Vocaciones

Card. Aquilino Bocos: «Casi todas las crisis son crisis de relación humana, cristiana, eclesial o carismática»

Entrevista al Cardenal Aquilino Bocos Merino, cmf. Iniciador, organizador y editor de las Semanas Nacionales de Vida Religiosa con motivo de la LI edición de estas jornadas.

Maria José Atienza·13 de abril de 2022·Tiempo de lectura: 6 minutos
Aquilino Bocos

En pocos días dará comienzo la LI edición de la Semana Nacional de Vida Consagrada. Un encuentro que reunirá a religiosos y religiosas de muy diversos carismas. La relación, un tema amplio, será el eje de esta edición que presenta el tema como una clave fundamental para expresar la identidad cristiana y la de la vida consagrada en las actuales circunstancias.

Esta Semana de la Vida Consagrada es una de las referencias del Instituto teológico de Vida Religiosa, un centro superior de investigación y docencia, fundado por lo Misioneros Claretianos en 1971. En esa fundación tendría un papel fundamental el Cardenal Aquilino Bocos, cmf.

Iniciador, organizador y editor de las Semanas Nacionales de Vida Religiosa, este claretiano oriundo de Esgueva, ha concedido una entrevista a Omnes en la que destaca que «la secularización no se cura huyendo sino afrontando con discernimiento y responsabilidad los desafíos».

Usted inició, hace 51 años, las Semanas de Vida Consagrada. A medio siglo vista, ¿qué balance hace de estas Semanas?

– En octubre de 1971 se inauguraba en Madrid el Instituto Teológico de Vida Religiosa y se produjo el relevo en la dirección de la revista “Vida Religiosa”. Como miembro del equipo del Instituto y como nuevo director de la revista presenté a la Comunidad responsable de estas obras la iniciativa de realizar una Semana Nacional de reflexión para los Institutos de vida religiosa. Fue muy bien acogida y, al proponerla a la CONFER y a un buen grupo de Institutos, recibimos la grata sorpresa de su total adhesión. La segunda sorpresa fue que, al iniciar la Semana, nos vimos desbordados pues se nos presentaron muchísimas más personas de las previstas.

Se han celebrado ya 50 Semanas y, excepto la del año 2020, que la impidió la covid-19, se ha mantenido numeroso el grupo de participantes. En todas ellas hemos podido percibir el gozo pascual, la fraternidad y la esperanza. La satisfacción de los participantes ha servido de estímulo para preparar cada siguiente Semana.

Además del gran número de asistentes, ha llamado la atención la pertenencia a tantas formas de vida consagrada, la diversidad de las edades y las múltiples procedencias geográficas. Hubo Semanas en las que participaron religiosas y religiosos de más de 50 naciones.

Creo que fue un acierto celebrarlas y difundir sus reflexiones en Publicaciones Claretianas, pues han servido para extender las inquietudes y esperanzas expresadas y para alumbrar nuevos caminos de vida y servicio a la Iglesia.

A lo largo de estos años las Semanas han experimentado el gozo de la presencia de Prefectos y Secretarios de la Congregación de Institutos de Vida Consagrada, del Sr. Nuncio, de los Presidentes de la Comision Episcopal de Vida Consagrada, de los Presidentes de CONFER, etc. y de numerosos pastores de nuestras iglesias locales. También es una satisfacción recibir muestras de gratitud de quienes han desarrollado algún tema. Se han sentido muy a gusto entre los participantes.

¿Cómo animan e impulsan estas Semanas la formación y la acción de los diferentes carismas de vida consagrada en la sociedad?

– Recuerdo una anécdota de los primeros años. Un gran teólogo me sugirió, a partir de la experiencia de la primera semana, que no le parecía oportuno congregar masivamente a tantas personas consagradas porque la sensibilidad de aquellos años era compartir en grupos pequeños. A los pocos años participó de nuevo y me pidió que no dejáramos de organizar estas Semanas porque estaban dando mucho aliento y esperanza a los institutos de vida consagrada.

Dicho esto, hay que resaltar que, al organizar la Semana, lo más importante es acertar con el título de la misma. Suele hacerse después de mucha consulta, intercambio, discernimiento. Viene a coincidir con algún tema que necesita ser discernido y reflexionado a la luz de la Palabra de Dios y el Magisterio de la Iglesia, y que afecta a los núcleos principales de la vida consagrada en la Iglesia y en la sociedad.

El título de la Semana, teniendo en cuenta los desafíos eclesiales y sociales, ilumina aspectos nucleares de la vida consagrada: vocaciones, espiritualidad, fraternidad, misión, formación y gobierno. No es sobreañadida, sino connatural, la constante referencia a la dimensión profética y al compromiso por los más desfavorecidos. De ahí que se intente impulsar una vida consagrada de proximidad y espíritu samaritano.

El intento, y parece que se logra, es que la Semana tenga una proyección en las Comunidades o Grupos de vida y apostolado. La proyección de la Semana en el extranjero es también encomiable. Por eso se publican las conferencias, que suelen ser objeto de reflexión, formación e intercambio. Frecuentemente, los profesores o ponentes en las Semanas han sido invitados a capítulos, asambleas o sesiones de formación permanente en distintos países.

En los primeros años, las Confers regionales se hacían eco de la Semana Nacional y se repetían en algunas ciudades las conferencias claves de la misma.

La semana de este año se centra en un tema complejo: la relación. El Papa nos anima mucho a vivir «mirando al otro». ¿Cómo se traduce esto en la vida religiosa?

– El tema de la 51 Semana es amplio, pero es profundo y comprometido. Casi todas las crisis son crisis de relación humana, cristiana, eclesial o carismática. Afrontar la relación es tomarse en serio los orígenes, la trayectoria y la plenitud de la vida en todos los ámbitos aludidos.

Nos movemos en una cultura relacional y un exponente vivísimo es el magisterio de nuestro Papa Francisco. Basta leer sus discursos, encíclicas y exhortaciones para ver su insistencia en el otro como hermano, como prójimo, como condiscípulo y como miembro de la comunidad evangelizadora. Todo cuanto indica sobre la Iglesia en salida e Iglesia samaritana, todo cuanto ha insistido en la fraternidad, revela una pasión por el hombre, por la convivencia, por la solidaridad, por la paz. No deja de apostar por el diálogo y el encuentro. Es evidente que el tema es nuclear para entender y vivir la sinodalidad en el Pueblo de Dios.

¿Existe, aún hoy, el peligro de cerrarnos en nuestra propia comunidad o entorno más o menos favorable como respuesta a un miedo a la secularización exterior?

– Hay algunos grupos que buscan el refugio de la comunidad cerrada. Pero no es lo común. El riesgo más grande es la dispersión y la disgregación. La secularización hay que afrontarla desde un testimonio serio en el pensar y en el actuar. Y en este actuar incluyo, como no podía ser de otro modo, la oración, la meditación de la palabra de Dios, la solidaridad con los más pobres y marginados. La secularización no se cura huyendo sino afrontando con discernimiento y responsabilidad los desafíos que nos llegan del pensamiento complejo que nos envuelve y de la vida líquida que nos impide hacer pie.

La secularización hay que afrontarla desde un testimonio serio en el pensar y en el actuar.

Card. Aquilino Bocos. Fundador Semana Vida Consagrada

También hoy, como decía el cardenal Suenens, “No es hora del miedo y de la soledad. No es el tiempo de la dispersión. No es el momento de vivir en solitario…Es la hora de la comunión”. Hemos de esforzarnos por vencer la secularización, la globalización y las falsas informaciones de las redes digitales con la pasión por la verdad, la misericordia y la fraternidad.

La Iglesia se halla inmersa en un camino sinodal especialmente orientado a la relación: hablar, escuchar a los demás, también a los de fuera ¿Cree que este espíritu sinodal está calando en la Iglesia de manera efectiva? ¿Cómo vive la Vida Consagrada hoy este reto sinodal?

– Sinodalidad es “caminar juntos”. Esta expresión hace referencia a los primeros discípulos del camino de Jesús y es la condición de quienes queremos seguir a Jesús Camino, Verdad y Vida. Quiere decir que la sinodalidad es algo más que la organización de reuniones internas de la Iglesia. El hecho de que el Papa haya convocado un Sínodo sobre la sinodalidad ha despertado un gran interés y desarrollado una amplia reflexión sobre nuestro estilo de vida y nuestro modo de celebrar y evangelizar. La Iglesia es Misterio, es comunión y es misión. Y, si queremos ser coherentes con nuestra participación en ella, hemos de ser adoradores, vivir con intensidad la fraternidad y desvivirnos por anunciar con alegría el Evangelio del Reino.

La sinodalidad está en marcha. ¿Qué es lo que la frena? La ruptura de las relaciones ante Dios, ante los otros y ante la naturaleza.

Card. Aquilino Bocos, cmf. Fundador Semana Vida Consagrada

La sinodalidad no es una pauta teórica, es un camino que recorrer conjugando, entre otros, estos verbos: mirar, acoger, convivir, agradecer, amar, incluir e integrar, escuchar, dialogar, perdonar, orar juntos, confiar, ayudarnos y comprometernos. Estos verbos suponen relaciones personales de los miembros de la familia de Dios en camino.

La sinodalidad está en marcha. ¿Qué es lo que la frena? La ruptura de las relaciones ante Dios, ante los otros y ante la naturaleza. Las empobrece la indiferencia, la apatía, la obviedad. Por eso, la sinodalidad implica una constante conversión a la persona de Jesús y a su Iglesia, que es su Cuerpo.

La Vida Consagrada está llamada a ejercer su servicio de testimonio profético en el camino sinodal que lleva la Iglesia a través de su consagración, vida fraterna y misión evangelizadora según el carisma del propio Instituto. Esta 51 Semana Nacional está, precisamente, orientada a vivir con nueva conciencia y responsabilidad este “caminar juntos” con los Pastores, con los sacerdotes y con los laicos.

Las relaciones intraeclesiales han mejorado mucho en estos años postconciliares, pero hemos de cualificarlas desde la docilidad al Espíritu y afrontando las necesidades de quienes más necesitan nuestra proximidad y servicio samaritano

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