Educación

¿Cambiaría la clase de Religión si se basa en las competencias?

Dependiendo de la aplicación de uno u otro modelo pedagógico, esto afectaría al enfoque del propio currículo de la Religión.

Javier Segura·29 de marzo de 2021·Tiempo de lectura: 3 minutos
clase religión
Foto: Priscila Du Preez / Unsplash

Estos días la educación ha vuelto a estar en el centro de las noticias. El motivo es que se ha propuesto el modelo de nuevo currículo en el marco de la ley educativa LOMLOE. Hemos podido leer en la prensa que el Gobierno planea un vuelco a la educación para que no sea memorística o y que el eje central de la educación sea el proceso de aprendizaje por competencias. También se está hablando en los medios de comunicación de cómo la ministra Celaá quiere  impulsar en el sistema educativo el modelo de ámbitos de aprendizaje, rompiendo de alguna manera el concepto de asignatura. Y con estos otros muchos temas y debates propios del ámbito educativo están ocupando las páginas de los periódicos como la codocencia, los proyectos de aprendizaje-servicio y otros tantos.

Todo ello afectará a la enseñanza de la Religión en la escuela. No puede ser de otra manera, ya que se inserta en el ámbito escolar plenamente. ¿Qué repercusiones puede tener este nuevo modelo? ¿En qué cambiaría la enseñanza religiosa escolar si se basa en las competencias o si se propone dentro de un ámbito de aprendizaje y no como asignatura?

Desde luego que habría consecuencias de tipo organizativo, laboral o de enfoque del propio currículo de la Religión, dependiendo de la forma en la que se apliquen esos modelos pedagógicos.

La utilización de nuestra memoria, no solo en el aprendizaje sino en la vida en general, es un aspecto lleno de matices que merece la pena una reflexión mucho más amplia.

Javier Segura

Me gustaría analizar el que quizás sea el planteamiento más medular de la nueva ley, que es el aprendizaje por competencias. En distintos medios de comunicación se ha presentado como contrario un  aprendizaje contrapuesto al memorístico. De entrada habría que señalar que esa dialéctica es totalmente falsa. No se contraponen, sino que deben potenciarse mutuamente. Y en cualquier caso, el tema de la utilización de nuestra memoria, no solo en el aprendizaje sino en la vida en general, es un aspecto lleno de matices que merece la pena una reflexión mucho más amplia.

¿En qué consiste el aprendizaje por competencias? La idea central es que es un aprendizaje en el que el niño debe ser capaz de aplicar a la vida esos contenidos que aprende en el aula, de forma que lleguen a ser transformadoras de su propia persona. Pasar de los simples contenidos abstractos y desconectados de la vida, a un aprendizaje en el que el alumno sea capaz de aplicarlos a su cotidianeidad de manera natural. La unión europea propone ocho competencias clave para todo el sistema educativo, pero la propia dinámica de aprendizaje competencial es el modelo a seguir en las distintas asignaturas.

Dos conclusiones se desprenden de este planteamiento. La primera es que es necesario tener una serie de conocimientos si se han de aplicar a la vida. Los contenidos intelectuales y su memorización no sólo no son contrarios al aprendizaje sino que son necesarios. La segunda conclusión es que el aprendizaje por competencias es otra forma de referirnos a esa educación para la vida que, desde la asignatura de Religión, hemos tenido siempre como objetivo. Un aprendizaje que no se quede solo en los conceptos sino que se lleve al día a día, que transforme nuestra forma de estar en el mundo. Que nos lleve a comprender el mundo y a interactuar con él con la mirada y los criterios de Jesús de Nazaret.

La asignatura de Religión ha tenido siempre como objetivo la educación para la vida

Javier Segura

Este planteamiento, en realidad, no es novedoso. Ha sido la clave que han utilizado los grandes educadores cristianos a lo largo de la historia. Siempre se ha hablado de la necesidad de formar la inteligencia, pero también de educar el corazón y los afectos. Y así tener en cuenta la totalidad de la persona, también de su esquema de valores y cómo los aplica en su vida ordinaria.

La LOMLOE con su propuesta de aprendizaje competencial nos ofrece en este aspecto un respaldo pedagógico y legal para una educación integral en la que propongamos sin miedo y de forma renovada la formación integral de la persona desde el humanismo cristiano y su interacción en la sociedad acorde a la visión que parte del evangelio.

Un auténtico reto. Una verdadera oportunidad.

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