Ecología integral

Desplazados por la crisis climática: ¡los católicos están llamados a “ver”!

Se presentan las Orientaciones Pastorales para orientar la actuación ante la crisis climática que afecta a derechos humanos fundamentales, especialmente de los más pobres y vulnerables.

Giovanni Tridente·5 de abril de 2021·Tiempo de lectura: 4 minutos
orientaciones clima
Foto: ©2021 Catholic News Service / U.S. Conference of Catholic Bishops.

“Es evidente la conexión entre la fragilidad ambiental, la inseguridad alimentaria y los movimientos migratorios”. Fue el Papa Francisco quien dio la voz de alarma en un discurso ante la FAO en 2019, en relación a la crisis climática que afecta desde hace tiempo a los derechos humanos fundamentales (la vida, el agua, la alimentación, la vivienda y la salud) especialmente de los más pobres y vulnerables.

Se trata de una cuestión de calado moral, que no puede dejar indiferente a la Iglesia, que también se ha preguntado por las consecuencias pastorales de esta situación. Este es el objetivo con el que han nacido las Orientaciones Pastorales sobre el Desplazamiento Climático, presentadas en los últimos días en una rueda de prensa en el Vaticano y elaboradas por la Sección Migrantes y Refugiados – Sector Ecología Integral, del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.

51 millones de personas desplazadas en el mundo

Según los datos disponibles, más de 33 millones de personas se encontraron desplazadas solo durante 2019, lo que supone un total de casi 51 millones de desplazados en todo el mundo; 25 de ellos se deben a catástrofes naturales (inundaciones, tormentas, sequías, incendios, desertificación, agotamiento de los recursos naturales, escasez de agua, aumento de las temperaturas y del nivel del mar).

En muchos casos, la crisis climática es también un factor de conflictos y guerras, por lo que las amenazas suelen multiplicarse, y siempre son principalmente los más débiles los que sufren.

Las proyecciones para el futuro no son nada alentadoras. Según un informe del Banco Mundial, se calcula que en 2050 alrededor del 3% de la población mundial podría verse obligada a emigrar dentro de sus propios países debido al cambio climático. Esto afectaría sobre todo al África subsahariana, al sur de Asia y a América Latina.

Acompañamiento y sensibilización

Ante este “panorama”, la Iglesia se propone, por un lado, seguir asistiendo y acompañando a las personas, pero también sensibilizarlas hacia la adopción de aquellas políticas económicas sostenibles que prefieran “soluciones basadas en la naturaleza” que permitan reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, causa del aumento de la temperatura media de la Tierra y, por tanto, base de las “alteraciones en los sistemas humanos y naturales”.

Por ello, las Orientaciones Pastorales sobre los Desplazados Climáticos pretenden, en primer lugar, sensibilizar sobre el fenómeno, tratando de superar la “ceguera” generalizada que, en muchos casos, es también una muestra de indiferencia y egoísmo, por no hablar de “la negación intencionada de la realidad para proteger intereses creados”. La respuesta en este caso es intentar superar la “falsa polarización entre el cuidado de la creación, por un lado, y el desarrollo y la economía, por el otro”.

Alternativas al desplazamiento

Otro aspecto que debe abordarse, según las Directrices, es ofrecer alternativas al desplazamiento. Pero esto depende de los gobiernos, los dirigentes y las instituciones encargadas de los intereses de las poblaciones, mostrándoles que hay soluciones “creativas y sostenibles para aliviar el sufrimiento y alternativas al trauma del desplazamiento”.

Proporcionar información válida y certificada

Sin embargo, cuando el desplazamiento es inevitable, es bueno que la gente no caiga en “una aceptación fatalista de un viaje sin esperanza”. La Iglesia, por su parte, está llamada en este caso a proporcionar “información correcta y fiable” y a poner a los próximos desplazados en contacto con organizaciones y agencias internacionales que puedan proporcionarles apoyo, colaboración y redes de solidaridad.

Formación y sensibilización de los anfitriones

En cuanto a las sociedades de acogida, hay que implicarlas y animarlas para que estén “dispuestas y deseosas de extender su solidaridad a los desplazados climáticos”. En este sentido, también hay que abordar el miedo, la indiferencia y los riesgos de xenofobia que puedan existir en la comunidad de acogida, por ejemplo, centrándose en la formación y a través de campañas de sensibilización, organizando viviendas seguras, proporcionando asistencia social y jurídica e invirtiendo en proyectos que creen puestos de trabajo y pequeñas empresas, para una verdadera inclusión.

El documento de la Santa Sede considera que también es útil involucrar a estas personas vulnerables en los procesos de toma de decisiones de los Estados, para que no sean “invisibles” y puedan disfrutar de una asistencia humanitaria completa, además de participar en las políticas y programas de reubicación y reasentamiento.

Integración pastoral

Desde el punto de vista pastoral, esto requiere ser consciente de tener que responder a las diferentes necesidades, tanto de los creyentes católicos como de los que pertenecen a otras religiones. Por ello, los programas pastorales deben integrar “la asistencia humanitaria, la educación para la reconciliación, la protección efectiva de los derechos y la dignidad, la oración y la liturgia, así como el apoyo espiritual y psicológico”, indican las Orientaciones.

Promoción de la investigación académica

Finalmente, las indicaciones del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral señalan el deseo de una mayor cooperación en la planificación y acción estratégica en colaboración con diversas organizaciones, tanto a nivel nacional como regional; la promoción de la formación profesional en ecología integral; y la promoción de la investigación académica, especialmente en las Universidades Pontificias, sobre la crisis climática y los desplazamientos.

En el Prefacio del Documento, el Papa Francisco espera que todos puedan “ver” la tragedia del desarraigo prolongado de millones de personas y preocuparse por ello, actuando colectivamente. En efecto, al igual que en la crisis pandémica que estamos viviendo, no saldremos de ella “encerrándonos en el individualismo”, sino “mediante el encuentro, el diálogo y la colaboración”.

Consciente de que incluso en este ámbito hay una gran necesidad de hacer cosas, y de hacerlas juntos.

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