En su último truco de manos informativo, el programa Equipo de Investigación de La Sexta ha dejado una imagen pensada para generar confusión, si no para dañar abiertamente: la de cierto falso obispo, nuevo padrino espiritual de las monjas de Belorado, lanzando sus soflamas entre pinturas de Kiko Argüello. Con ello, y sin necesidad de que se diga abiertamente, la sombra de la sospecha ya cae sobre el Camino Neocatecumenal. ¿Estará detrás de este personaje? ¿No habrá algo de sedevacantismo entre los hermanos del Camino? Cediendo su imagen, ¿no estarán dando apoyo implícito al delirio cismático de estas hermanas? Preguntas cuya respuesta no nos corresponde pero que, sin duda, se estarán haciendo hoy todos los que vieron el programa.
El Camino Neocatecumenal dentro de la Iglesia
Conviene, eso sí, recordar que la verdad no siempre cabe en un encuadre televisivo. El Camino Neocatecumenal, guste más o menos, es una realidad plenamente reconocida por la Iglesia. Su adhesión al Papa no es cuestión de pose o conveniencia, sino de estatuto aprobado por la Santa Sede. Se podrá debatir sobre su estilo, sobre su método o su iconografía, pero nunca sobre su comunión con Roma.
El Camino habrá tenido tensiones de todo tipo dentro de la Iglesia, pero siempre, siempre, dentro de la Iglesia; y a la postre no son más que las peleíllas que puedan tener los distintos hermanos de una misma familia, cada uno con sus formas propias, cuando viven bajo el techo de su madre. Y esa madre es, y sigue siendo, la Iglesia de Roma.
Unión al Papa en la era de la imagen
Uno ya sabe que vive en plena era de la imagen, en la dictadura de la diversión a toda costa y en una sociedad con hambre de espectáculo constante, se asume y se bandea como se puede, pero no por ello debe aceptar que se sacrifiquen, una y otra vez, la verdad y el rigor sobre el altar del entretenimiento. Porque el morbo provocado por una imagen dura cinco minutos, pero el fantasma de la sospecha, una vez arrojado sobre el Camino y sus responsables, tarda mucho más en irse.
Así y con todo, y por más que se intente manchar su nombre, siga el Camino haciendo lo suyo, que es evangelizar, catequizar, servir. Mientras otros especulan, sigan sus comunidades reuniéndose, celebrando la Palabra, mostrando al mundo “cómo se aman” los hermanos. Sigan, ante todo, en comunión plena y sin fisuras con el Papa, por más que le hagan la guerra cadenas televisivas o sitios web dedicados al desprestigio, “cruces santas” con tan mala prosa que sí, algo de “cruz” tienen, pero muy poco de “santas”. Sigan así para demostrar que, por mucho que se intente, no se pueden apagar cinco décadas de fidelidad al sucesor de Pedro con la misma facilidad con que se enciende un foco de televisión.