primavera de 2020”.

La cadena autonómica madrileña aportaba otros datos. “69 de los 78 municipios de la Comunidad de menos de 2.500 habitantes han visto incrementada su población en torno a un 10 ó 15 %. Pero no son los únicos. Muchos municipios con poblaciones hasta los 10.000 habitantes, incluso más, también están experimentado este crecimiento. Cercedilla, por ejemplo, ha pasado a tener 500 vecinos empadronados más en tres meses”.

Revitalización

Por otra parte, los movimientos rurales cristianos han expuesto estos días en la cadena Cope diversas ventajas e inconvenientes de vivir en el campo durante la pandemia.

“La huida de muchas familias al medio rural como refugio frente al virus del Covid, ha revitalizado muchos pueblos que estaban prácticamente deshabitados. Además, las restricciones han sido algo más flexibles, gracias a los grandes espacios al aire libre que posibilita el campo”, señala Aleluya.

Para celebrar el 15 de abril, el Movimiento Rural Cristiano y el Movimiento de Jóvenes Cristianos han difundido algunos videos, donde dan a conocer las ventajas y los problemas de convivir en los pequeños pueblos. Entre los aspectos positivos, los habitantes del medio rural destacan “una mejor calidad respecto a la vida de ciudad” y “restricciones más flexibles”; y entre las desventajas, los recortes en determinados servicios esenciales, como consultas médicas por teléfono, y la llegada de personas “que no tienen alma rural y no viven quizá los valores de la convivencia, la cercanía, valorar lo pequeño, la historia y las costumbres rurales, etc.

Importancia de la repoblación

La cuestión ahora puede ser: ¿es fácil este éxodo a los pueblos, arraigarse en el medio rural después de años en la ciudad? Omnes se ha puesto en contacto con Enrique Martínez Pomar, CEO de Proyecto Arraigo “un puente que une mundo urbano y mundo rural”, al que define como “un proyecto de innovación social privado, sostenible y escalable, pionera en servicios poblacionales para una repoblación rural sostenible”.

El territorio en el que trabaja con su asesoramiento Proyecto Arraigo son cuatro CCAA (Castilla y León, Aragón, C. Madrid y Andalucía), seis provincias y numerosos pueblos. Por ejemplo, están en la Sierra Norte de Madrid, la comarca de Cinco Villas en Zaragoza; tres poblaciones de Palencia (Dueñas, Paredes de Nava y Cervera de Pisuerga), que ahora ampliarán a los pueblos menores de 500 habitantes; el municipio de Belorado en Burgos; y 45 municipios de Soria, donde comenzó su proyecto.

“’El arte de repoblar’ precisa de la implicación de muchos agentes de dentro, y también de fuera del municipio”, explica Enrique Martínez Pomar, “El grado de implicación de los ayuntamientos, la calidad y compromiso de los profesionales técnicos o los recursos disponibles para el desarrollo del proyecto, son los factores que determinan, en gran medida, el ritmo en el proceso de repoblación”, añade.

Porque “nuestra misión consiste en acompañar y asesorar, por un lado, a personas y emprendedores que buscan ese cambio, y, por otro, a ayuntamientos y otras entidades rurales en su estrategia de desarrollo atrayendo a nuevos pobladores y apoyando el bienestar de su pueblo o comarca. El resultado de esta unión es la creación de nuevas oportunidades y el desarrollo sostenible de los pueblos”, señala el CEO de Proyecto Arraigo, una compañía que tiene ya en sus bases de datos interconectadas a “más de 4.000 registros de personas interesadas por un cambio de vida al mundo rural”.

Arraigar urbanitas en el mundo rural

Martínez Pomar subraya que “arraigar a una familia en el mundo rural es la punta del iceberg, hay mucho trabajo hasta conseguirlo”. “El arraigo de urbanitas en el mundo rural y dar vida a los pueblos”, así sintetiza el directivo su tarea en el medio rural, un mundo en el que opera también la Iglesia. El directivo de Proyecto Arraigo señala que el año pasado se produjo un encuentro en la sierra Norte de Madrid con el cardenal arzobispo Carlos Osoro, interesado en el problema de la despoblación y en el envejecimiento de pueblos de la sierra. Un encuentro en el que participó también el vicario de la zona I, Juan Carlos Vera, y Alejandro, sacerdote que atiende varios pueblos, como Montejo, Horcajuelo, Serrada y Paredes, entre otros.

Algunos sacerdotes que atienden parroquias rurales de numerosas diócesis han contado en alguna ocasión sus experiencias en Omnes. El pasado día 15, la agencia SIC difundió el artículo titulado El sacerdocio en el mundo rural, con el testimonio de Francisco Buitrago (Paco), sacerdote que tiene encomendados seis municipios de Alba de Tormes en la diócesis de Salamanca.

Francisco Buitrago valora mucho estar con la gente, “la presencia, aparte de llevarles la Eucaristía y la Palabra de Dios en la misa dominical, y entre semana también, que suelo hacerme presente por las tardes, cada día una vez a la semana en cada pueblo, donde celebramos la Eucaristía”. El sacerdote lamentaba que con la pandemia no podía estar más a menudo, “y se puede hacer menos, pero visito a los enfermos o a los más mayores”.

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